El odio y la muerte

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Bajaron agrestes los rayos solares, secaron las yerbas, calentó asfaltos. Brillaron sobre el vidrio de una botella olvidada en las laderas del Pichincha. Horas más tarde el cielo se teñía de humo. Los rayos se opacaron bajo ese negruzco y amarillo que devoraba extensiones vastas de páramos. Una familia de conejos fue calcinada en su madriguera y pajaritos perecieron bajo el humo y el fuego. No habría funeral para ellos

Un hombre fue encontrado entre las llamas. No fueron vidrios los que causaron el incendio. Aquel hombre se inmoló con gasolina. Una carta mojada y dirigida a una tal Valeria fue hallada dentro de una lata a pocos metros del suicida.

“Verás mi sangre elevarse al cielo. El sol latirá por nosotros”.



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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