El odio y la muerte

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Sonó su celular.

—Aló

—Cómo le va, Andrés. Soy el detective. Necesito reunirme con usted hoy en la tarde.

Andrés dejó su escritorio a las seis de la tarde. Se despidió de algunos de sus compañeros con total indiferencia y fue al lugar donde el detective le indicó. Un local de fritadas. Mesas grasientas, radio en alto volumen con bachatas.

Andrés pidió una fritada mientras esperaba al detective. Llapingachos con mote y choclo remojado en cebolla y trozos de cerdo fritas. Comió con gozo. Esperó otros quince minutos. Bebió una soda. Se levantó. Pagó y salió del local. El detective no llamó siquiera a disculparse. Volvía a llover. Un rayo cayó de lejos. Un estruendo lo secundó. Aguacero, pensó torciendo su boca en una mueca de desagrado. Tomó un cigarro. Fumó y esperó que amainare la lluvia. Las farolas se encendieron. El tráfico de la calle que él miraba a penas avanzaba. De lejos aparecía una figura conocida. Llegó el mamaverga, dijo Andrés. Fumó de nuevo y saludó.

—Debe disculparme por la demora. Tuve un contratiempo.

—No se excuse. ¿Para qué me hizo venir?

—Creí que esto debía decírselo personalmente. Han decidido archivar el caso. No tiene fundamento según mis superiores.

—¿Y según usted?

—Estoy convencido que hay alguien tras todos estos asesinatos.

—¿Se han producido más?

—¿Es que no ve usted las noticias o compra el periódico?

—No hago caso a los medios de comunicación. Todos mienten —Hubo un corto silencio—. ¿Dejará entonces el caso?

puedo hacer otra cosa.

Andrés sacó otro tabaco de su chaqueta. Convidó uno al detective. Los prendieron.

—Usted es un hijo de puta, detective, debe saberlo. Me tuvo esperando mucho tiempo bajo la promesa de que algún día vería el rostro del asesino de mi mujer y hoy me dice que lo dejará todo.

—No tiene que ponerse así. No le he dicho todo. Mire, no se me permite seguir el caso, pero creo que usted ahora tiene más tiempo que yo para el mismo. — Tomó de su maletín una funda de jalar con varios papeles dentro. Andrés la tomó en sus manos. —Es todo lo que he podido investigar. No será mucho, pero si desea puede usarlos, y ver si algo encuentra, aunque no se han hallado indicios claros del asesino. Las víctimas por lo general se asesinan. Solo usted no lo hizo.

Andrés fumó de nuevo. Asintió. Estrechó la mano del detective y se marchó de aquel lugar. La lluvia cesó en poco tiempo. Lluvia de verano.



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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