El odio y la muerte

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“Dejo estos papeles a la espera de que alguien se entere de mi sufrimiento. Mi mujer me ha engañado y ahora dice que se irá con mi hermano. Que la comprende mejor, que es más gracioso y aseado. Lo que no sabe ella es que mi hermano siempre fue un mujeriego hijo de puta. Que nunca respetó ni sintió clemencia por ninguna pelada. Que solo se la está culeando porque así él lo quiere. Porque no le presté dinero para pagar una deuda. Porque me fue mejor en la vida. Eso parece. La verdad nada de lo que uno gane en efectivo sirve si uno está solo. Quizá esta sea una oportunidad para recomenzar otra vida. Para dejar todo lo malo atrás. Como quien dice, abrir una nueva puerta porque otra se cerró”.

02/4/16 Escrito antes de suicidarse en casa.

Así son los lobos.

Escondidos.

Ovejas mentirosas,

Ojitos grandes,

Boquita jugosa,

Orejas convenientes,

Misma casta,

Raza maldita.

Colmillos traidores,

Fauces falaces.

Beso en la yugular.

Muerte inmediata.

Salvajismo.

Muerte, muerte.

02/05/2016. Hallado en un cuaderno junto al cadáver.

Convenientemente se fue de casa. El dinero. Puerco dinero que nunca lo hubo. O si hubo no fue suficiente para esto donde vivimos. No tuve nada que poner en sus manos, salvo mis manos callosas. Mis esperanzas de vida buena. De ropa buena. De casa buena. De hombre bueno. Esperanzas, nada más que esperanzas y un trabajito por aquí y otro por allá. Unas chauchitas el día a día. 5 caramelos a veinticinco centavos todas las mañanas no sirvieron. Todos los recorridos. Todas las caras indiferentes. Todas las monedas de malagana. Nada bastó. Ella se fue. Si vuelve, aquí me hallará muerto.

08/03/2016. Encontrado en los pantalones del muerto.



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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