El odio y la muerte

Tamaño de fuente: - +

24

Calle larga, sucia, adoquinada, perdida entre recodos y escondrijos como laberinto. Perros en la calle, echados, disfrutando el sol. Otros, ladrando autos. Tórtolas en alambrados ligados entre las farolas viejas. Casas con fachadas sucias, grafiteadas. Una de ellas, al contrario, cubierta de azulejos, otra, antónima, pequeñita, de ladrillos comprados a mediados del siglo anterior.

Baches, aceras de tierra. Hierba trepando postes. Caca de perro. Botellas de cerveza. Niños sucios jugando a las peleas. Uno de ellos llora. Un hombre fuma sentado en una vereda mientras otro salta del último piso de la casa más alta.

El niño que llora, deja de llorar. Los perros que disfrutan, dejan de disfrutar. Las tórtolas sobre las alambradas alzan el vuelo.

Sangre esparcida.

Se escuchó como un costal viejo, dice una señora desde la tienda entre el cuchicheo de otras señoras. Llegan las ambulancias. Los policías han cercado el lugar. No había nadie en casa del hombre. Un oficial encontró en las manos del suicida una carta. Llegan los medios de comunicación.

—¿Qué haces? — pregunta el niño que estaba llorando, al hombre que estaba sentado en el borde de una acera, fumando, y que ahora observa de lejos y tiene una pluma y una libreta en las manos.

—Escribo un cuento, un poema, una novela. ¿Quién sabe?

—Para qué escribes.

—Para que alguien lo lea.

—A nadie aquí le gusta leer. Es aburrido.

—No escribo para nadie de aquí, en todo caso.

—¡Qué raro eres!

—Fue un gusto conocerte, niño— dijo. Se levantó.

—¿Puedes leerme lo que escribiste?

—Claro. — Dijo. Tomó su cuaderno y leyó. — Y entonces decidió morir.

—¿Es todo?

—Es todo.

—¡Qué raro eres!



Christo Herrera Inapanta

#98 en Detective
#57 en Novela negra
#198 en Thriller
#98 en Misterio

En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar