El odio y la muerte

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Janara entró al departamento de Andrés. Lo halló en el piso con aspecto de muerto. El aire olía a cigarro y alcohol baratos. Llamó a una ambulancia y lo llevaron al hospital.

Su salud estaba deteriorada y Andrés había envejecido diez años aquel corto período. Le detectaron cáncer hepático y le preguntaron si deseaba realizarse tratamientos de quimioterapias. Andrés se negó.

Su padre lo visitaba varias veces en el hospital. También sufría por la salud de su hijo. Janara también sufría por la salud de Andrés, pero él aceptaba su enfermedad con total resignación. Se definió a sí mismo como moribundo.

Dos meses después Andrés salió del hospital sabiendo que le quedaban pocos meses de vida, que su cáncer estaba muy avanzado. Dejó de tener pesadillas nocturnas y pudo regresar a su departamento. Su padre lo acompaño la tarde que le dieron de alta.

—¿Por qué no te realizas una quimio?

—El cáncer no tiene cura. ¿Para qué alargar el sufrimiento?

—Así habrá ganado el desgraciado que te está haciendo vivir esto. Vas a morir después de todo. La policía nunca lo va a encontrar, es muy incompetente. No te puedes dejar morir de esa forma.

—No escogí el cáncer. Lo que escojo es no tratarlo. Después de todo, una quimioterapia no es señal de salvación.

—Pero te ofrece una esperanza.

—No voy a tratarme, padre, lo siento.

—Al menos prométeme que dejarás de tomar y que comerás sano.

—Bien, lo prometo.

Así lo hizo. Dejó de beber con mucha dificultad. Se dedicó a leer los libros que le haían falta. De cuando en cuando Janara iba a visitarlo, cocinaba para él. Lo ayudaba con remedios caseros cuando se enfermaba, situación que era muy frecuente ya que no podía tomar medicamentos por su cáncer.

Un día, luego del trabajo, Janara entró al departamento de Andrés con un sobre en su mano. Se la entregó.

—¿Qué es esto?

—Una invitación al lanzamiento de un libro.

—No quiero ir.

—Es del sujeto que buscas.

Andrés abrió el documento. En efecto, ahí estaba, su rostro, de nuevo, presentándose al lanzamiento de un nueve libro titulado: Los amantes del precipicio. “Qué estúpido título”, pensó.

—También irá la policía. — Dijo Janara.

—Entonces no tiene sentido ir. Él dijo, mientras más cerca esté la policía, más alejado estará él. No voy a ir. He decidido vivir en paz los pocos días que me quedan, junto a mis libros. Además estoy de nuevo enfermo del estómago. He comido una sopa de pollo y mi estómago no la ha tolerado.

—Entiendo. — Dijo Janara. —Entonces me quedaré aquí, acompañándote.

—Gracias.



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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