El odio y la muerte

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El detective de policía, harto de buscar rastros de Andrés y su psicópata asesino entró junto con otros dos policías al parque donde precisamente habían entrado Andrés y su antagonista hace más de cinco horas. Había mucha niebla. Encendieron sus linternas. Alguien les había dicho que escuchó varios disparos en aquel sitio.

La luz de sus linternas reflejó de lejos dos bultos. Se acercaron. Vieron con asombro dos personas idénticas, muertas.

El detective lamentó al verlos. Los policías llamaron por radio a otros, a criminalística, a las ambulancias, a los medios de comunicación. Andrés había muerto de un infarto fulminante. El detective encontró lágrimas en los ojos de Andrés y entre sus manos un pequeño libro. Estaba abierto en la última hoja. Tomó el libro. Leyó aquellas últimas líneas, aquellas donde se decía que un gran poeta se suicidó con su navaja a mitad de la noche porque la poesía se le había escapado de los dedos. “Así es la literatura, una ramera por la cual vale la pena suicidarse”.



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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