El odio y la muerte

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Volví a casa en un bus público con mi manuscrito bajo el brazo.

Siete años he escrito esta novela, la más extensa. Pero no he podido dirimir en qué está bien o mal. Está mal porque la ha leído ese Andrés. Ojalá estece muerto. Debería estar muerto. No se imagina él que estudié todos los grandes clásicos de la literatura universal. Que escribí con todas las claves temáticas y de giros argumentales. ¡Me han felicitado en España y Alemania por el manuscrito, maldita sea!, pero ya estoy harto de triunfar fuera. Quiero hacerlo aquí, en Ecuador.

Lo mejor será deshacerme de esta mierda, recomenzar. Le daré a ese hijueputa una novela que no va a olvidar. Ojalá vieras lo que hago con este manuscrito Andrés. Sus hojas las comienzo a desgajar y arrugar, a morder, a romper.

¡Qué chucha me mira esa gente de mierda! Que se jodan, ojalá se mueran. Maldita gente, estoy cansado de esta gente. Alguien debería desaparecerlos.  Ojalá yo fuera Hitler, Mao, Bush, Stalin, Dios y pudiera juzgarlos y torturarlos. Sacar sus entrañas con acero hirviendo, arrancar de sus dedos las uñas, sacarles las bolas con alicate; meterles una rata viva por la vagina; a ver si me siguen viendo.



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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