El odio y la muerte

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Madre, ojalá pudieras responderme. Estás muerta y no sabes que he conocido a mi padre y a mi hermano. Los dos son despreciables. El uno se sienta todas las mañanas a leer libros con discos de vinilo y el otro se cree que sabe de literatura y veta los buenos libros y acepta los malos, los que no son literatura.

He pintado los bordes de tu epitafio. He leído tu epitafio. Nunca me cansaré de pensar que fue lo mejor que he escrito. La inspiración no existe, lo sé. Pero cuando escribí tu epitafio sí existió. Me inspiró tu muerte, madre, aunque me de vergüenza que lo diga de esta manera.

Quizá la muerte sea mi mejor fuente de inspiración. Quizá también lo sea el odio. Comencé a escribir un nuevo libro, pero no alcanzo a escribir nada nuevo. Siempre pienso que ese Andrés, la rechazará.

Sé que me empeciné con enviar mi obra a esa editorial. Habiendo tantas otras ahí aladito, dirías, y yo te contestaría con un beso en la frente y un abrazo: Es esa la editorial que deseo, a quien deseo vencer, como vencí a muchas otras para después, en la rueda de prensa, humillarles.

Mira, te dejo unas florecitas. Dios te guarde en los cielos o donde quiera que viva él. Te amo, mami, adiós.



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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