El odio y la muerte

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No sé si decirlo con orgullo o con asco. He conseguido mi primer suicida, así, sin quererlo. Por ahí he escuchado que los asesinos sienten algún placer con sus víctimas. Lo mío es diferente, el único placer que sentí fue escribir la muerte del amigo de Estefany, luego de haberme enterado que se suicidó. Se llamaba David.

¿Bien por él, bien por mí? me es irrelevante.

Le envié al pobre unas fotos de Estefany tirando conmigo. Por una parte lo hice para que ya no la moleste, en segundo lugar para provocarlo y ver su reacción. Esperaba que me cite para sacarnos la puta.

Le sugerí licor con veneno para ratas.

¿Quién diría que se iba a suicidar? Estefany está hecha un manojo de nervios rotos. No pienso seguir soportando sus angustias.

La he dejado.

Ella no se suicidó.



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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