El Orfanato

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CUENTO: EL ORFANATO POR Lu Carmona

Esa mañana desperté muy temprano, era un día especial y estaba muy emocionado, llevaba tiempo esperándolo, mis papis estaban haciendo maletas, todo estaba acomodado en cajas, mamá las llenaba y papá las apilaba en la entrada porque nos mudábamos de casa, yo no entendía la razón, esta casa me gustaba, tenía un hermoso jardín donde jugaba todo el tiempo, desde que era muy pequeño, exploraba entre las plantas para descubrir a los pequeños animalitos que se ocultaban ahí —asustarlos y perseguirlos era mi pasatiempo favorito— claro que solo era un juego, jamás les haría daño. Me gustaba corretear con la pelota y saltar hasta que el corazón latía tan rápido que sentía que se me salía del pecho.

Yo soy alto para mi edad, apenas tengo cuatro años, soy delgado, tengo el pelo amarillo y los ojos cafés: “ojos tristes” dice mi padre, “ojos tiernos” dice mi madre, me gusta comer galletas y jugar todo el tiempo con la pelota, pero lo que más me gusta en la vida, es darle besos a mi mami.

No quería irme de ahí, pero había escuchado discutir a mis papás sobre dinero y otras cosas que no entendí —mencionaban mucho la palabra “recorte de personal” a saber qué era eso— yo solo sabía que me tenía que despedir del hermoso jardín donde había sido tan feliz. La nueva casa, por lo que pude escuchar se llamaba “departamento” y no tenía un jardín, eso me preocupaba mucho, porque me preguntaba —¿en dónde jugaría?—. Sin embargo mientras estuviera con ellos, yo sería feliz, así nos fuéramos a la Patagonia, como mamá le decía a papá.

Después de levantarme, mami me abrazo y me sirvió el desayunar. Una vez que termine, ella me acarició la cabeza.

—Hoy vamos a salir —dijo. Me cepillo el pelo e hizo muchas caricias.

Poco después, llegó un gran camión, y dos hombres grandes empezaron a llevarse las cajas, después de supervisar la mudanza, mi papa decidió ir con ellos, no se despidió de nosotros cuando salió, solo movió la cabeza, yo no entendí porque se portaba así, si yo no había hecho nada malo, ni una travesura, nada. Sentí feo, aun así me despedí de él intentándole decir que lo amaba con todo mi corazón.

—Allá te espero— escuché que le decía a mi madre.

Me di cuenta que este era el último día que jugaría en mi jardín, así que corrí hacia allá para verlo por última vez, camine entre las plantas, despidiéndome de ellas, a todas les había puesto nombre. Me acerque al gran árbol, al que yo había bautizado como “el jefe” porque era el más grande y el más viejo del jardín, me acerque a él y lo vi fijamente, esperando grabar en mi memoria su imagen, para que cuando ya no estuviera en el jardín lo recordara.

—escuché la voz de mi mama. Se le veía triste y tenía los ojos rojos, pobre, seguramente se enfermaría otra vez. Me acerque a ella corriendo y le di besos en la cara, ella sonrió con tristeza.

Abrió la puerta y salimos a la calle. Me gustaba mucho salir a pasear con mi mamá, ella era divertida y le gustaba jugar conmigo, siempre reía y me decía que era un pillo travieso, pero ese día no jugo conmigo a pesar de que la invite varias veces —ahora no— me decía con voz quedita y me acariciaba la cabeza. Caminamos muchas calles y yo tenía sed y estaba cansado, por fin, llegamos a un lugar enorme, era un edificio muy viejo y feo, que tenía un letrero descascarado en la entrada que decía “Bienvenidos”. Mamá entro y me cargo, llego al mostrador y vi como llenaba muchos papeles. Yo no entendía nada, porque ella solo me veía con tristeza y yo solo quería verla reír, así que le hacía caras chistosas y le daba besos.

Después de un rato, un señor con cara de malo llego y le dijo a mi mamá que ya estaba todo arreglado. Mamá me abrazo fuerte y me dio un beso. Me dijo que fuera con el señor, yo no quería ir, ese señor me daba miedo, olía feo y me jalaba fuerte. Me dolía. Empecé a llorar gritándole a mama que no me dejara con ese señor, pero ella no me escuchó. Se dio la vuelta y se fue sin voltear.

El señor me jaló muy fuerte y me llevo a través de un pasillo que estaba muy sucio, lleno de excrementos y de olores raros. Yo solo intentaba escaparme de ahí, para ir con mami, me revolví fuerte intentando soltarme de su agarre y el cada vez jalaba más fuerte y lo mordí —no lo hubiera hecho— recibí el primer golpe de mi vida, me pegó una patada en el estómago y sentí que el desayuno se me salía del dolor tan fuerte, llore mucho, mucho y solo gritaba que quería a mi mamá, pero ella nunca regreso.

Me llevaron a una habitación donde había otros como yo, los tenían amontonados y algunos estaban llorando, asustados. El señor abrió una puerta que estaba recubierta con una malla de metal y de un empujón me hizo pasar a esa habitación mugrienta, un olor asqueroso inundó mis sentidos, y con horror me di cuenta que estaba llena de orines y excrementos. Algunos me veían con apatía y tristeza.



Lu Carmona

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En el texto hay: traicion, maltrato, dolor

Editado: 26.05.2019

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