El oso

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 6

Pensé en no contestarle, pero mi ansiedad pudo más que mi raciocinio.

 

  • Estoy en casa cenando con mi familia y Jorge Ferro.
  • Ok. No quería molestarte.
  • No me molestás. ¿Necesitás algo?
  • No. Hablamos mañana. Es que estoy con Copitelli y no lo puedo despertar. No importa. Ya fue.
  • Pensé que estaba sola. O eso entendí.
  • Si, fue un decir.

 

Yo odiaba ese tipo de comunicación impersonal. Es solo leer palabras sin ningún tipo de emoción. Nunca sabés que están pensando del otro lado, ni siquiera sabés si la persona que te dice ser que es la que está del otro lado realmente lo es.

 

  • ¿Querés que te vaya a ayudar? – odié preguntarle eso –
  • Yo estoy en Palermo…
  • Bueno, si necesitás ayuda voy.
  • Bueno…

 

Dejamos de mandarnos mensajes, fui un rato al baño y luego me pedí un Uber. En media hora ya estaba en Palermo. Mariel vivía en un alto edificio nuevo, con pileta, gimnasio y salón de fiestas. Le avisé a Mariel que estaba abajo y no tardó mucho en bajar.

 

  • Gracias, Bernárdez. No sabía a quién recurrir, no conozco a nadie.
  • No te hagas problema.

 

Entramos a su apartamento. Estaba muy bien arreglado, bien moderno y minimalista. Tenía varios cuadros, uno de ellos una réplica de Van Gogh. Las paredes estaban pintadas en un color amarillo maíz. Fuimos a su habitación y sobre la cama estaba Copitelli tendido boca arriba. Vestía solo un bóxer. Era la primera vez que lo veía semidesnudo y envidié su cuerpo. No tenía un gramo de grasa, los abdominales marcados y grandes hombros y pectorales. Igual en ese estado seguía siendo un tipo atractivo.

 

  • ¿Qué le pasó?
  • Mirá…fuimos a tomar algo a la salida del laburo,  y después vinimos para acá. Ya venía medio jugado, acá seguimos tomando. Yo me fui para el baño y cuando volví a la habitación estaba así casi en bolas y dormido…

 

La verdad no sabía si creerle toda la historia…no había pasado nada entre ellos…eso sí me parecía raro…

 

  • Bueno…¿Trataste de despertarlo?
  • Sí, pero no me da bola…
  • A ver…vamos a ver que se puede hacer. Tráeme un vaso de agua por favor.

 

Mariel me trajo el agua. Me mojé un poco los dedos y le tiré unas gotas en la cara. Luego le tiré un poco más. Comencé a moverle la cara. Pero nada. Le tiré con fuerza lo que quedaba de agua y ahí comenzó a reaccionar.

 

  • Copi…soy Bernárdez. Estamos en la casa de Mariel.
  • ¿Qué Mariel?
  • No importa. Te voy a llevar al baño.

 

Lo levanté de la cama no sin esforzarme, Copitelli era pesado, en un momento me la hizo más fácil y el también hacía fuerza. Lo llevé al baño y lo metí en la bañera. Abrí el agua bien fría para despabilarlo. Luego de unos minutos volvió en sí y lo dejé solo.

 

  • Bueno, Mariel. Ahí se despertó. Vamos a esperar un rato a que salga.
  • ¡Qué bueno! La verdad no sabía qué hacer.

 

Luego apareció Copitelli, bañado y perfumado. Parecía un actor de cine a pesar de su embriaguez.

 

  • ¿Qué hago acá? – preguntó perdido Copitelli –
  • No importa, Copi. Ahora vamos para tu casa. ¿Vivís cerca, no?
  • Sí, vive cerca. – acotó Mariel –

 

Nos despedimos de Mariel. Nos tomamos un taxi hasta la casa de Copitelli. Llegamos en no más de cinco minutos, bajé con él y luego seguí mi camino a casa. Mientras iba en el taxi me llegó un mensaje de Mariel << Sos un ángel. Besos >>. Llegué a casa y ya era tarde. Eran las dos de la mañana y yo debía levantarme a las siete. Pero la verdad que no podía dormir. Me serví un vaso de agua y me fui al jardín. Era una noche agradable, sin viento ni nubes. Podía ver las estrellas iluminando allá en lo alto. Escuché ruidos en la cocina, miré y era la tía Rosa.

 

  • Mmmm…hay alguien que no puede dormir, igual que yo.
  • ¿Qué hacés tía? No me digas que te desperté…
  • No, recién terminé de ver una película.
  • Ah,menos mal.
  • ¿Qué te anda pasando, Isi?
  • Nada…
  • Mi amor…esa mirada la conozco. Esa mirada es de amor. No tengo la edad que tengo al pedo…
  • No…amor no es…es una piba que conocí hoy en el laburo. ¡Que va a ser amor!
  • Mi querido, el tiempo y el amor no tienen nada que ver. ¿Vos te crees que la gente se enamora en un instante solo en las películas? Estás metido con esa piba… ¿Cómo se llama?
  • Mariel…
  • Estás metido con Mariel hasta le caracú. Te voy a contar una historia. Ese tipo de mirada la vi por primera vez hace unos cuantos años…Una noche fuimos con tu madre a un baile del club del barrio. Éramos chicas. Yo siempre fui más caradura y  más sexual, más trola…como era que me decían por lo bajo. Yo iba al frente. Tu madre era más idealista, ella buscaba el hombre ideal y siempre soñó con una familia. Yo era insaciable. Tenía pensamiento más masculino, conocía un tipo y palo y a la bolsa. Bueno, ahora soy igual…bueno te sigo contando. Esa noche vi a un tipo que me hizo mover el piso, no hablo de amor, hablo de deseo. Era tu viejo. No era el tipo más lindo del lugar, pero tenía algo, como un imán. Personalidad. Una mirada profunda y dulce a la vez. Apenas lo vi no lo podía creer. Pero él tenía la mirada perdida, miraba hacia otro lugar, no me miraba a mí: la miraba a tu vieja, y tu vieja lo miraba a él. En ese momento comprendí lo que era el amor. Estaban embobados, en el buen sentido. Y desde ese momento no se separaron nunca más. Y vos tenés ahora esa misma mirada.
  • ¡Qué linda historia, tía! ¿Pero vos te enamoraste del viejo?
  • ¡No! Solo me atrajo ese instante que no duró nada, cuando vi esas dos miradas comprendí lo que yo no tenía nada que hacer. Después de eso siempre lo vi como un hermano. ¡Era tan buen tipo! – a la tía se le llenaron los ojos de lágrimas –
  • Y bueno…estaré enamorado no más –
  • No te quepa duda. Lo que te dice tu tía es así…eso sí…tené cuidado…
  • Cuidado con qué.
  • No te dejés forrear. No te dejés usar. Esa piba puede llegar a hacer con vos lo que quiera siempre y cuando vos la dejes.
  • Sí. Igual…está Copitelli en el medio, un compañero que… no me dejó terminar –
  • Si, ya lo has nombrado a Copitelli y, sinceramente, también Jorge me ha hablado de él. De ese olvídate. Las mujeres siempre buscamos a ese tipo de tipos para domesticarlos, ese Copitelli es indomesticable. Acordate lo que te digo, pero ¡Ojo! Tampoco te dejes domesticar vos.
  • Sabés que soy débil.
  • ¡Dejá de serlo!
  • Tía, una pregunta…
  • ¡Desembuche caballero!
  • ¿Te hubiera gustado tener un amor como el de mis viejos?
  • Nene…esa pregunta caliente es imposible responderla en frío. Pero lo voy a intentar. Sí y no. Me hubiera gustado tener una familia, pero yo siempre fui una mina libre. Me gustó siempre tener romances fugaces sin compromiso, porque para tener amor tiene que ser un amor de verdad, sino…a disfrutar de los hombres que hay tantos…
  • Bueno tía, ya son casi las tres. Mañana no me despierta nadie. Buenas noches.
  • Buenas noches, nene.



Queco

#12035 en Novela romántica
#1961 en Chick lit

En el texto hay: amor, amistad, amor de familia

Editado: 31.10.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar