El oso

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Capítulo 35

El oso (segunda parte)

 

Capítulo 35

 

Tía Rosa e Isidoro se quedaron un poco más en la clínica, Jorge no dio ninguna nueva señal. Eso frustró bastante a Isidoro, pero tía Rosa, como siempre, le puso pilas.

 

  • Es carucha, Isi. Esto es largo, pero vas a ver que Jorgito se va a recuperar. Hay que tener paciencia, sé que es difícil tenerla con un ser querido, pero no nos queda otra.
  • Sí, tía. Lo que pasa es que me siento tan solo. Jorge es mi único amigo, mi amigo de verdad. Los demás son solo conocidos. Jorge es todo para mí.
  • Lo sé perfectamente, aparte Jorge es tan buen tipo. Y lo divertido que es. Pero bueno, como yo digo cuando hablo con Dios, Jorge va a volver, y va a volver a ser el mismo.
  • Sí. Hay que tener fe.

 

Los dos se fueron juntos para la casa. Cuando llegaron estaba la mamá y la hermana de Isidoro a punto de almorzar.

 

  • Llegaron justo para comer. A lavarse las manos y a comer — dijo la mamá de Isidoro.

 

Se sentaron y estuvieron un tiempo en silencio, hasta que la hermana de Isidoro rompió ese hielo duro que parecía rodear todo el ambiente.

 

  • ¿Cómo está Jorgito?
  • Y, ahí está. Igual. Nos contó la enfermera que se movió mucho a la noche, seguramente soñando.
  • Sí, soñando con alguna mina — dijo la hermana, y todos rieron.
  • Hablando de mina. ¿Y Mariel? — preguntó la madre a Isidoro.
  • Mariel se va a casar. Parece que va a posponer la boda un par de meses.
  • Es tu oportunidad, Isi — retrucó la hermana.
  • Ya fue. Mariel ya fue.
  • ¿Y Jordana?
  • Bueno, me voy para la habitación — dijo Isidoro escapándose de esas preguntas incómodas.

 

Entró en la habitación y encendió la computadora. Mientras esperaba que encendiera, se prendió un cigarrillo. La pc no tardó mucho en esta lista para que Isi la usara. Ingresó a la cámara y vio a Copitelli, solo, tirado en la cama. Protestando por lo bajo. Isidoro no podía escuchar bien. Pero algo dijo de “esta mina”. Tal vez sería por Mariel, seguramente sería por Mariel. Copitelli tomó su teléfono y comenzó a enviar mensajes por WhatsApp. Luego empezó a mandar mensajes de audio.

 

  • ¡Cómo me calentás! — grito un Copitelli desaforado.

 

Luego se levantó y tardó un poco en volver a la habitación, Isidoro estaba expectante, quería saber a quién le mandaba esos mensajes, quería saber con quién estaba engañando a Mariel.

Justo cuando Copitelli entró a  escena, la tía Rosa ingresó a la habitación, Isidoro minimizó la imagen de la cámara y se hizo el tonto.

 

  • Isi, está s grande para ver porno… jajajajajajaja — le espetó en la cara la tía Rosa
  • No, no estaba viendo porno — contestó un sonrojado Isidoro.
  • No tiene nada de malo, yo también miró. Te estaba cargando, no hay edad para eso.

 

Isidoro sonrió mientras pensaba que era mejor decirle que estaba viendo porno a confesarle que había metido una cámara en la casa de Mariel y Copitelli. Tía Rosa lo obligaría a sacarla de inmediato si se enterara.

 

  • Bueno, tía. Sí estaba viendo porno.
  • ¡Ja! Ya sabía. Pusiste la misma cara de cuando eras chico y te mandabas una de las tuyas. Si te conoceré, Isi.
  • Sí, tía. Me conocés como nadie.
  • ¿Querés que te deje solo?
  • ¡Ja! Tía, no quiero ser tan obvio. Quédate todo el tiempo que quieras.
  • Igual solo quería saber cómo estabas. Y perdón por no tocar la puerta.
  • Todo bien tía.
  • Bueno me voy para el patio. Te esperamos cuando quieras. Tranqui.
  • Gracias, tía.

 

La tía Rosa se retiró de la habitación de Isi, y entonces maximizo la imagen de la cámara. Copitelli seguía ahí, solo, con un gran vaso de wiski con hielo. Seguía enviando mensajes de WhatsApp, así estuvo como cinco minutos, Isi esperaba que envíe audios pero no lo hizo, por ese motivo se aburrió y se tiró en su cama. Le mandó un mensaje a Mariel, le llamaba la atención que Copitelli estuviera sin ella.

 

  • Hola, Mariel. ¿Cómo andás?
  • Hola, Isi. Estoy con una amiga tomando algo. ¿Vos en que andás?
  • En casa tranqui.
  • Después si querés nos vemos antes de que vaya para casa. Copi tenía que hacer un laburo en casa, así que si no lo molesto mejor.
  • Dale, avísame cuando estés sola.
  • Sí. En un rato.

 

Isidoro se sentía una basura por no decirle a Mariel que Copitelli la estaba engañando, pero tampoco tenía pruebas. Estaba seguro, ese “como  me calentás” era casi una prueba. Aunque pensó que solo podía ser virtual. Por esa razón sabía que no podía hablar, aparte que le diría Mariel “puse una cámara en tu habitación y me enteré de todo”. No, no podía hacer eso.



Queco

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En el texto hay: amor, amistad, amor de familia

Editado: 31.10.2018

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