El Perfil de un Asesino

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Capítulo 1


Son leyes básicas, hijo. El conocimiento nos eleva y ampara de quienes hacen mal uso de él. 

Recuerda, lo básico es que sepas la diferencia de “detenido” e “investigado”, nuestra lección de hoy. Si eres detenido solo pueden retenerte por el plazo máximo de 72 horas, luego deben ponerte en libertad. Pero si eres investigado, que es cuando tienes una denuncia o querella en tu contra, debes presentarte a declarar, y en ese caso puedes hacer lo siguiente… 
 


La alarma comenzó a sonar haciendo que terminara con aquella pesadilla, pesadilla para cualquier estudiante de abogacía. 
 
Apago el despertador y en seguida me pongo de pie para estirarme a gusto.  
Para poder sacarme la pereza de la mañana tomé una ducha fría como todos los días acompañada luego de un café cargado. Quizás no es lo mejor, pero como esta semana había sido de entrega de varios trabajos prácticos no tuve otra opción —o mejor idea que esa—. 

Revisé las cámaras como última cosa antes de salir, y como todo parecía estar en orden solo tomé mi abrigo para ir hacia la universidad. Esa es mi rutina diaria, sin cambios o modificaciones, por lo que en teoría ya estaría narrando todas mis mañanas desde hace dos años que comencé mi carrera. 
 
Luego de subirme al auto, ese que parece fue furor de mercado, sigo la ruta acostumbrada a través de las oscuras calles de la ciudad. Faltará media hora o quizás más para que el sol haga su aparición. 

Siento el celular vibrar en mi bolsillo por lo que lo saco curioso.  No soy de recibir mensajes o llamadas, así que más o menos pude imaginarme de qué se iba a tratar, quizás una notificación de alguna aplicación sin importancia, una oferta de mi compañía telefónica o algo por el estilo.  

Veo lo que marca el celular tratando de no perder tanto de vista la carretera —por más que esté desierta—. Lanzo un bufido algo decepcionado por no poder ver bien lo que dice, pero al parecer es otra noticia de un diario local. Quisiera darle más atención, pero prefiero hacerlo cuando tenga un momento para dedicarme de lleno a leerlo sin interrupciones, no me gusta hacer las cosas a medias. 

Luego de encontrar el lugar donde siempre estaciono aparqué sin dificultad. Nadie más lo ocupa, así que también me tomo mi tiempo cada vez lo hago. Una vez ya listo esto, entro con toda la paciencia del mundo a la universidad. A estas horas nunca hay nadie a excepción de los directivos y uno o dos estudiantes becados que no dan mayor problema, por lo que tomo esta media hora como un espacio donde poder relajarme y estudiar a mis anchas. 

Una vez que entro a la biblioteca tomo el lugar de siempre, ese que está en un rincón más cerca de los libros y lejano de la gente. Saco el celular de mi bolsillo para poder leer la noticia que hacía minutos habían publicado. Ni bien la pantalla se ilumina se me presenta un titular de lo más tentador, uno que ya hacía que me cosquillearan las yemas de los dedos. 

La tragedia vuelve a Sasquivar” 

Detalle obviado: Sasquivar es el nombre de mi ciudad, quizás algo pequeña y aburrida en opinión de la mayoría, pero con la mejor gente —y el mejor bar—. 
Abro la noticia para saber más detalles. El encabezado anuncia: “Un asesino sigiloso dio su aparición el día de ayer al matar a una de nuestras vecinas." 

Breve y conciso, cosa que no ayuda en nada con mi interés, por lo que sigo leyendo absorto todo lo que la nota menciona. Me resulta difícil tomarme el tiempo de no pasar por alto ningún detalle, porque, aunque suene cruel admitirlo, es la primer cosa interesante que ocurre aquí en la ciudad. Lo lamento por la pobre Liliana —así llamada la víctima—, pero hay cosas que aunque crueles son ciertas. 

Leo el supuesto modus operandi y las distintas conjeturas sacadas por las autoridades como si se trataran de un buen libro, uno más de suspenso que agregar a mi abarrotada biblioteca. Pero el que tenga tanta divagación y tan pocos hechos me resulta frustrante. Parece que es más habla que acción, y cuantas más palabras hayan más mentiras pueden contener. 

La fallecida, Liliana Revoso, era una chica joven de veintiséis años dueña de uno de los tantos almacenes de la ciudad, con poco dinero en los bolsillos pero un gran porvenir evidente. No tenía familia cercana, sino unos tíos que estaban de viaje por la fecha —o bueno, que aún lo están— en la que se cometió el asesinato. Era obvio que sería muy llorada en la ciudad. 

Aún las autoridades no parecieran tener algún sospechoso en mira y prefirieron marcar en la nota que se trataba de un posible asalto rutinario que salió mal, cosa no muy creíble. ¿Por qué? Simple: No tomaron el dinero. Luego de que la caja quedara sin que nadie la protegiera, con Liliana muerta a un costado, hubiera sido natural que se llevaran lo que fueron a buscar —por más de que asesinaron a alguien—. Nadie había oído nada, por lo que tampoco era que estuvieran corriendo tras el tiempo para “olvidarse" de hacer el robo. Era un sinsentido. 

Es un tanto torpe diría yo el que hizo ese crimen, que quizás hasta sea el primero. Se sabe en criminalística que los primeros casos de un delincuente son los más imperfectos u espontáneos, porque es con la experiencia que llegan a  lograr mejorar sus métodos y borrar aún más sus huellas. Pero, aunque lo tildaron de “sigiloso" al asesino que aparece en las noticias, intuyo por varios motivos que este es el primer o uno de sus primeros crímenes. Si hubiera sido yo, ya hasta que se sepa que hubo asesinato es un riesgo, muchas más posibilidades de que se encuentren evidencias condenatorias e incluso testigos a los que se puede recurrir en busca de sospechosos cercanos. 
 
Sé que no soy un asesino o criminal como para ponerme a corregir a los que sí lo son —y tampoco lo quiero porque se me haría más difícil atraparlos—, pero se me hace algo muy natural hacerlo, como si de una pasión se tratara el mejorar lo prohibido. 

Si la gente lograra leer mis pensamientos supongo que ya estaría entre rejas por potencial delincuente. 

Dejo el celular con rapidez cuando más estudiantes comienzan a entrar en la sala, lo que me indica que ya está por hacerse la hora de inicio de la primer clase. Por eso mismo, aferro los libros a mi pecho para salir a paso apresurado, quizás llamando la atención por demás con mi actitud. Pero con el siguiente profesor daba igual la opinión ajena considerando lo estricto que podía llegar a ser en cuanto al horario.  

Cuando llego tomo asiento donde siempre a mitad del salón. Ya están casi todos mis compañeros en su sitio a excepción de unos pares, lo que quiere decir que llegué justo a tiempo. Suspiro de alivio al ver que aún el profesor no llega, así que aprovecho para seguir pensando un poco más en la noticia, porque aunque pude identificar de quién se trataba la joven, todavía no logro entender porqué alguien querría asesinarla. 

Tuve contacto con ella un par de veces en las que iba a su almacén, una chica simpática, rubia y bastante bonita que siempre nos daba el vuelto con caramelos. Creía que su familia estaba lejos y que por eso ella estaba sola tratando de llevar todo adelante, cosa que todos pensábamos, pero nos equivocamos. Quizás tendría muchas otras cosas que la ciudad también dio por hecho. 

Era de esas personas que en verdad no se acercaba lo suficiente como para dejarse lastimar. No salía con nadie, tenía pocos amigos, un empleo digno y todo en regla. Y es por eso que también creo que nos afectará a todos el saber que ella ya no estará entre nosotros. 

Observo a mis compañeros. Es raro que no estén comentándolo entre ellos, siendo que cualquier chismesito por aquí se esparce como la pólvora, lo que quiere decir que aún no saben nada. 

Repaso otro detalle planteado: Ella fue estrangulada. Eso deja marcas, además de que puede indicar si fue derecho o zurdo, mujer o hombre. Encontrada en su local por un desafortunado cliente que pasaba por allí. Nada parece indicar mucho cuidado. Es tan irracional y poco planeado que parece de novato. 

Pero lo que extraña aún más, es que, si no hubo robo, ¿cuál entonces era el móvil?  

Pensando en esto no noté cuando varios de mis compañeros me rodearon por detrás, sino que hasta cuando siento sus respiraciones en mi nuca es que me doy cuenta. Volteo y los encuentro leyendo con mucha atención lo que marca mi celular, con unas sonrisas entre burlonas y nerviosas. Se trata de los tres chicos populares de mi curso, los que no les hace falta ni dinero ni belleza o féminas. Brandon, Luke y Mathew, los únicos que se atreven a bromear sobre mí. Como siempre, el que fomenta todo y al que siguen es a uno de ellos: Brandon, un chico de facciones marcadas y masculinas que goza de todos los privilegios porque su padre es dueño de varias cadenas hoteleras. Luego está Luke, un rubio hueco que solo piensa en divertirse, bromear y fiestas. Creo que dependen mucho del dinero de sus familias, que él, en este caso, posee solo porque su familia es socia de la de Brandon, al igual que la de Mathew, el tercero del trío. Este aunque pueda notarse más reservado y tímido, no deja de ser como el resto de sus amigos. Solo están juntos por conveniencia, diría yo. 

—Menuda forma de comenzar el día. ¿Es afición tuya leer de tus crímenes temprano en la mañana? —comenta Brandon observando el celular en mis manos. 

—De seguro ya estarás buscando a tu siguiente víctima ¿eh? Pero antes dinos, ¿cómo estuvo eso? ¿Cómo te escapaste? —pregunta Luke acorralándome contra la silla. 

—¿De qué hablas? Yo nunca estuve en prisión o algo parecido, así que ya déjenme. 

Sí, no era de extrañar que me hicieran aquella pregunta aunque casi todos nos conociéramos en la ciudad. 

—Hablaba del infierno, porque no se puede llevar semejante cara y ser tan… —continuó Luke luego de examinarme con la mirada— tú, como para venir de este mundo. 

Cierro los puños con fuerza intentando contenerme, detalle que no pasa desapercibido a Luke. 

“No empieces así el día, no empieces así el día…” Me repito intentando calmarme. 

—Oigan chicos, creo que ya estará por entrar el profesor, mejor vayamos a sentarnos —sugiere Mathew. 

—No sé por qué aún la Policía no te encierra —espeta Brandon. 

—Para mí es obvio: Los tiene comprados, sino ya estaría de cabeza en la cárcel. O por ahí algún arreglo medio turbio del que no saben cómo salirse —divaga Luke, a lo que es correspondido con una sonrisa por parte de su líder. 

—Ya deberías entender que nadie te quiere aquí —agrega Brandon ya sin pizca de humor. 

Todos alrededor nos están observando con cierto nerviosismo. Mathew, a un costado, parece más pálido de lo habitual al ir escuchando todo lo que dicen sus amigos. Y quizás es malo que termine aprovechándome de lo que infundo en los demás, pero es que a veces siento que solo el miedo hace que me dejen en paz. 

Trago grueso por las siguientes palabras que diré. Ellos esperan mi respuesta para poder seguir burlándose y decir lo que se les antoje, pero si para todos soy un asesino, entonces voy a valerme de eso, a ver si en verdad no les afecta tanto como dicen. 

—Tranquilo, ya sé que no me quieren por aquí porque me tienen miedo. Pero te diré un secreto: Yo solo acabo con quienes sospechan que soy el asesino. ¿Alguno de aquí cree que lo soy? —pregunto elevando la voz. 

Todos de inmediato vuelven las cabezas al frente o la meten entre sus libros. Es la respuesta que esperaba, porque si en verdad dijeran lo que piensan sin miedo a lo que les pase, todos ellos estarían afirmando a mi pregunta. 
Escucho un chasquido a mi costado.  

—Yo no te tengo miedo —sisea Brandon—. Y créeme que ni bien pueda, voy a hacer que te pudras en la cárcel. 

—Bueno, tomen todos asiento que la clase va a comenzar. Disculpen mi retraso, me detuvieron en preceptoría por algunos detalles de las calificaciones de los de último año. Pero igualmente, le di la tarea a una de sus compañeras para que tomara asistencia cuando se hiciera hora, así que, quien acaba de llegar y se creyó salvado le digo que tiene ausente. 

Con eso, por fin termina mi tortura. Es algo que ya viene pasando seguido, y últimamente, siendo que de a poco va creciendo la delincuencia en la ciudad, me tienen entre ceja y ceja culpándome de todo lo malo que ocurre.  

Sé que no soy Brad Pitt o un galán de telenovela, pero tampoco para que todos crean que ando en mis tiempos libres matando gente por ahí, ¿verdad? 


Cuando la clase ya está por llegar a su final, el profesor nos da un anuncio que nos deja perplejos a todos. 

—Chicos, aprovechando que estuvimos viendo todo lo que hicimos en el año, y que ya pronto serán los exámenes, queremos pedir de su colaboración para una tarea socio judicial que los preparará para cuando ejerzan sus títulos. Aunque están terminando recién su segundo año, muchos de ustedes ya se habrán enterado que nuestra ciudad fue escenario de un asesinato, y por lo tanto, se está queriendo implementar a los estudiantes de abogacía de distintos años para familiarizarlos en caso de que se les presente la oportunidad de asistir una situación similar a esta. No es nada lindo, pero puede ocurrir. 

—Me gustaría especializarme como abogada en esta clase de crímenes, porque uno ya sabe quién es el culpable y solo tiene que lograr que los demás crean lo mismo —comenta con simpleza una compañera. 

—No es tan fácil, señorita Divers. Tienen que ser conscientes que ustedes, al tomar un caso, puede que terminen llevando al inocente tras las rejas —o peor— y al culpable a la libertad. Es una seria responsabilidad que todo abogado carga. 

—En mi opinión no es nuestra responsabilidad, porque nosotros solo abogamos o hablamos por la persona que nos contrata, como si fuéramos mensajeros. Eso no nos hace cómplices o algo parecido. 

—Tiene razón —cede el profesor—. Pero, y si su cliente le confiesa en privado que en verdad es culpable, ¿que haría? —pregunta al compañero. 

—Dejar el caso, supongo. 

—En algunos países está prohibido negarse a defender al acusado. Y en el nuestro, aunque no lo está, llevaría a varios problemas, más si está cerca la fecha del juicio. Pero bueno, eso podríamos seguirlo hablando después en nuestra siguiente clase. Mientras tanto, quiero presentarles a la señorita Julie Hoffman. 

Luego de nombrarla, entra ella con elegancia y parsimonia a la clase. Todos permanecen en silencio mientras se coloca a un lado del profesor. 

El cabello castaño da hasta su delgada cintura contrastando con la piel blanquecina. Sus ojos oscuros están bien enmarcados con maquillaje y una carisma que parece emanar con cada paso, con cada vistazo. No sé si será consciente de toda su belleza, pero creo que es por eso que todos nos la hemos quedado viendo. 

—Buenos días compañeros. Como bien acaba de decir el profesor Tasbury, mi nombre es Julie Hoffman, también alumna de esta escuela pero de último año.  

Se acomoda la jacketa con frescura para mientras seguir caminando frente a los primeros bancos. 

—Ya supongo también les habrá contado lo que ha pasado en la ciudad. Desgraciadamente, estamos frente a un gran caso, que aunque por ahora recién se está formulando, promete ser uno de los mayores en cuestión. 

—Disculpe, pero ¿por qué dice eso? No es por ser rudo ni nada, pero no es la primera vez que asesinan a alguien en esta ciudad —cuestiona uno de mis compañeros. 

—Ya se dará cuenta señorita que este es un curso bastante preguntón —bromea el profesor. 

—Descuide, yo en mi clase era de las peores. Y respondiendo a tu cuestión —continuó hablándole al compañero—, no, es cierto, y tampoco será el último de seguro. Pero lo que sí, en esta oportunidad gracias a la luz de la averiguación policiaca, promete tener un arduo enfrentamiento entre las dos partes. Siendo que los familiares de la víctima cuentan con los suficientes fondos como para movilizar al país, esto ya se vuelve de gran interés para todos nosotros, quienes seremos los abogados de la parte demandante. 

Sus palabras hacen que el cosquilleo de esta mañana vuelva a surgir en mis dedos. No sé si tendrá mucho sentido la pregunta que me estoy formulando, pero el que me quede con la duda considero que es peor que el enfrentar mi timidez. Así, levanto la mano. 

—Sí, el joven —responde con un leve movimiento de cabeza. 

Trato de no prestar demasiada atención al movimiento de sus labios carnosos y comienzo a ordenar en mi mente lo que voy a decir. Es eso o de seguro voy a terminar tartamudeando. 

—Lo que dijo quiere decir que ya se formó un caso, ¿verdad? 

—Bueno, a decir verdad, es uno bastante desalentador, con demasiados huecos. 

—Pero, supongo que si ya se buscaron abogados que trataran el caso, es que además ya tenemos un acusado ¿o no? 

Hace una pequeña mueca de frustración que borra al instante. Cruza los brazos y me observa asintiendo, dedicándome una sonrisa después de que mucho tiempo todos temieran hasta el verme a los ojos. 

—Yo dije exactamente lo mismo. Pero no, solo tenemos para representar a la familia de la víctima por ahora. En caso de que haya sospechosos, ofreceremos los servicios para de igual manera abogar por ellos. 

—Entonces primero debemos esperar hasta que se realice toda la investigación —pienso en voz alta. 

—Pues sí, o hasta que se encuentre algo de lo que agarrarnos. Y sobre eso, ya que me dio pie el compañero, vamos a solicitar la ayuda de los mejores de la clase para este “caso". 

Varios comienzan a hablar entre sí, ya sospechando quiénes serían los convocados. Obviamente, yo estaba incluido, pero para mí desgracia Brandon de seguro también lo está. 

—Como bien dijo la señorita Hoffman, van a poder ayudar, aunque la verdad esto se hace para más que nada ustedes puedan irse integrando en esto —aclara el profesor. 

—Además, como excepción a la regla, también la Policía nos ha dado el permiso para que podamos observar los pasos previos que conducen a un caso y estar presentes en caso de interrogaciones. Obviamente esto también va a tener su debido control, estarán unos pocos en una sala aparte observando cuando se dé la oportunidad. Mientras tanto, les agradeceríamos a los siguientes alumnos que voy a nombrar, que después pasen por preceptoría para llenar una planilla en caso de que acepten hacerse disponibles. Si no lo hacen, entonces el lugar será cedido al alumno que les siga en calificaciones. Ojalá y sepan apreciar esta ocasión. 

—Muchas gracias por acompañarnos esta  mañana, señorita Hoffman —termina el profesor. 

—Ha sido un placer. Hasta luego compañeros. 

Acto seguido, ella se va mientras todos le dedicamos un aplauso de despedida. El profesor se coloca en la misma posición que antes para poder así dictar los nombres de los alumnos con mejores calificaciones. Al primero que nombran soy yo, luego dos compañeras y por último, Brandon. Aunque está él, por lo menos no tendrá a su séquito detrás, algo positivo que rescatar de todo esto.  


Transcurre el día con total normalidad mientras solo algunos de nosotros nos planteamos la idea de si aceptar o no lo que se nos ofreció esta mañana. Pienso en lo que será tener que ver extracurricularmente a Brandon, sus constantes bromas y comentarios agudos, pero por el otro lado la gran oportunidad que sería el estar por primera vez en un caso. Quizás hasta si logro desenvolverme bien podría conseguir contactos para situaciones futuras. Todo es posible. 

Lo que por sobre todo también me está convenciendo de aceptar, es que podría volver a ver a mi compañera, Julie, más de cerca. En una de esas hasta puede que tome valor para hablarle.  

No sé bien qué es lo que estoy sintiendo en estos momentos, pero es como una sensación de felicidad y atracción por esta chica. Si pudiera seguir sintiéndome así, entonces soportar a Brandon no será nada. Por eso mismo, decido ir a preceptoría y llenar el formulario para inscribirme. Una vez hecho esto, vuelvo a casa con una sonrisa —a mi manera—. 






 



Chuxamia

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En el texto hay: asesinato, accion, suspenso

Editado: 10.10.2019

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