El pescador que murió ahogado

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IV

incontables horas. Una calurosa tarde de agosto por azares del destino, o por su estadía perpetua en aquel peñero de madera, divisó al padre Benjamín con dos grandes sacos.

"Allí esta, ese estúpido hombre", dijo en voz baja Teodoro. El padre benjamín luchaba para llevar los dos grandes sacos a la orilla del aquel río. Pero el buen corazón de Teodoro era más poderoso que la aversión que sentía por el buen padre. Tomó los remos y emprendió su viaje de nuevo a la orilla.

—Tenga cuidado señor, este río es conocido por sus feroces cocodrilos —Explicó Teodoro mientras remaba—. Yo mismo tengo mis experiencias con estas bestias del río.

—¡Mi buen muchacho! —Exclamó el padre— Que oportuna es tu llegada. Ven, ayúdame a arrojar estos pesados sacos a este río.

—Será un placer para mí.

Tomó un saco, pero no lo pudo levantar, este pesaba más que cualquier cosa que él haya intentado levantar.

—¡Caramba! —Gritó Teodoro—. Esto pesa más que un hombre gordo. Sacaré algo de su contenido para aliviar el peso.

—¡No abras ese saco! —Bramó el buen padre.

Frente a los ojos de Teodoro estaba lo más atroz, las moscas escapan del interior con rápido horror, los gusanos saltaban con un júbilo mágico, y la sangre, la sangre era el detonante de esta obra de arte. Una niña despedazada, o eso se asemejaba el montón de extremidades.

Antes que Teodoro pudiera salir de aquel trance mágicamente abominable, el buen padre audazmente extrajo un objeto brillante de sus pantalones y apuntaba con recelo al rostro de Teodoro. El corazón de Teodoro parecía que se le iba a salir del flacucho pecho.

—¡Te dije que no abrieras ese saco! —Exclamó el buen padre.

—¿Qué es ese artefacto? —Preguntó Teodoro. El temor recorría todo su cuerpo, desde las uñas de sus pies hasta la yema de sus ennegrecidas manos.

—En la lengua de mis amigos de la gran Alemania le llaman Luger P08 —Explicaba el buen padre—. Pero para estas hermosas tierras se llamaría arma —Con la mano derecha sostenía el artilugio y con la mano izquierda le acariciaba con afecto— ¡Con este objeto podre pregonar la libertad con más facilidad!

—¡Usted está loco! ¡Usted es el un asesino!

—¡Era una mujer indigna de las hermosas tierras regaladas por el buen Dios!— Argumentó el padre.

—¡El buen Dios necesita líderes para las buenas tierras! Mis amigos alemanes y yo seremos esos líderes. —Algo en el rostro del padre cambio, como esos cambios en los ojos de las personas que creen pregonar el bien, pero no, esa no era la visión del padre. —Vamos muchacho. Ven a pregonar la libertad con el Hijo Del Cielo. Mercedes lo entendió.

Como si esas tres palabras fuesen el único detonante de su cólera, la aversión volvió a reinar en su corazón.

—Como ya le he dicho, ¡Usted está loco!

—Si no estás conmigo, estas en mi contra —El padre se acercó lentamente a Teodoro, su intención no era asesinarlo, no, su intención era hacerlo entrar en la buena razón.

Pero,como un conejito frente a un zorro su primera reacción fue la desesperada huida, pero meditó un leve instante, no dejaría que el buen padre continuará con sus fechorías. Espero hasta que el padre se acercara lo suficiente y se abalanzó sobre él, los dos hombres cayeron en la parda tierra. El arma cayó a varios centímetros de la riña. Teodoro apretó al buen padre contra la tierra, cerró el puño tal como le enseño su padre y lo llevó veloz a la cara del buen padre, así hizo repetidos instantes. Pero, esto no duró     



Charles J. Doom

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En el texto hay: amor, conflictos y muerte, contiendas

Editado: 18.12.2018

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