El pirata y el tritón

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10 - «Esto no me gusta nada», dijo el marinero.

Los ingleses quedaron impresionados con la cabaña que había construido Coral, y el capitán junto a Mr. Cook, aprovechando que el tritón estaba prácticamente recuperado, comenzaron una más o menos larga conversación. Para eso se retiraron un poco eligiendo los troncos de unas palmeras que crecían casi en forma horizontal y que luego se curvaban para elevar sus hojas al cielo. La conversación era en inglés y por lo tanto Pierre quedaba sin saber sobre qué versaba, pero Mr. Cook le dijo que luego se lo comentaría. Lo cierto es que los ingleses interrogaron a Coral sobre distintos tópicos pero todos referidos al asunto de las sirenas: cuál era su verdadera naturaleza, su origen, si sabían algo sobre la Creación y el relato del Génesis, si eran cristianas o no, pero todo llevado con cierta discreción para llegar al punto principal: dónde estaba el cardumen que el capitán buscaba. Fue el propio Mr. Cook quien se encargaba de moderar la urgencia del capitán pues temía que el tritón pensara que querían hacerles daño y por lo tanto, se rehusara a informar sobre el lugar exacto.

Coral, con la candidez que le era propia, contestó todas las preguntas según su leal saber y entender, pero el capitán no quedó muy satisfecho por cuanto el lugar fue ubicado por Coral en los términos que él conocía y por lo tanto, no podía darles una coordenadas como las que se requerirían en esas épocas. Eso arrojó una preocupación más, pues la fragata ya no contaba con el navegante y llegado el momento dependerían de Pierre. El capitán decidió entonces volver a la nave y dejar ese tema en manos de Mr. Cook, ya que estaba más que claro que era quien mejores relaciones había establecido tanto con Pierre como con el joven tritón.

Mr. Cook, con la intención de continuar ganándose la confianza, en lugar de comentarle a Pierre lo que habían conversado en inglés, le pidió a Coral que fuera él mismo quien le relatara lo hablado y Coral así lo hizo. Sin embargo, Pierre continuaba con una cierta suspicacia, o con algo así como un mal presentimiento. A medida que pasaban las horas, el asunto de que la fragata saldría a la pesca de varias sirenas no le gustaba para nada, aunque eso hubiera sido aprobado por él mismo con el fin de liberarse de su cautiverio y liberar a Coral. Ahora que ya estaban de nuevo en la isla, la idea le parecía cada vez menos conveniente.

Habiendo terminado Coral de explicarle a Pierre la conversación sostenida con el capitán, Mr. Cook, invocando su interés científico, sacó de su chaqueta una pequeña libreta y un lápiz y pasó al otro tema que le interesaba.

—Coral —le preguntó—, si en el cardumen hay tanto tritones como sirenas, ¿no es lo común que se apareen un macho con una hembra?

—Así es, Mr. Cook. Eso es lo más común.

—Pero... entonces, ¿también se aparean hembras con hembras y machos con machos?

—También, pero eso es mucho más raro. Mi abuelo me contó que desde que se comenzó a tener contacto con los humanos, eso fue cambiando.

—Pero según los libros, las sirenas han tenido contacto con los humanos desde hace miles de años, quizás desde que el hombre comenzó a navegar en mar abierto.

—Así es, también. Sin embargo, antes no había ningún problema ni era mal visto. El problema comenzó cuando entramos en contacto con los humanos que venían de ciertos lugares. Nosotros, en estos mares, no habíamos tenido contacto sino hasta hace unos cien años, según me contaron. Desde allí, comenzaron los problemas. Unos decían que somos criaturas del diablo, que no tenemos alma y tonterías por el estilo, mientras que otros consideraban que somos criaturas naturales que no conocían sobre la salvación de las almas, y por eso comenzaron a enseñarles. Y una de las cosas que más horrorizó a quienes nos enseñaban, me contó mi abuelo, era que no tuviéramos ningún inconveniente en aparearnos con quien quisiéramos, sea hembra o macho.

—Pero, ¿ahora sí tienen ese problema?

—Sí, por eso a mí me echaron del cardumen.

—¿Por aparearte con un tritón?

—Sí. Pero el problema más grande fue porque yo, cuando tuve la edad, no sólo quería aparearme.

—¡Ah! ¿No? ¿Qué fue entonces?

—Verá. En el cardumen, aunque no fuera bien visto, se tolera que los machos jóvenes se apareen con machos más jóvenes para prepararse para la unión definitiva con una hembra llegado el momento. Incluso algunos padres, instaban a sus hijos a hacerlo.

—Entiendo. Algo parecido sucedía, según parece, en la cultura Maya, en el continente. ¿Y qué pasó contigo?



Ishtar Pérez Santacruz

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En el texto hay: piratas, tritones, gay

Editado: 06.05.2018

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