El pirata y el tritón

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21 - Una copita de jerez y una gran metida de pata

Caía la tarde y Pierre se debatía frente a todo lo que tenía por delante, intentando enfocarse en el asunto de resolver el conflicto entre las cuatro naves, sus tres capitanes y sus respectivas finalidades y objetivos, los cuales eran, por principio, excluyentes: sólo uno de los tres bandos podía quedarse con Coral. De pronto pensó que había otra opción: ninguno de los tres. Ya estaba hartándose de esa obsesión de hacerse con el tritón, ya sea para cobrar la recompensa o para destazarlo en nombre de la Ciencia. «"¿Cómo no ven o no pueden entender que, aunque tritón, es también un chico?", pensaba. "¿Cómo pueden considerarlo como si fuera un simple animal? ¿No han hablado con él, no han visto que tiene sentimientos, lógica e incluso un alma? Porque debe tener un alma, como todos nosotros", continuó. "¿Por qué lo consideran como un simple animal que puede ser pescado y confinado a un estanque, o puesto sobre una mesa para abrirlo en dos como una rana?"» Lo de pescarlo y confinarlo, tenía más lógica que lo de destazarlo, pero incluso esto último, era, además de tétrico, algo diabólico, pues tal como había dicho Mr. Cook, quería saber por qué Coral sólo quería aparearse con otras criaturas de su propio género. «"Que hombres se 'aparean' con hombres es un asunto que, según se sabe, ha sucedido siempre, por más que traten de ocultarlo o borrarlo de la literatura o de la Historia. ¿Qué tiene de especial, entonces, este caso?", continuó pensando recostado en su hamaca.»

Como un chispazo iluminador le llegó una idea: «"Si quieren un tritón para cobrar la recompensa y exhibirlo en algún palacio europeo... ¿por qué no Kraken?", pensó. "Es un tritón, también, o más exactamente, una sardina entrometida y libidinosa, y por lo tanto, cumple con el requisito para que algún monarca se digne soltar los doblones, escudos, florines, ducados o libras que haya ofrecido."» Pensó también, inmediatamente, que eso podría satisfacer la pretensión del Tuerto y quizás de los españoles si estaban al tanto de todo el asunto, pero no la de Mr. Cook y los ingleses, que lo que buscaban era cortarlo en pedacitos y estudiarlos. Si entregaba a Kraken a los piratas, estos se irían contentos rumbo a alguna corte europea y lo mismo podría suceder con los españoles que partirían sin más trámite hacia Sevilla o Cádiz, con sus cinco mil doblones y la presa; pero eso significaba que todavía quedarían los ingleses. A estos no les satisfaría Kraken porque, aunque fuera un tritón, no tenía la particularidad de «aparearse» exclusivamente con chicos. Era probable que también quisieran a Kraken, pues dos es mejor que uno, pero eso no impediría que Mr. Cook se empecinara en capturar a Coral.

En ese instante comenzó a ver las cosas desde un ángulo distinto: fuere como fuere, el asunto de resolver el conflicto entre los tres bandos, por un lado, y el de Coral por el otro, era un solo asunto y no dos; eran como las dos caras de la misma moneda. No había manera de resolver el tema de hacerse con los tesoros sin resolver al mismo tiempo el tema del futuro de Coral. Pierre había concluido que necesitaba una nave para volver a tierra firme con las riquezas que Coral le había dado —más los cinco mil doblones del galeón— y para esto estaba el San Eustaquio, que debía quedar disponible luego de que los demás se cañonearan y se hundieran entre sí o por lo menos, quedaran inhabilitados para navegar. Ese era, según él, el primer asunto. Por otra parte, había que lograr que Coral no sufriera captura ni daño alguno y que, con Kraken o sin él, permaneciera seguro, sano y salvo en la isla. Ese era el otro asunto. A simple vista, dos; pero viéndolo mejor, lo que tenía a los tres bandos frente a frente era Coral; aunque, siendo rigurosos, Pierre no estaba seguro de qué planeaban los españoles recién llegados pues no sabía cuánto sabrían los españoles, y la discusión en la playa, que no había oído pero sí visto, bien podía significar que los susodichos ya estuvieran al tanto de la búsqueda generalizada del joven tritón.

Así las cosas, cualquier plan para lograr el objetivo principal, o sea, el volver a tierra firme con los tesoros, requería que se solucionara simultáneamente, o quizás, de previo, la seguridad de Coral. «"Eso es lo lógico y tengo que tratarlo estratégicamente", pensó Pierre.» Por lo pronto, no debía perder de vista a Kraken pues, de alguna manera, podía ser una carta que, jugada con inteligencia, podía rendir sus dividendos. Para completar una mejor visión de ese complejo panorama, debía recabar toda la información posible sobre los españoles y sus planes, así como de los ingleses, pues con respecto a estos, lo último que planearon en conjunto, fue que Pierre fuera al Tulipán Negro y se asegurara de liberar a Coral. Según eso, Mr. Cook estaría esperando alguna señal de que dicho objetivo se había logrado y ya debería saberlo en virtud de lo sucedido en la playa con Mr. Clark.



Ishtar Pérez Santacruz

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En el texto hay: piratas, tritones, gay

Editado: 06.05.2018

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