El pirata y el tritón

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33 - ¡Al rescate!

Pierre se lanzó sobre el incauto pero bien satisfecho marinero a fin de tomarlo por el cuello o por lo menos, molerlo a golpes; aunque su furia era tal que estaba decidido a matarlo. Coral se asustó como nunca, pues estaba viendo una faceta de Pierre que jamás pensó que podría tener. Ambos hombres se trenzaron en una lucha muy pareja, pues la ventaja que Peacock tenía como militar era equilibrada con la furia desatada del pirata. Rodaban por el piso de la bodega como una masa informe de brazos y piernas, intentaba uno sujetarlo y el otro zafarse, lanzaban puñetazos que pocas veces daban en el blanco, llenaban la atmósfera de la oscura panza de la fragata con improperios e insultos que los involucrados no entendían pero bien podían intuir, mientras Coral, agazapado entre los sacos de granos no daba crédito a sus ojos.

—Te mataré, asqueroso perro —vociferaba Pierre en francés.

—Maldito pirata mañoso, debería habérmelo imaginado. Demasiado fácil fue que hubieras accedido a pagarme —respondía Peacock en inglés.

En una de las volteretas que en esa trenza humana se produjo, Pierre logró quedar a espaldas del marinero y con su fuerte brazo rodeando su cuello comenzó a estrangularlo.

—Encomiéndate, basura. Di tus últimas oraciones porque vas a morir —gritó Pierre.

—¡Oh! ¡No! ¡No lo mates, Pierre! —dijo Coral saliendo de su escondrijo—. Por lo que más quieras, no lo mates.

—Es inútil. No pidas piedad por él, porque es hombre muerto.

—¡No, Pierre, no! Suéltalo y huyamos. El cumplió lo que prometió. ¿Qué son para ti unos pocos doblones de oro? ¿No te he dado yo muchísimo más? El cumplió, Pierre y tú diste tu palabra.

—Nunca confíes en la palabra de un pirata. Eso, Coral, ya deberías haberlo aprendido —repuso Pierre jadeando por el gran esfuerzo de intentar asfixiar al hasta hacía unos minutos, su custodia y guardián.

Pero mientras Pierre y Coral discutían Peacock pudo lograr propinarle un fuerte codazo en las costillas que dejó a Pierre sin aire y aprovechando tal situación logró soltarse del mortal abrazo, ponerse de pie y lanzarle una fuerte patada al vientre que hizo al pirata contraerse de dolor aún más.

—Pensabas salirte con la tuya, ¿verdad? —decía el marinero al momento de volver a patearlo—. Querías todo, ¿verdad? Tu libertad y tu dinero... maldito pirata.

—¡Detente, Matt! ¡Te lo suplico! —le gritó Coral—. No le hagas daño, por piedad.

—¿Por qué lo defiendes? ¿No ves que es un maldito estafador irresponsable y traidor? —dijo Peacock haciendo una pausa en lo que parecía iba a ser una andanada de puntapiés de proporciones bíblicas.

—Lo sé, lo sé... pero... es mi esposo.

—¡¡¡¿Qué?!!! No digas tonterías, Coral, que no me vas a engañar. ¿Esta rata apestosa te pretende para él? No le creas, muchacho. Ya ves lo taimado que es.

—Es taimado, sí; y estafador, e irresponsable y todo lo que tú quieras, lo acepto; pero es buena persona, Matt... en el fondo es un buen hombre que...

—¡Vaya! Primero me defiendes a mí y ahora a él... ¿quién te entiende, Coral?

—Es fácil: no quiero que nadie muera. Tampoco quería que nadie saliera herido, pero me sorprendió la reacción de Pierre tanto como a ti.

—Tú eres el bueno, Coral, no esta escoria de mar. Déjame rematarlo y huyamos solos tú y yo. No me importa perder el dinero. Trabajaré como cualquier otro hombre y viviremos felices, créeme.

—Pero eso no requiere que tomes su vida, Matt. Déjalo vivir, te lo ruego... hazlo por mí. Si lo dejas vivir, me iré contigo a donde me lleves —dijo Coral hecho un mar de lágrimas.

Peacock se volvió a mirarlo y la imagen del tritón conmovido, compasivo y bondadoso, comenzó a cambiarle el ánimo.

—No llores, Coral —dijo el marinero volviendo a su tono amable—. Ya te dije que sólo debes llorar de felicidad por estar en mis brazos... Si aceptas venir conmigo lo dejaré viv...

Pero no pudo terminar su frase debido al fuerte golpe que recibió en su cabeza. Pierre, atacándolo por la espalda, le noqueó.

—¡Oh, Pierre! ¡¡¡¿Qué has hecho?!!! —clamó Coral asustado.

—No te preocupes. Sólo está inconsciente y será por pocos minutos. Es un tipo fuerte.

Pierre se acercó al marino con la firme idea de quitarle los pantalones.



Ishtar Pérez Santacruz

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En el texto hay: piratas, tritones, gay

Editado: 06.05.2018

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