El Portal De Los Muertos ©

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El reloj sonó a las siete de la mañana en punto, abrí mis ojos de mala gana, no quería ir a la secundaria, odiaba los días lunes, mi cama estaba cálida, no quería levantarme y comenzar a ponerme abrigos, más abrigos, lo malo del invierno era que hacía demasiado frío, y odiaba eso, odiaba el frío, era muy sensible, por eso que cada vez que el invierno marcaba el calendario, lo odiaba, lo odiaba más que la sopa de tomate que mi padre prepara cada fines de semanas, de pensar el sabor amargo de la sopa, hacía que sacara la lengua, odiaba las cosas agrias, así que no quería levantarme y ponerme ropa tras ropa.

Volví a arroparme, y comencé a dormirme de nuevo, pero el segundo reloj de la cómoda sonó, lo cogí de mala gana y lo lancé a la puerta, volví de nuevo a taparme con las sabanas y me acurruqué. El sonido de la puerta abriéndose hizo que sacara la cabeza, me encontré con Marc, estaba apoyado en el umbral de la puerta, me miró con una ceja arqueada. Mi querido hermanastro era muy estricto, era el segundo en llenar mi lista de las personas que desearía patear el trasero, pero también entraba en la lista de chicos atractivos, tenía el cabello rubio y ojos azules claros, esos hermosos ojos que envidiaba.

─Buenos días, Mayleen.─ saludó, mientras entraba en mi cuarto e iba hacia mí. Me giré y me arropé de nuevo, no quería bajar de la cama. Pero no demoré mucho en mi cómoda y cálida cama, ya que Marc me sacó la sabana y me dejó con expuesta al clima.─ sino te levantas ahora mismo, llegarás tarde a la escuela.

Gruñí. No quería salir de la cama, sobre menos cuando estaba nevando afuera.

─El desayuno está en la mesa, apúrate.─ declaró. Pero no me moví, me hice un ovillo con mi cuerpo. Escuché como soltó una carcajada, y yo salté de la cama, poniéndome en posición de pelea. Cada vez que Mar se reía porque no me levantaba, me lanzaba al suelo, era bueno en defensa personal, no solo él, sino yo también, mi padre, nos puso a los dos en un curso de defensa personal de niños, y desde ahí siempre practicábamos, aunque a veces me sorprendía con cualquier movimiento sorpresa.

─ ¿Quieres pelea? Tendrás pelea Marc.─ sonreí de medio lado. Pero antes de que fuera encima de él y le aplique una llave, mi padre apareció en el umbral, con el delantal de cocina. Nos miró con el ceño fruncido.─ Oh, buenos días, papá.

─Buenos días, Mayleen. Levántate y cámbiate, llegarás tarde, no tienes tiempo de estar peleando con Marc.

Asentí con la cabeza.─ si, papá, pero ahora por favor, ¿Pueden irse de mi cuarto? Es hora de que la dama se ponga muchos trapos encima, y créanme, cuando lo hace, lo hace de mal humor.

Marc soltó una carcajada y fue hacia papá.

─Bien, querida dama, nos retiramos para que se cambie. No queremos ser las victimas de su mal humor.─ hizo una reverencia. Y me miró sonriendo.

Le saqué la lengua.─ por supuesto, Marc.

Sonrió y cerró la puerta. Suspiré y comencé a elegir la ropa que tenía que ir puesta a la secundaria, normalmente, usaba el sujetador, una blusa de tiras, luego una blusa de mangas, encima un abrigo y luego un abrigo pesado, usaba dos pantalones, y tres pares de medias, una bufanda y un gorro de lana, ah también guantes de lana. Parecía un robot caminando por tanta ropa que llevaba encima.

Desde que mis padres se separaron, había vivido con mi padre, mi madre había vivido con Holly, mi hermana gemela que murió ahogada en un lago, aún recuerdo cuando la vi en la camilla muerta, estaba lívida, todo su cuerpo estaba frío, teníamos unos ocho años cuando pasó la tragedia, al principio mi padre me pidió vivir con mi madre, pero yo no quería, ir a la casa de mi madre, era recordar a Holly, ver su cuarto, su ropa, sus juguetes, me negué rotundamente, quizás fui cruel con mamá, ya que se había quedado sola sin nadie a su lado, pero no podía volver a pisar esa casa, aún no lo hago, y si lo hago solo me quedo afuera de la casa, la casa donde pasaba con Holly jugando.

Después de cuatro años de la muerte de Holly, mi padre conoció a Lyla, la madre de Marc, al principio siempre peleaba con Marc, pero después le cogí cariño, él es un año mayor que yo, íbamos a la misma secundaria, nos convertimos en hermanos, aunque no de sangre, siempre me ayudaba si lo necesitaba, nunca me preguntaba sobre mi hermana gemela muerta, ya que sabía que no me gustaba hablar del asunto, me acuerdo que me habían llevado a psicólogos y psiquiatras, ya que todas las noches me levantaba llorando y gritando el nombre de Holly, la podía ver en mi cuarto corriendo, mi padre me llevó enseguida al psicólogo, quizás eso me ayudó ya que poco después ya no la veía por ahí, fue horrible aquellos días, pero ahora estaba bien, o quizás no.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: comedia, fantasma, romance

Editado: 04.06.2018

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