El primer amor de Mamá

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Capítulo 1: Nina

Parte I: El destino que nos vuelve a unir

Capítulo 1: Nina

Con el radio como compañía, en un hermoso día de principios de agosto, una camioneta de color azul marino va por la carretera México-Toluca. El vehículo es conducido por una hermosa mujer de una edad de treinta y seis años; de piel blanca pero ligeramente quemada por el sol de la ciudad; ojos cafés oscuro, con las pestañas pintadas de rímel; unos labios carnosos color rosa pálido; de cabello corto que le llega hasta el hombro y cortado por capas; de una complexión delgada pero un poco ancha de las caderas.

En verdad, muy linda o al menos eso pensaba la persona a su lado.

Mirando desde el asiento del copiloto, admirando un paisaje totalmente nuevo para ella, estaba sentada una joven chica de unos catorce años; de complexión delgada; piel parecida a la mujer adulta, pero ligeramente más rosada; ojos de color marrón; cabello castaño y largo que le llegaba a la mitad de la espalda. La joven tenía una sonrisa en el rostro, pues estaba emocionada de al fin poder conocer Toluca, la ciudad natal de su madre: Carolina Medina.

—¿Está todo bien, Nina? —preguntó la mujer.

—Sí, lo que pasa es que me siento emocionada, Mamá.

Nina nunca había salido del Ciudad de México, por lo que la ponía feliz al fin conocer la ciudad natal de su madre. La joven no sabía nada del pasado de ella y ese había sido una de sus más grandes interrogantes.

¿Qué fue de la vida de su madre antes de tenerla?

Ni siquiera conocía a sus abuelos, ni al único tío que sabe que tiene. Es como si la mujer que le dio la vida fuera una especie de criminal que quisiera borrar sus actos del mapa.

“¿Mamá criminal? Ella no sería así. Es seria, pero no para llegar a matar.” Pensó Nina al quitarse esas ideas de la cabeza.

¿Por qué regresar a un lugar que parece que tiene una gran importancia para su madre, tanto que la hizo huir de ahí? Bueno, la razón es que Carolina trabaja como jefe de redacción de un periódico producido por la Editorial Midori y la mandaron a las oficinas en la ciudad de Toluca, ya que vieron que era originaria de ahí. Si no hubiera sido por el trabajo, ella no hubiera regresado, pero no podía decir que no.

¿La razón? Solamente, Carolina lo sabía.

A pesar de que su madre ocultaba muchos misterios, Nina la admiraba mucho. Carolina era una mujer ejemplar, ya que, con una joven edad y un bebé en brazos, pudo salir adelante como madre soltera. Eso nos lleva a otra interrogante, tal vez la más importante de todas:

¿Quién era su padre?

La joven sabía que nunca se lo debía cuestionar a su mamá, era como una ley para ella. Años atrás, le había preguntado muchas veces quién era y en todas esas veces su madre se ponía pálida, alterada, a veces enojada o simplemente, la ignoraba. Eso hizo abandonar la esperanza a Nina de conseguir información por parte de ella, era una pérdida de tiempo. Si quería información, tendría que sacarla de otro lugar.

Nina no sabía absolutamente nada de su padre: ¿Cómo se llama? ¿Era guapo? ¿Cómo conoció a mamá? ¿La amo? ¿Se casaron? ¿Se divorció? ¿Sigue vivo? ¿Dónde está su tumba? ¿Tiene otra familia? Todas esas preguntas abrumaban a la pobre chica.

Tras un rato de contemplar los arboles de la zona conocida como La Marquesa, se comenzaron a ver edificios y centros comerciales. Ya estaban cada vez más cerca de su nueva casa y la nueva vida que les esperaba.

—Ya estamos en la calle de Tollocan —mencionó Carolina—, ya casi llegamos a nuestro nuevo departamento.

Finalmente llegaron a un conjunto habitacional con varios edificios departamentales. El lugar no era ni pequeño ni lujoso, pero podían estar bien. No sabían cuánto tiempo se quedarían aquí, a lo mejor hasta cuando Nina termine el tercer año de secundaria, a la cual ella entraría en unas semanas.

—Mamá, ¿Te gusta este lugar? —Nina miró hacia su madre cuando entraron al lugar, que estaba en el segundo piso.

—¿El departamento? Sí, es lindo.

Las paredes eran de color beige, los techos eran blancos y por suerte, hace unos días vino un camión de mudanza a dejar los muebles, que aún estaban cubiertos de plástico. Había dos habitaciones, un baño, una pequeña cocina integral, una mesa pequeña y una sala de igual tamaño, perfecta para las dos.

Después de una hora de subir cosas al departamento y sacar las cosas de las cajas, acomodarlas en la sala y cocina, Nina entró a una de las habitaciones con algunas de sus pertenencias. Al entrar, dejó lo que llevaba a un lado.



Finnale2412

Editado: 18.08.2019

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