El primer amor de Mamá

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Capítulo 2: Madre e hija

Carolina no tenía la mejor sazón para hacer las comidas, pero al menos era comestible. Nina ya estaba acostumbrada a cocinarse para ella misma desde los once años, casi siempre su madre estaba a fuera de casa por el trabajo. Así que tenerla en casa le era un poco extraño, más que ella le cocinara.

Después de comer, Nina estaba lavando los trastes mientras que Carolina preparaba unas palomitas, pues iban a ver su película favorita: Volver al Futuro. Era muy común entre ambas que Nina fuera la encargada de la limpieza y el orden en el hogar, ya que ella era más responsable que su madre. Si no hubiera sido por la Señora Lorena (a quién le decían de cariño Señora Lore), la joven sería otra hubiera sido otra.

La Señora Lore, era más que la niñera de la joven desde que ella nació, era como su segunda madre. Además, apoyó mucho a Carolina desde que llegó al Ciudad de México sin dinero, sin trabajo y embarazada, dejándola vivir en su casa. Cuando Carolina consiguió trabajo en el periódico, ayudaba a la Señora Lore con los gastos de la casa. Además, a pesar de sus sesenta y dos años, la señora tenía una fonda de comida y ahí Nina aprendió a cocinar y a trabajar por lo que deseaba.

La señora se encariñó mucho con ellas, tomándolas como su hija y nieta, ya que su hijo murió muy joven y estaba sola; hasta que una tarde de lluvia, una joven embaraza llegó sin nada a la fonda y cambió su vida. Ayudó a Nina a irse por un buen camino y la chica la quería mucho. Cuando la joven cumplió los diez años, lamentablemente la Señora Lore falleció por una enfermedad pulmonar. Dejando la fonda a una joven que la ayudaba y que era su vecina, mientras que la casa, se la dejó a la madre e hija y un poco de dinero.

—¡Misaki! —Carolina gritó, pues el gato quería jugar con las palomitas—. ¡No las toques!

El gato corrió hacia Nina, ya que sabía que no lo regañaría frente a ella. La joven, quién terminó de lavar, se secó las manos y tomó al gato.

—Ay Misaki —dijo entre risas la joven—. Tendrás que dejar de jugar con la comida, gato travieso. Ven, vamos a ver mi película favorita.

Los dos se fueron hacia la sala y se sentaron frente al televisor.

—¡Mamá! ¡Ya ven! —gritó Nina desde el sofá.          

Carolina se aproximó con un tazón de palomitas y dos vasos de jugo de naranja, apagó las luces, se sentó y así empezó la película.

_____

—Nina —bostezó Carolina—, vamos a dormir a la cama.

La mujer volteó para darse cuenta de que su hija y el gato ya se habían dormido. Se quedó conmovida y pensando la suerte que tenía por tener una hija así y comenzó a recordar el día que ella nació.

Fue un día que era especial, un once de febrero a las nueve de la mañana. Carolina estuvo casi diez horas con contracciones y su único apoyo era la Señora Lore. Realmente sentía que estaba a punto de morir por los dolores del parto y las complicaciones médicas, pero todo valió la pena cuando vio la cara del bebé por primera vez. Sintió una emoción que no se podía comparar con otra y que probablemente jamás volvería a sentir.

Carolina apartó a Misaki de Nina y la cargó entre sus brazos, hasta su cuarto para acostarla en su cama. Miró hacia arriba de la cama de su hija y vio el cuadro nuevamente, lo que provocó un remordimiento en su corazón. Sabía que su hija tenía muchas dudas, más al tratarse de su padre, pero creía que lo mejor es que nunca se enterara de quién era.

Antes de alejarse de su hija, Carolina le dio un beso en la frente y salió de la habitación, dejando a su hija descansar de un largo día.

_____

—My Guardian —susurraron unas voces en la oscuridad del sueño—, My Guardian.

—¿¡QUIÉN ESTA AHÍ?! —Carolina corrió desesperada entre las sombras.

—Remember... me, My Guardian —no tenía idea de dónde provenia esa voz.

La mujer tropezó y al alzar la mirada, se da cuenta de una extraña silu ceta a la lo lejos.

—¿Eres…? —habló débilmente.

De pronto, Carolina despertó de su sueño. Tras calmarse un poco, volvió a dormir.

____

Nina no podía creer que su madre vivió en algunas de las casas del pueblo que veía a través de la ventana. De repente, la camioneta se detuvo frente a una puerta negra. La joven salió y entró. Su sorpresa fue encontrase un camino de tierra que tenía al lado árboles frondosos y con peras colgado en ellas. Unos metros después, llegaron a un pequeño patio y alrededor de este, cuatro casas de dos pisos casa una.



Finnale2412

Editado: 18.08.2019

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