El primer amor de Mamá

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Capítulo 21: Sueño muerto

Ya era de noche en la ciudad y Franco llegó a la sala de espera del hospital de la Cruz Roja, regresaba de dejar a Daniel en casa de su abuela y prometiéndole a su hijo mantenerlo al tanto de la situación. Cuando entró, se encontró a una mujer bastante triste y sentada en una de las sillas de ese lugar.

—¿Hay noticias? —preguntó al acercarse a ella.        

—No y eso es mucho peor —contestó en voz baja.             

En ese momento, un doctor llegó a la sala de espera.

—¿Familiares de Nina Medina? —preguntó en voz alta.

Ambos adultos se acercaron al doctor.                                  

—Yo soy su madre.

—No tenemos muy gratas noticias —habló seriamente—. La joven se fracturó el brazo y la pierna izquierda y ha perdido mucha sangre, pero eso no es lo peor.

—Dígalo de una vez, doctor —Franco comenzaba a desesperarse.

—Nina sufrió un fuerte golpe en la cabeza y está inconsciente.

Aquella mujer no pudo más y comenzó a llorar amargamente, inmediatamente Franco la abrazó para tratar de consolarla, luego él miró de nuevo al doctor.

—¿Cuánto tiempo estará así?

—No sabemos, podría tardar horas, días, meses, incluso años. Lo único que queda es esperar. Lo bueno es que Nina fue traída a tiempo, de lo contrario, no hubiera sobrevivido —dio media vuelta—. Me retiro.

Al irse el médico, Franco llevó a Carolina a sentarse de nuevo.

—Calma —le entregó un pañuelo—. Ya verás que Nina volverá a despertar.

—Si tan solo yo hubiera visto la camioneta, si no hubiera sido tan imprudente... ella estaría ahora dormida tranquila en su cuarto.

—Pero el “hubiera” no existe, Carolina. Ahora tenemos que continuar y esperar a que despierte.

—Yo soy la peor madre. No merezco serlo. Nunca lo he merecido.

—¿A qué te refieres? —estaba confundido.

Así Carolina comenzó a contarle a aquel hombre que, hace algunos años, ella pasaba por una depresión muy fuerte y cometió muchas tonterías. Una tarde, empezó a tener muchas náuseas y sin decirles a sus padres se hizo una prueba de embarazo. Salió positivo. Sentía que el mundo se le venía encima y empezó a tomar odio por el ser que crecía en sus entrañas.

Unos días después, se peleó con sus padres cuando esto se enteraron de su condición y de la manera imprudente en que había actuado en las últimas semanas. Enojada y frustrada, tomó parte de su ropa, sus papeles y dinero, abordó un autobús y escapó de casa para ir al Ciudad de México a practicarse un aborto. No quería tener al niño, no quería saber nada de él.

Al llegar ahí, en la terminal, fue asaltada y lo único que conservó fue parte de su ropa en una mochila y sus papeles. No tenía dinero y lo único que le quedó por hacer era vagar por las calles. Por dos días y tres noches, pasó hambre, frío y soledad. Tenía que pedir limosna y enfrentarse a varios peligros. Pensó en llamar a sus padres, pero no tenía el valor para pedirles ayuda por cómo había terminado todo.

Una tarde, durante una fuerte lluvia, Carolina caminaba con una fuerte hambre, cuando llegó a una calle privada y vio una pequeña fonda, donde podía oler una comida exquisita. Caminó como pudo hacia el lugar y al llegar a la puerta de la fonda, colapsó. Cuando despertó, se encontró en una cama y al lado había una viejita con una sonrisa. Aquella mujer mayor se presentó con el nombre de Lorena, pero que de cariño le podía decir Señora Lore.

Esa mujer le preguntó muchas cosas a Carolina, entre ellas como llegó a la Ciudad de México y la mujer escuchó toda su historia atentamente. Al terminar, la Señora Lore se enojó mucho y le dijo que no cometiera esa tontería, que el bebé no tenía la culpa de nada.

Le ofreció techo, comida, trabajo y una reflexión de lo que era correcto. Así pasaron los meses, Carolina ayudaba a la recepción de la fonda como camarera y así pagaba el hospedaje con la Señora Lore. Cuando cumplió los dos meses de gestación, la llevaron a un ultrasonido. Al ver en el monitor al bebé ya formado, parte de su ira contra él desapareció para transformarse en cariño. Cuando cumplió los tres meses de embarazo, su situación cayó a una crítica. Tuvo varias complicaciones que llegaron a un punto que la doctora que atendía a Carolina les dijo que podría pasar lo peor para la madre y el bebé si seguían adelante con esto. Aun así, decidió continuar con el embarazo, aunque fuera con muchos cuidados.

El día del parto llegó, todo se complicó. La mujer entró a un estado crítico al igual que el bebé, pero con su voluntad y su amor por ese pequeño ser, logró dar luz. Escuchó a una enfermera decir que era una hermosa niña. Los ojos y el corazón de Carolina se conmovieron al ver por primera vez a su pequeña hija. Como agradecimiento por lo que había hecho por ellas, aquella mujer le puso a su hija el nombre de Nina, ya que la señora Lore no podía pronunciar la “Ñ”.



Finnale2412

Editado: 18.08.2019

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