El príncipe que no estaba destinado a reinar

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 27 - Peligrosidad de una mente excéntrica

 

—¿Y cómo es eso de que ahora estás tarado? —Bastian Langeberg hizo aquella pregunta con cierta dificultad, pues todavía no había terminado de devorar su desayuno y aparte le costaba lo suyo tener que hablar mientras hacía un vano esfuerzo por contener la risa—. ¿Qué querías?, ¿asustarle? La verdad es que no comprendo la razón, con ese aire fantasmagórico que tienes siempre yo diría que no necesitas cambiar de hábitos para alterar a nadie. Ahora bien, quizá me equivoque… o yo sea más valiente de lo que creía.

—Quería ver si lograba sonsacarle algo —Por su parte, el marqués de Orellana poseía un semblante serio y meditativo; pese a su habitual sentido del humor, en ese instante no parecía ser consciente de broma alguna—. Y no estoy seguro de que haya funcionado para otra cosa que no sea, como has dicho, para asustarle. Desde luego, el tiempo dirá si mi afirmación ha hecho efecto, pero me gustaría no tener que ser tan drástico como para confirmar un suceso terrible con nada menos que otro suceso terrible.

—No me digas que le amenazaste, ¡eso es tan impropio de ti!

—No le amenacé. Le advertí —Tras una breve pausa, Federico dijo—. En todo caso, eso no es lo que más me preocupa. Es decir, Kaspar tiene todas las pistas para ponerse a salvo. Puede que no sepa a qué temer o de qué ocultarse (si es que siempre ha dicho la verdad), pero tendría los medios para defenderse. Lo que me ocupa ahora es saber el motivo. ¿Por qué lord Mahon consiguió la custodia? Y no, no te pongas ahora a darle la razón al crío. No digas que es cierto que la locura se ha cebado conmigo o que mi memoria ya no es lo que era. ¡Por supuesto que no le dejé el camino libre a lord Mahon! Mis instrucciones para von Tucher fueron muy claras, no alcanzo a entender cómo…

El marqués se detuvo y Bastian le miró inquisitivo: era inútil preguntar. Federico ya arrancaría cuando le diese la gana.

—¡Ese bastardo anda en tratos con la Gran Duquesa consorte! —exclamó, consiguiendo que varios comensales dirigieran su vista hacia él.

El doctor sabía ahora la vergüenza que en otras ocasiones había supuesto para su amigo el tener que compartir mesa con él cuando, en particular, algún jugoso rumor se hacía eco y quienes estaban más puestos en temas sociales no podían evitar excitarse. Por supuesto, a alguien como Bastian le podían más las ganas de hablar de una mujer de alta alcurnia que las ganas de desvanecerse por un descuido del marqués. Porque quizá en otros aquella actitud pudiese considerarse de bárbaros, pero en una persona como Federico sólo podía implicar que su excentricidad se estaba incrementando. ¡Y desde luego que no existía nada de malo en ello!

—Eso explica por qué te llegaban rumores de que estaba en la ruina pero podía permitírselo todo. También explica por qué von Tucher decidió finalmente apartarse de la lucha por la custodia; si él pensó que los designios de Baden debían ser tenidos en cuenta… ¡Pues claro que lo pensó! Aquí uno lleva corona no importa lo que pida; ha de cumplirse. E incluso si lo que le impulsó no fue el poder, ¡estamos en las mismas! Lord Mahon podía conseguir el dinero, podía hacer lo que quisiese.

—¿Para qué darle vueltas? Lo veo todo muy absurdo: si tantas ganas tenías de que von Feuerbach te confiase la vida (y la obra, porque es evidente que Kaspar ha de ser un portento o poco menos) del chico, ¿por qué no lo pediste directamente y te dejaste de intermediarios? Oh sí, no me vengas con que no te gustan los niños. Podrías haber hecho como el conde: fingir aprecio cuando Kaspar estuviese cerca y, al hartarte de estar a su lado, encargarle a algún cura o policía o lo que sea que se encargase de él en tu ausencia. Nadie te contradeciría; eres un marqués. Si tú dices que tienes que hacer algo de alta importancia, tendrás que hacerlo. Nadie cuestionará tus razones.

—Dijo el que protestaba porque no quería encargarse él de Kaspar, dado el caso —Federico se apresuró a decir—. Piensa un poco, Bastian. No conozco a nadie más en Núremberg; si tuviese que soltar a Kaspar, como si de un paquete se tratase, te lo dejaría a ti.

—¡Tonterías! Sabes lo que opino yo de la materia, jamás accedería. ¿Y qué hay de malo en von Tucher? Si un galán con título nobiliario viniese diciendo que quiere adoptar a Kaspar por orden de la duquesa, ¡yo también se lo entregaría!

—Hombre, de ti no me sorprende: te gusta la fama y el prestigio. Von Tucher es un don nadie, ni siquiera dispone de un gramo de astucia. Seguro que lord Mahon le ofreció una suma ridícula a cambio de su derrota y él aceptó de inmediato, sin habérsele ocurrido que podía tratar de negociar una oferta mej…



PhoebeWilkes

#141 en Detective
#88 en Novela negra
#965 en Otros
#131 en Novela histórica

En el texto hay: asesinato, realeza, policiaco

Editado: 19.08.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar