"El Príncipe que repartía Pizzas"

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Capítulo Único: "El Príncipe que repartía Pizzas"

Puedo comenzar diciendo que mi vida es...común y corriente, o al menos lo que debería ser para cualquier chico de veinticuatro años. Vivo con mi mamá y dos hermanas menores, una de nueve años y la otra tiene dieciséis. Nos llevamos bien...bueno, algunos días más que otros, pero igual las quiero. Mi madre es mi adoración, trabaja muy duro cada día por nosotros, desde que mi padre nos abandonó ella ha tratado de ser no sólo la mejor madre del mundo, sino la proveedora de todas nuestras necesidades. Es simplemente incansable y por eso la admiro tanto.

Desde hace algún tiempo comencé a trabajar en una pizzería para apoyarla económicamente con los gastos de la casa. En las mañanas voy a la universidad, estoy estudiando administración de empresas y en las tardes, hasta la noche, trabajo repartiendo pizzas. Los fines de semana los dedico a ayudar en la casa y hacerlos los trabajos de la universidad. Como verán, mi vida es "normal", creo que más bien algo rutinaria.

Mi vida social...es un poco aburrida. Tengo una amiga, que es mi vecina de toda la vida, Lola, toda una mezcla de un Tsunami con una Erupción Volcánica, es energía pura y descontrolada. Ella se encarga de hacer de mis monótonos días una experiencia divertida. De no ser por Lola creo que mi vida llegaría a ser terriblemente tediosa. Del resto, no tengo mucho más que contar: Mis compañeros de la "Uni" son bastante agradables...Mis abuelitos son un amor, de vez en cuando los visito...si eso es todo...aunque...

¡Bien! Se los diré: Estoy enamorado de alguien. Y no es algo nuevo, de hecho es casi desde la infancia. Una cuadra y media, bajando por mi calle, vive un chico: Su nombre es Henry y solíamos ser buenos amigos. Íbamos al mismo colegio y era mi camarada. Me la pasaba metido en su casa o él en la mía...ustedes saben, ese tipo de amistades inseparables. Recuerdo que solíamos jugar a que éramos piratas, o súper héroes, siempre salvando al mundo de algún gran mal que le amenazaba...o éramos los príncipes que siempre rescatábamos a alguna doncella en peligro de los furiosos dragones (Mis preferidos) o brujas y villanos mágicos...Bueno, éramos niños, teníamos una gran imaginación.

En secundaría fue lo mismo, el "Dúo dinámico" que siempre estaba dispuesto a la aventura. Pasarla con él era muy divertido, los peligros y los retos seguían allí esperando por nosotros. Pero, cuando los chicos crecen, ya no les basta las princesas de su imaginación, empiezan a interesarse por las de carne y hueso. Entonces Henry empezó a vivir su propio cuento, con sus propias princesas... y yo...empecé a quedarme solo, sin mi compañero de aventuras.

No entendía al principio qué sucedía, pero sinceramente no le veía la emoción de ir tras estas princesas, que en la gran mayoría de las veces, no estaban en peligro alguno. Se me hacía tremendamente aburrido: No había dragones, ni brujas, ni villanos de gran poder...No había aventuras ni riesgos para dos príncipes valientes y temerarios. Entonces pensé que quizás mi amigo era víctima de alguna clase de hechizo, quizás en alguna de nuestras aventuras pasadas algún malvado mago le encantó y Henry quedó cautivó de este mal. ¿Cómo podría salvar a mi amigo? Cada día se alejaba más de mí, estaba cada vez más cautivo de aquella malvada magia.

Un día, estábamos en su habitación, teníamos un trabajo de Historia Universal bastante fastidioso. Wikipedia no hace milagros, así que entre libros y páginas webs intentábamos completar aquella extensa investigación. Entonces le vi, mientras estaba distraído buscando no sé qué cosa sobre los medos y los persas. Se hizo muy claro para mí cuál era aquel malvado hechizo que nos sepaba: Era el amor. Pero no era Henry quien había sido poseído, era yo. Por eso no me emocionaban las princesas de carne y hueso, ni había vuelto a ver a los dragones, brujas y villanos. Mis aventuras se habían vuelto aburridas y sin sentido porque ya no estaba a mi lado, él había madurado y dejado atrás los juegos infantiles, pero yo me quedé atrapado en ese mundo de fantasía donde antes solíamos estar juntos y felices.

Tenía que librarme de aquel encanto de alguna forma, nuestro mundo fantástico se desmoronaba, la magia se agotaba, no podía resistir más si no lograba recuperar a mi compañero de aventuras. Y no existía una mejor forma de "romper hechizos" que con un beso de amor real, bueno, al menos eso siempre decían los cuentos que leía. Así que me acerqué a mi príncipe en ese momento y le tomé desprevenido. Cuando acerqué mi rostro al suyo no se alejó, sabía lo que iba hacer y lo esperó. Coloqué mis labios sobre los suyos y los junté, fue la emoción más profunda y cálida que sentí en toda mi vida. Él me correspondió, así que, por un instante que me pareció eterno, nos unimos en aquella magia propia del mundo fantástico que habíamos creado juntos.

Pero...no duró mucho el efecto. De pronto Henry se apartó y me echó a un lado como si hubiera visto en mi alguna visión tenebrosa o espectral.



Luzbel Guerrero

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En el texto hay: lgbt, gay, primer amor

Editado: 18.02.2018

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