El rapto de Isabela

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Capítulo 4

Oriana estaba feliz, no sabía cuánto tiempo exactamente había estado a bordo de aquel barco, más de una semana sin pisar tierra, estaba segura. Sentía una enorme necesidad de volver a tierra firme, de limpiarse y conseguir algo de ropa que no fuera aquel precioso vestido azul cielo que llevaba desde la fiesta en su casa y que ahora estaba muy roto y muy sucio.

Vio la llegada a puerto desde cubierta, y al ver a las personas allí, viviendo sus vidas tranquilamente, sintió un enorme peso en el corazón y todo rastro de felicidad se borró de su cuerpo. Quería ver a su familia, porque a pesar de todo, era su única familia. La imagen de su mejor amigo de toda la vida, huyendo de ella en la oscuridad de la noche como si de una sombra se tratase, le vino a la mente y le provocó ganas de llorar. Pero no quería hacerlo, quería ser fuerte. Se giró a la derecha, donde su nuevo amigo ojiazul, uno de los hombres que le había hecho compañía y había cuidado de ella durante esa larga semana, estaba, con una sonrisa plantada en la cara, feliz también de dejar el mar atrás, aunque solo fuera por unas horas.

- ¿Estás bien? – le preguntó preocupado. Oriana asintió con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra alguna a causa del nudo que se había instalado en su garganta - ¿estás segura? – el chico parecía realmente preocupado por el cambio de humor de la muchacha, pero ello solo miró el suelo, evitando los ojos azules que la miraban, buscando la respuesta no pronunciada. Oriana no quería hablarle de eso.

- Estoy segura – logró articular, en un susurro, con mayor dificultad de la que creía.

- Si te soy sincero, no lo parece – opinó, guiándola a través de la gente del puerto – pero si no me lo quieres contar, no lo hagas, no te voy a presionar, pero que sepas, que es peor para ti – guardó silencio un momento, esperando a que la joven se abriera y le contase lo que sucedía, pero no habló – llevas un peso sobre los hombros desde hace tiempo, pero parece haberse hecho mayor en los últimos minutos, ese peso solo lo puedes quitar de una forma...

- Hablando – Oriana finalizó la frase. Su madre solía decirle ese tipo de consejos siempre que tenía ocasión – tienes razón – lo miró, decidida a contarle todo lo que pasaba por su mente en aquellos momentos – antes de bueno... ya sabes – empezó a narrar, haciendo gestos en las manos para indicar su secuestro, Daniel asintió con la cabeza, comprendiendo lo que no quería decir con palabras – hubo una fiesta, por eso el vestido – se señaló la prenda, rota y sucia – cuando la fiesta terminó, mi amigo... mi mejor amigo – Oriana sonrió de lado, le dolía recordarle, pero siempre lo haría – me pidió matrimonio. No lo hizo directamente – le aclaró, girándose hacia él – no fue una propuesta con anillo ni en un sitio espectacular... tampoco es que haya sitios así en la isla – añadió en un susurró – me pidió que me fuera con él a ver el mundo, le contesté que sería indecoroso...

- Y mírate ahora, has bajado de un barco donde tu eres la única mujer, ¿qué pensarán de ti? – la interrumpió. Oriana le lanzó una mirada que podía haber enterrado al ojiazul, pero este solo se rio – sigue.

- Me contesto que no tenía porque resultarlo... segundos después se disculpó – hizo una breve pausa y siguió hablando, pero con otra entonación – para mi sería mejor casarme con él, lo conozco, sé cómo es, lo que le gusta, lo que no... – suspiró ante los recuerdos que se amontonaban en su memoria.

- ¿Puedes ser un poco más...?

- ¡No me interrumpas! – lo regaño, golpeándolo amistosamente en el brazo – el caso es que lo conozco de siempre, y él a mí, claro es. Nuestro matrimonio no sonaba tan mal cuando no iba a poder elegir a mi futuro marido, alguien a quién seguramente no conozca de nada. Pero yo quería salir de allí, vivir, ver lo que este mundo podía ofrecer, y tenía la sensación... aún la tengo... de que si me casaba con él no lo iba a poder hacer, aunque él me había pedido que me hiciéramos exactamente eso – suspiró mirando sus pies sobre la tierra húmeda del camino – también sentí que no lo quería tanto como él a mí, así que lo rechacé, por el bien de ambos. No se exactamente en que momento salió de mi habitación...

- ¿Estabais los dos solos en una habitación? ¿Eso no es indecoroso? – la volvió a interrumpir, recibiendo una mala mirada por parte de la chica, que se había quedado sin palabras por un momento.

- Te he dicho que no me interrumpas – lo volvió a golpear, causando la risa del pirata.

- A sus órdenes, mi señora, continúe con su relato – hizo una mala reverencia que causó una pequeña sonrisa en el rostro de la morena.



Dafne De La Vega

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En el texto hay: fantasmas, piratas, brujas

Editado: 26.03.2019

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