El regresar de la princesa

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Capítulo 05

Pov’s Erin.

Me lanzo con todo arriba de la cama, Atka se acerca rápidamente a mí. Ha pasado todo un día ya, no he sabido absolutamente nada de Roberto, la niña bruja, ni de Dana, de hecho eso es lo que más molesta. Quiero saber cómo está la chica ardilla, no me gustaría saber que lo está pasando mal.

—Estoy tan aburrida… — susurro acariciándole la cabeza a mi lobo — quiero salir, no quiero estar más encerrada aquí.

Desde que estamos aquí, son pocas las veces que Atka necesita salir, los orangutanes le ponen una gran correa antes de permitirle la salida, cuando regresa siempre tiene esa parte de su cuerpo lastimada, él dice que es porque la correa tiene magia, pero yo creo que son esos malvados hombres lo que se lo hacen.

Somos dos — me lame la mano levemente.

Tras unos segundos así, me levanto de la cama, salgo de la habitación y bajo las escaleras. En la planta de abajo, un olor repugnante me invade completamente. Lo malo de todo esto es que Itzel está dormida, la han dormido ellos exactamente después de que nos sacaran de ese sucio calabozo, por lo cual no puedo convertirme en una loba y verificar con mi olfato más agudo de quien se trata. Por una parte me alegro de que ella se encuentre dormida, de ese modo no sufre tanto con la separación de su alma gemela. Ojala a mí también me hubieran dormido.

—Señorita… — la ronca voz de uno de los guardias causa un escalofrió dentro de mí — tiene visita, aleje de la puerta para que podamos abrir.

Ruedo mis ojos cansada del absurdo comportamiento de aquellos hombres. Me siento en el cuarto escalón de la larga escalera y me quedo viendo la puerta con suma atención. Atka está un peldaño más arriba de mí. La puerta al fin se abre, de ella entra un joven de alta estatura, piel pálida, los ojos muy rojos, cabello castaño y de cuerpo ancho.

—Hola — la puerta se cierra después de que él entra, el chico sonríe muy animado ante todo este asunto. Su olor me recuerda alguien en particular.

— ¿Y tú quien se supone que eres? — lo miro curiosa, quiero que me responda, que me diga que fue lo que paso.

—Vaya, lo que dicen todos es verdad, eres muy hermosa — da unos cuantos pasos y mira todo a su alrededor — mi nombre es Vince, Vince Cleto — sonríe una vez más, esa sonrisa me recuerda a alguien, pero no sé realmente a quien.

— ¿Vince? — susurro su nombre, no me suena para nada, ni siquiera el apellido.

El chico mira por arriba de su hombro, a la puerta por donde ha entrado a la casa.

—Necesito hablar contigo… — susurra en mi mente, supongo que gracias a ser mitad vampira puedo hablar por la mente, pues para un lobo normal, que le duerman el compañero, lo dejarían indefenso ante todo — no digas nada en voz alta — se apresura en volver a hablar — ellos podría oírte.

Muevo mi cabeza de arriba abajo, con un nuevo movimiento de cabeza él entiende que debe seguirme. Los dos caminamos hasta el despacho de Roberto, el cual se encuentra alejado de la puerta principal de la casa.

—Dime, ¿de qué quieres hablar conmigo? — lo miro de brazos cruzados, esperando a que me responda rápidamente. Todo esto me pone muy ansiosa, él no me causa temor a pesar de su mirada rojiza.

Atka se encuentra a mi lado, con ambas de sus orejas bien levantadas para oír todo mejor, pero no solo lo que Vince ha venido a decir, si no que cualquier ruido que provenga de otra parte que no sea este despacho. Él luce tranquilo.

—Tengo una amiga que me ha pedido ayuda en algo. Ella quiere sacarte de aquí lo antes posible y yo puedo hacerme pasar fácilmente por alguien de confianza delante de todos. Nadie sospecha de mí, todos piensan que soy alguien en quien Roberto confía plenamente para permitirme venir a verte — sonríe satisfecho por su logro.

—No entiendo — admito.

—Lo sé — sonríe — tu solo tienes que confiar en mí. Soy un brujo, uno de los mejores en todo el país… — mira la puerta del cuarto — te podría sacar de un pestañeo de este lugar — vuelve a mirarme — pero en estos momentos no puedo hacerlo… — aplana sus labios — tu pareja ha regresado un poco antes de lo planeado — luce molesto, cansado por la situación —. Procura no decirle a nadie sobre nuestro encuentro.

Tras decir aquello, se da media vuelta para irse. Me quedo unos segundos analizando todo lo que el chico me ha dicho, no he comprendido del todo bien sus palabras, pero supongo que tendré que esperar a que vuelva a aparecer para que me explique con mayor claridad. La puerta de la entrada suena violentamente, pego un brinco en mi puesto y recién reacciono a mí alrededor. Dudosa, camino fuera del despacho. Roberto tiene la cara llena de golpes, ha tenido una pelea dura.



Carla Bustamante (Carla17)

Editado: 08.12.2018

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