El Reino de Cantordan

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Capítulo 5:

Dante se levantó despacio de la cama, todavía se encontraba adormecido por el hechizo paralizador. Miró por la venta y vio al sol imponente en el cielo. Decidió que ya no era tiempo de lamentos y, por lo tanto, su periodo de luto había acabado. Después de todo, Ana no hubiera querido verlo deprimido el resto de su vida, solo por haber cometido errores fatales.

—Es tiempo, Yakw— musitó, mientras seguía observando la plateada luna por el cristal de la ventana.

— ¿Tu promesa?

Yakw mantenía la cabeza agachada. Las lágrimas aun corrían por su rostro, sin embargo tenía una sonrisa dibujada en el rostro. El tabernero amaba a Ana tanto como a sus inseparables amigos. En un punto, esos tres niños que rescató mucho tiempo atrás, se habían vuelto indispensable para su vida.

Hace tres meses, cuando vio solo a Arsem y a Dante entrar por la puerta de su bar, algo se rompió dentro de él. Pero, ahora se alegraba que Dante fuera el mismo niño decidido de siempre, aunque ahora ya no le temía a todo. Definitivamente, habían crecido.

—Bien, Dante. Me alegra que vuelvas a ser tú mismo— dijo, mientras se secaba las lágrimas y le ofrecía una sonrisa al muchacho. Dante dirigió su mirada hacia él y le devolvió la sonrisa. Se le veía aun algo melancólico, pero tenía aquella mirada decidida. Entonces, Yakw, con una amplia sonrisa agregó: — ¿Te reunirás con los Caballeros Blancos?

—Sí, ese es el primer paso. El problema será encontrarlos. Aun no sé dónde estarán ocultos.

—Aquí en Domingo. La presencia militar es menor en esta ciudad; no entiendo por qué. — decía Yakw, más para el mismo que para Dante. Reposó la mano en la barbilla y miró al muchacho; estaba indeciso sobre lo siguiente que le iba a decir, pero finalmente creyó que era lo correcto— Si quieres encontrar a los rebeldes, Dante, tienes que ser un chatarrero una vez más e ir a sacar a Jorik Seth de su calabozo.

—Lo sé, Yakw. Ya lo había estado pensando. Será difícil entrar al Castillo de Gregory, el Estoico— el muchacho parecía que se encontraba en un dilema. Todavía mantenía la mirada decidida en el rostro, tal vez solo se preguntaba como entrar al castillo. Al tabernero, el muchacho le pareció mucho mayor con aquella mirada fija en el suelo y la amplia sonrisa en el rostro—. Pero, primero, ¿por qué no me preparas unas patas de cerdo y me dices dónde demonios está el idiota de Arsem, Yakw?

 

 

 

A las afueras del Bosque Bicolor Gris, la incandescente luz de una fogata creaba espeluznantes sombras junto con la copa de los árboles. El silbido del viento se colaba entre el silencio eterno de la noche, al mismo tiempo, que un fugaz aullido se le unía. Dos hombres se encontraban junto a la protección que puede ofrecer el fuego; sin mirarse, sin hablarse.

Por precaución, Arsem había atado las manos de Torrance cuando decidió acompañarlo y, una vez se habían sentado a descansar, también le ató los pies. El muchacho aun trataba de asimilar la demente historia que Torrance le había contado. ¿Criaturas del inframundo invocadas para destruir Cantordan? Era un disparate total y, todavía con eso, ahí estaba, al lado del asesino de Ana y casi creyendo su historia. ¿Qué le diría después, que los dragones existen?

Kang Doom era famoso por guardar un gran rencor a todo cantordiano existente. Nadie sabía a qué se debía tal magnitud de odio, pero rumores decían que con la invasión Cantordan a Templarence, había perdido a toda su familia. Por el famoso desprecio, Arsem no tenía dudas de que Doom no estuviera satisfecho solo con tener bajo su poder la ciudad más importante del reino. Tampoco le parecía tan distante que quisiera arrasar o causar el mayor sufrimiento a todo Cantordan. La venganza estaba en la propia idiosincrasia de las personas, de donde quiera que fueran, siempre buscaban lastimar a los que los lastimaron. Pero, los causantes de la guerra ya estaban muertos, Cantordan era más templarence que cantordiano, no existía motivos actuales para causar más sufrimiento. A menos que creyera que…

—Torrance, ¿acaso Doom cree que Los Caballeros blancos están dirigidos por la misma orden de la Batalla de Domingo?— preguntó Arsem, sin mirar al hombre recostado.

Torrance se iba quedando dormido. Pero, el tono preocupado del muchacho a su lado puso sus sentidos en alerta. Miraba el rojo fuego, mientras se sentaba y acomodaba su cuerpo en la hierba de aquel campo.

—Con seguridad, no lo sé. Doom cree que Cantordan y su gente es escoria. Cree que traerá paz a la nación al eliminarlos— las cuerdas le apretaban las muñecas y los tobillos. Aun así creía que se lo merecía—. Definitivamente, está loco y tiene muchos seguidores. Después de todo, la guerra fue iniciada por Cantordan, muchos templarences perdieron padres, hijos y familias enteras.



Brando Aubert

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Editado: 08.03.2018

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