El Reino de Cantordan

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Capítulo 6:

Kang Doom se admiraba frente al espejo. Lleva unos pantalones anchos, una camisa de seda color hueso que le quedaba holgada, un cinturón de cuero de donde colgaba la vaina de la espada, a la vez que, ceñía la camisa a su cuerpo. Había dejado las tiras del pecho de la camisa sin atar, pues al dejar sus musculosos pectorales a la vista creía dar un aire de poder y virilidad.

Retrocedió unos pasos, y sin dejar de mirarse en el gran espejo, palpó su cama buscando el manto color marrón. Cuando su mano por fin la encontró, se lo colocó sobre los hombros. El manto apenas le llegaba a los tobillos. Eso le agradaba. Un manto que era demasiado largo no era óptimo para caminar, pero un manto que no era lo suficientemente largo no cumpliría su función social.

Función social…— empezó a divagar por su cabeza—función social…función social…función social. Yo, Kang Doom, soy el eje de la sociedad, el centro. Debo traer paz para todos. Debo garantizar una vida sin más guerras, sin sufrimiento para mis compatriotas. Yo… soy el encargado. Para lograrlo hay que exterminar a los que nos hicieron sufrir.”

Admiró una vez más el bordado de plata en el extremo derecho del manto. El bordado dibujaba una pequeña hoja rodeada de un círculo. Finalmente, le dio la espalda al gran espejo y se acercó a la criada que esperaba cerca a la puerta.

— ¿Todo listo?— preguntó el regente.

La criada, sin mirarle el rostro, asintió con la cabeza. A continuación, Kang Doom salió de sus aposentos, no sin antes, observar los detalles de la puerta: la misma hoja dentro del círculo.

 El amplio pasillo estaba adornado por diferentes piezas de arte. En el lado derecho, se encontraban diferentes esculturas de variados estilos; en el lado izquierdo, pinturas de hermosos paisajes adornaban las paredes. Kang Doom se detuvo a apreciar la escultura de un hombre con el torso descubierto y con una de las piernas sobre una roca, tenía las manos abiertas hacia el cielo.

—El arte también es el centro de la sociedad, separa a los hombres de los animales y de las bestias— expresó a nadie en particular.

Continuó con su camino. Unas escaleras en curva se extendían al final del amplio pasillo. En la planta inferior se encontraban varias criadas y un hombre en una armadura gris, con una capa azul y con una expresión seria.

Toda la habitación, al igual que el pasillo anterior, estaba iluminada por una lámpara de araña que colgaba en lo alto del techo. La luz que irradiaba parecía ser la misma que alumbraba toda la ciudad. Además, se podrían percibir pequeños detalles tallados en la lámpara, sin embargo, era difícil decir con exactitud lo que representaban.

—Señor, los ciudadanos esperan al otro lado del puente. — dijo el guardia con la mirada al suelo, una vez que Doom puso sus pies en la alfombra roja de la planta baja.

Sin prestarle atención, Kang Doom salió al gran patio del castillo. Frente a él se encontraba la muralla del puente levadizo. Al lado derecho, se encontraba el cuarto de armas y más allá las habitaciones de los guardias que vivían en el castillo. Al lado izquierdo, se encontraba el portón que llevaba al patio principal, donde se encontraba el establo y el pozo de agua.

Doom subió por las escaleras de piedra que llevaba a la parte superior de la muralla principal. En la torre de la esquina de la muralla, se encontró con un hombre de estatura mediana, cabello castaño claro y ojos café. Al igual que el resto de los guardias del castillo, tenía puesto la armadura gris, sin el casco, y la capa azul; sin embargo, en su hombrera derecha estaba pintada de un color verde hoja, lo cual indicaba su rango como capitán de escuadrón.

—Señor Doom, los preparativos están listos. La gente de la ciudad está al otro lado del foso. El puente levadizo está levantado, para evitar cualquier inconveniente.

—Perfecto, joven Moad— expresó el regente, mirando fijamente al joven guardia, como muestra de su respeto. Luego, agregó: —. ¿Mis palabras llegaran a todas las personas ahí abajo?— al otro lado del foso de agua se encontraba un gran tumulto de personas que habían sido reunidas para escuchar al gran regente.

—Sí, señor— afirmó Moad con gran seguridad en la voz— Yo mismo supervisé que los magos del castillo se encargaran de garantizar que su discurso sea escuchado por toda la ciudad.

 

Kang Doom sonrió satisfecho. Respetaba a muy pocas personas, ya que consideraba al resto del mundo un despropósito, incluso a sus propios compatriotas. Sin embargo, existían ocasiones en que se sorprendía a si mismo confiando sinceramente en las capacidades de otras personas, como era el caso con Moad Cristal. Aquel joven, apenas cumplía los veintidós años y demostraba un espíritu y determinación que Doom no había encontrado en otro soldado. La primera vez que Doom se dio cuenta de su presencia, fue durante una expedición por las Montañas Milenarias, ese día Moad Cristal se interpuso entre Doom y una flecha. Y, aunque Doom hubiera podido desviar la flecha sin esfuerzo, la determinación del guardia se ganó su confianza.



Brando Aubert

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Editado: 08.03.2018

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