El Reino De Las Hadas ©

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INTRODUCCIÓN

El silencio después de la tormenta es más tenebroso y mustio, eso sentí cuando el automóvil chocó con mi cuerpo, mandándolo a estrellarse contra el asfalto, por cuestión de segundos se quedó todo en silencio para después llenarse de susurros de la muchedumbre, sentí claramente como todo mi cuerpo se partía, principalmente mi cabeza, mi cuerpo laxo quedó tendido casi sin vida, escuché claramente como mi corazón latía despacio, opacando mi vida como una vela, me iba a morir y no iba a realizar mis sueños, pero no me arrepentía en ponerme en medio del automóvil, el pequeño niño que estaba jugando se había salvado, y eso me bastaba para morirme con una sonrisa en los labios, nunca pensé que iba a ser una clase de héroe, me sentía orgullosa por mi hazaña, ahora sí mi madre, se iba a sentir orgullosa de tener una hija como yo, o tal vez no, a ella no le interesaba para nada mi bienestar, solo porque llevaba la sangre del hombre que le engañó, siempre que me miraba lo hacía con rencor, solo a mi hermana menor la miraba con amor, ese amor que siempre he deseado, yo era la hija del bastardo que le había engañado.

Una sombra pequeña se agachó hacia mi cuerpo. Entreabrí los ojos para encontrarme con un par de ojos violetas pálidos, eran hermosos, un color que nunca había visto, era el niño que había salvado, mechones de cabello rubio caían en su rostro.

─Me has salvado.─ dijo el niño angelical, su rostro estaba sorprendido.─ un humano me ha salvado.

No podía hablar, solo lo miraba con dificultad, mi vista se estaba oscureciendo, indicando que no faltaba mucho para irme de este mundo. No entendía porque se sorprendía mucho ni porque hablaba extraño.

─Has salvado a un príncipe, ¡Un humano ha salvado a un príncipe!─ dijo sorprendido, su pequeña mano viajó hasta mi frente, acarició mi piel y me quedó mirando con curiosidad.─ me has salvado, humana.

Sonrió, se agachó hasta mí y besó la frente, al momento que lo hizo, algo extraño recorrió mi cuerpo. Un calor se propagó por cada recoveco de mi lastimado cuerpo. Antes de que articulara una palabra el pequeño niño se levantó y me miró con su sonrisa angelical.

─Gracias por salvarme, te debo una deuda muy grande. Creo que después de todo si hay humanos de buen corazón.­

Unas alas translucidas de mariposa brotaron de su pequeña espalda y en cuestión de segundos voló lejos de ahí, dejándome aterrada y confundida. Me repetí que fue mi imaginación, las sirenas de la ambulancia se acercaban más a mí, cerré los ojos y repetí de nuevo que fue mi imaginación lo que acababa de pasar, después de todo, no existían seres con alas de mariposa.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: romance, magia, hadas

Editado: 12.05.2018

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