El Reino De Las Hadas ©

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Todavía siento como Daiton me abrazó con fuerza, hasta escuché como soltó un suspiro de alivio al ver que estaba con vida. Las hadas en general estaban hecha de amor, era como los pony en los dibujos animados, estaban creados de colores y cariño, así mismo las hadas eran, no entiendo hasta qué punto de amor llegaban pero si sabía que desprendían amor puro, por eso que le decían que ellas eran las guardianas de la naturaleza, el hada que tenía en la cabeza era pequeña como campanita (El hada de Peter Pan), pero estas hadas son como humanos, eran del tamaño grande, no estaban para empaquetar.

Todo el resto de la semana Damen estaba a mi lado, si salía tenía que hacerlo con él, y por supuesto que fui a reclamar a Daiton, no quería tener a alguien detrás de mí como un perro faldero, podía cuidarme sola, no necesitaba de nadie, pero como él también era sobre protector, me negó la orden de salir sola. Salí de su despacho antes de que me lanzara en su escritorio para darle su merecido por ser tan “osito cariñosito”.

Y ni qué decir del curso que estaba teniendo, lo tomé a regañadientes, ese curso de vestirse y caminar como una princesa lo tenía hasta mis sesos, no me dejaban hacer nada de lo que solía hacer, ¡Ya me estaba cansando al extremo de querer golpear a todo que se me cruzara! Tenía que apretar mis manos y respirar profundo, siempre he sabido que la paciencia no era una cualidad que poseía dentro de mí, más bien era una de las cosas que más odiaba tener.

─Ahora solo tiene que dar un vuelta.─ me dijo mi maestra, tenía el cabello rubio y sus ojos eran pálidos como todas las hadas que habían en este reino, su cabello lo tenía recogido en una rosa y poseía unos lentes que la hacían ver más mayor de lo que parecía.

Unas sirvientas que estaban al rincón de la habitación se mordían la lengua para no reírse de mi torpeza, yo estaba a punto de imaginar como las golpearía si una soltara una carcajada.

─ ¡Maldición!─ exclamé, mirando como mis pies temblaban ante los zapatos que cargaba. Eran hermosos eso no podía negarlo, tenían ornamentos que le hacían ver muy airosos.

─Solo tiene que tener la espalda recta y caminar en línea recta también, así que solo relájese, los músculos de sus hombros están muy tensos, yo le recomiendo que…

─ ¡Mierda! ¡Y doble mierda!

─Su majestad, yo creo que no debería de usar ese vocabulario muy vulgar. Estoy aquí para ayudarla, así que relájese.

─ ¡Estoy relajada!─ exclamé molesta por no entenderme. Seguí caminando pero caí al suelo al pisar mal con los tacones, no eran los mismos tacones que me puse para la fiesta de presentación, estos eran más altos y más dificultosos a la hora de pisar.

Unas carcajadas sonaron al rincón de la habitación. Les fulminé con la mirada y dejaron de reírse, carraspearon y se fueron de ahí, ahuyentadas por mi mirada. Solté una maldición y me levanté, como decían: una caída, una lección.

─Te ayudaré, Melody.─ susurró una voz que reconocía. Me cogió de la cintura y me apegó un poco a su cuerpo.

─Daiton…

─Hola de nuevo, prometida hermosa. No preocupes por nada, te ayudaré en este baile.─ puso una mano en mi cintura y en la otra en la mano. Comenzó a moverse suavemente, mis pies estaban temblando.─ tranquila.

─Estaré tranquila cuando me saque estos malditos zapatos.

Él soltó una risa elegante.─ no estás enseñada a usar estos zapatos.

─No estoy enseñada a nada de aquí, pero lo estoy haciendo por una causa, quiero salvar a este reino, aunque tenga que pasarme por tu prometida y ponerme cosas que odio.

─Me gustas por eso. ¿De verdad no quieres casarte conmigo?

─Estoy segura, muy segura.─ contesté. Miré al piso y me tambalee para atrás, eso hizo que Daiton se viniera conmigo, pero antes de caer al suelo con el encima, volteó rápidamente quedando yo encima de él.

─Eso dolió un poco.─ dijo Daiton con una sonrisa radiante en su rostro. Lo miré sorprendida, ¿Cómo pudo moverse tan rápido? Era primera vez que había visto a alguien moverse como flash.

─ ¿Cómo te moviste rápido?

─Es porque soy un hada. Eso forma parte de mí.─ se levantó y me llevó con él.─ ¿Estás bien?

Rodee los ojos hasta ponerlos en blanco. De nuevo estaba haciendo sobre protector. Me levanté y volví a caer, solté una maldición.

─Estoy bien, Daiton. Estos zapatos me hacen ver estrellas; y créeme, cuando estoy viendo estrellas rojas no es nada bueno.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: romance, magia, hadas

Editado: 12.05.2018

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