El resurgir de los titanes [en edición]

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 6 - Los guardianes

Alberto Díaz no había tenido más remedio que ir a avisarla, sabía que era incluso peligroso molestar a aquella mujer sin un buen motivo. Ahora la tenía en la puerta de su despacho, mirándole a los ojos a través de sus gafas de sol, decidiendo, suponía, como iba a acabar con él.

Sus facciones duras estaban tensas. Si hubiera sido un perro de caza, el Can estaría ahora mismo desgarrando su carne imaginaba, mientras un escalofrío recorría toda su columna vertebral.

No dijo nada, solo taconeo con ritmo rápido y preciso el suelo, esperando su informe.

―El científico no se dirige al pueblo, ha cambiado de rumbo. El localizador GPS que instalamos en su coche indica que va dirección "las cuevas", un pequeño pueblo en medio de la nada. ―Paró un momento a aclararse la garganta y continuó. ―Ahora mismo el equipo los sigue de lejos.

Isabela continuaba sin expresar emoción alguna. Levantó el mentón y llevó una de sus manos a su delicada barbilla y comenzó a hablar suavemente mientras su coleta ondulaba por el movimiento.

―¿Habéis comprobado que sea él? ―dijo dejando la frase en el aire ―¿Dónde ha cambiado de rumbo?¿desde entonces el equipo ha tenido contacto visual?

―No que sepamos, pero lleva el GPS...

―¡Idiotas!, alguien con sus rutinas tan marcadas de pronto elimina 3 aparatos de seguimiento y espionaje, cambia de rumbo y... ¡¿no comprobáis que no os la hayan jugado?! ―La sentía tan cerca, a dos palmos de su cara, con un dedo acusador sobre su pecho, que casi le hace caer de espaldas. ―Volvamos a la sala, ¡DIOS!, ponme en contacto con el equipo de seguimiento ¡ya!

De nuevo en la sala de control se hizo el silencio al aparecer la mujer. Alberto ocupó su sitio y se dedicó a intentar comunicarse con el grupo de espías mientras Isabela estaba hablando con otro analista, pidiéndole que contactara con los agentes infiltrados en el instituto donde iba el niño y en el trabajo del hombre, la universidad de Valencia.

Sorpresivamente el director del I.E.S Alameda, donde cursaba estudios Jack, se puso rápido en contacto, comentando que las clases acababan de empezar hacía un rato, pero que no había rastro del niño.

En la universidad, un topo infiltrado en el equipo de investigación de Henry informó algo parecido, aunque claro, era pronto como para que hubiera llegado a la universidad, Henry tenía una hora de camino.

―Ya los tengo en línea señora, se los paso. ―Alberto apretó un botón y el sonido de la estática tronó por toda la amplia sala.

Equipo Águila, ¿estáis ahí? ―exclamó Isabela.

―Aquí estamos, siguiendo al objetivo sin dejar que nos descubra,

―¿Habéis tenido contacto visual con ellos desde el cambio de rumbo?

―¡No! ―Fue la única y clara respuesta del jefe del equipo antes de que el silencio retumbase como un sonido vivo más por todo aquel amplio espacio.

―Cambio de órdenes. Hagan contacto visual con el objetivo, asegúrense de que es el correcto. ―Hizo una pausa. ―¡Háganlo ya!

―Sí señora. ―Después de estas palabras el micro volvió a quedar en silencio durante unos interminables 10 minutos, rato en el cual volvieron a conectar.

―El objetivo que seguimos no pertenece al científico, Se trata de una furgoneta desconocida que se dirige hacía las montañas. ―Hubo una pausa. ―Esperamos instrucciones.

―¡Me cahuen en la puta!¡somos el puñetero CNI, países enteros se ven comprometidos por nuestras acciones! ―Pausó dramáticamente el discurso un momento. ―¡Y un jodido profesor universitario nos despista!¡no se cómo!, pero descubrió el GPS. El niño tampoco está en la escuela, así que hemos de suponer que se lo ha llevado ahí donde esté. ¡La gente no se evapora en el aire, ¿verdad?!

Estaba realmente cabreada. Pensó Alberto. Aunque este sintió ganas de querer quedarse embobado mirando el culo bien proporcionado de su jefa, decidió que ahora era algo demasiado arriesgado.

―Comuniquen al Equipo Águila, que recuperen el GPS e informen y que luego vuelvan a vigilar el instituto. Quiero a otro equipo de la zona activo y ¡que registren la casa AHORA MISMO! ¡quiero saber que ocultan!¡Y por qué la señal en nuestras escuchas no llega a nuestros equipos! ―Miró con desafío a todos los analistas uno a uno y agregó en tono bajo y amenazante. ―Lo quiero ya...



Ibán Velázquez

Editado: 07.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar