El Rey Alfa

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Capítulo 5

Evania.*

Camino a paso lento en la oscuridad, esperando encontrarme con ellos, sé vienen, no pueden engañarme con tanta facilidad.
Mire al frente dándome cuenta que una luz proviene de allá, sin mencionar que se escuchan pisadas.
Encendí la linterna de inmediato logrado que un aullido se escuche a lo lejos, bien, los tengo donde los quiero.
Corrí lo más rápido que puedo hasta un árbol, comencé a trepar hasta la parte más alta que me lo permitieron mis brazos y desde ahí lance flechas, mi vista no es la mejor pero sé que al menos podré darle a uno. Acerté, logré hacerlo, aunque eso hizo que me vieran y corrieran a mi dirección.
Apreté la mandíbula y salte al otro árbol logrando sujetarme de una de las ramas gruesas, fui bajando poco a poco.
Al tocar el suelo una vez más corrí, tan rápido que mis piernas no lo sentían, mis ojos se abrieron cuando un lobo pareció de repente lanzadome contra un árbol, demonios, si que tiene fuerza.
No le tomé tiempo al dolor y me levanté, saqué una de las dagas en lo que me mostraba sus colmillos, corrí a él sin miedo alguno, así como de la misma manera él lo hizo.

Sus garras dieron en mi brazo, pero lo daga dió en su pecho, cayó de manera rápida, mi respiración está acelerada.

— Uno y quedan nueve. — Susurré moviendome entre los árboles.

Caí en un pequeño río, mi tobillo se doblo, hice una mueca, no tengo tiempo para nada de esto. Arranqué un pedazo de mi abrió y lo amarre con fuerza obligando que mi tobillo se mantenga firmé.
Levante la vista y sin dudarlo tomé el tronco a mi lado estrellandolo contra su osico con bastante fuerza, solté un aullido de dolor.
Me puse de pie, esperando a que atacará, lo hizo, tomé una de las flechas y la encajé en su costado. Solté un grito cuando sus dientes tomaron mi hombro, estrellé mi puño una y otra vez en su costado herido, saqué el arma y le di con ella en la cabeza hasta que simplemente dejó de moverse.

Con la mano temblorosa toque la herida la cual sangra.

— Dos... Quedan ocho. — Murmuré poniendome de pie.

Me mantuve cerca de un árbol, lo subí, al parecer mi aroma los a confundido un poco, sobretodo cuando traigo el de sus compañeros.
Observo todo desde el árbol... No puedo fallar ahora. Tomé las dos únicas flechas que me quedan, lance una directo a la cabeza de una de esas bestias, la atravesó... Si... Ahora solo quedan siete.
Me sentí mareada, maldición, no he vencido ni a la mitad, tengo que vivir y mantenerme conciente.

Baje del árbol una vez más, está vez corrí, deseando que la adrenalina me obligue a continuar peleando.
De la nada un lobo saltó encima de mí, caímos los dos juntos por una montaña que iba hacia abajo.
Paré de golpe gracias a una gran roca, el lobo también solo que a él le cayeron encima unas, quizás fue suerte, pero está muerto.
Me dejé caer de rodillas sujetando mi brazo izquierdo, lo tomé apretando la mandíbula, lo regrese a su estado normal dandome cuenta que tiene una lección, pero no estoy para eso.

Una vez más, empecé a caminar, buscando a los lobos, uno pareció frente a mí, soltó un fuerte gruñido y yo solo saqué una daga.

— Vamos bestia... Muéstrame que tienes. — Dije sonriendo de lado.

Se dejó ir sobre mí, me cayó encima, hice una mueca tratando de quitarlo de encima, lo paté, eso lo hizo alejarse un poco, me di la vuelta intentando arrastrarme lejos de él.

— Demonios. — Grité cuando sus agarras se encajaron en mi espalda.

Me giré enfadada y encaje la daga en su pata que aún estaba en mi espalda, lo tomé de la cabeza con bastante fuerza, quizás la adrenalina me hizo olvidar mi brazo, solo escuche como su cuello se quebró.
Respiro con dificultades pero aún así, después de todo me pongo de pie.
No pasó mucho cuando el grupo de lobos que quedaba me rodeó por completo, dejándome sin salida.

A la cabeza del círculo estaba él, mostré una sonrisa y saqué el arma apuntando directamente a su dirección.

— Hoy se termina para mí... Así como lo hace para ti. — Dije quitando el gatillo.

Disparé, creyendo que le daría, pero otro lobo tomó la bala. Me sorprendí por eso, solté un jadeó al ser lanzada contra un árbol, este tenía una rama cortada, lo sé ya que se encajó en mi costado, caí al suelo sintiendo como mis ojos luchaban por cerrarse, me mantuve, observando cómo todos estaban cerca de ese lobo... A muerto, ¿Porqué se aferran a creer otra cosa?, Cierto, ellos no son como nosotros, no están acostumbrados a ver cómo diario los suyos caen en manos de otra raza.

El líder tomó su forma humana, se acercó a mí y se agachó a mi altura.

— Eres una maldita... Solo te hubieras entregado si de todos modos te íbamos a capturar. — Gritó enfadado estrellando su puño contra mi rostro con bastante fuerza.

La sangre salió en mayor cantidad, le mire fijamente.

— Si iba a terminar en sus agarras antes tendría que pelar. — Dije soltando un jadeó.

No alcance a escuchar lo que me dijo, solo caí en una profunda oscuridad...

Ethan.*

Cayó desmayada a lo que apreté la mandíbula... Es verdad, es un mujer, no solo es, es fuerte como para lograr acabar con cinco de los nuestros, está casi muerta pero si hubiera tenido más armas con balas de plata seguramente nosotros estaríamos en su lugar.
Los que quedaron tomaron ropa y se vistieron.

— Voy a matarla yo mismo. — Gritó la voz de John enfadado.

Hice una mueca por eso y me levanté de inmediato haciendo que lo sujeten.

— Las órdenes de Dante son otras, la llevaremos para que sea ejecutada como se debe. — Dije firmé.

— ¿Hablas en serio?, Esa asquerosa humana acaba de terminar cinco de los nuestros, debemos ejecutarla ahora, al diablo con el rey. — Dijo sumamente molesto.

Me acerque a él, estrellé mi puño contra su rostro haciendo que sus ojos se abran y no comprenda el porque.

— Una falta de respeto más hacia tu rey y la acompañaras en la ejecución. — Advertí.



Margarita Barraza

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Editado: 16.08.2019

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