El Rey Alfa

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Capítulo 6

Evania.*

Podía escuchar a lo lejos sonidos, también que me gritaban. Desperté de golpe cuando sentí que me echan un líquido bastante frío encima.

— Despierta asquerosa humana. — Gritó una voz llena de rabia.

Levante la vista topandome con un grupo pequeño de hombre, tienen el cuerpo fornido y son altos, hombres lobo.
Intenté levantarme pero la presión en el abdomen me hizo quedarme ahí, maldición estoy hecha un desastre, me han vencido y ahora estoy aquí, sonreí, eso le dará tiempo a los chicos para que se vayan, que dejen el lugar y se preparen más, tiene que mejorar.

— ¿Dónde están? — Preguntó una voz bastante conocida.

Me le quede mirando y rápidamente su imagen se plasmó en mi rostro recordando que fue a él a la última persona que ví antes de caer desmayada.
Alcé una ceja y sonreí ante su pregunta.

— No tengo idea de que hablas. — Conteste con cierta burla.

Apretó la mandíbula y se acercó de manera amenazante y golpeó los barrotes con fuerza.

— Claro que lo sabes, ¿Dónde demonios están los demás?, Eres el líder, sabes dónde se ocultan. — Gritó enfadando.

Me reí, fije mis ojos en él, demostrando el poco miedo que logra en mí, no bajaré la cabeza ante ninguno de ellos, ni estando muerta.

— ¿La bestia se ha molestado? — Murmuré con gracia.

Apretó la mandíbula y uno de ellos intentó abrir la puerta pero no se lo permitió.

— Vamos a matarla Ethan, le diremos al rey que murió peleando. — Sugirió el hombre a su lado.

— Ya te dije que no, el rey a ordenando una ejecución... Ahora me dirás todo lo que sabes o tendremos que sacarlo por las malas, no soy alguien que golpea mujeres pero si me obligas hacerlo no tendré piedad. — Explicó ese tipo que ahora se que se llama Ethan.

Sonreí y presione la herida, con bastante refuerzo logré pararme y recargarme en la pared.

— Tendrás que matarme a golpes y eso terminaré muerta antes de que sepas una sola cosa sobre los míos. — Dije firmé.

Soltó un gruñido y se dió la vuelta dejándome ahí, los hombres que iban junto a él me dieron una mirada de asco y se alejaron. Sonreí un poco y me dejé caer en el suelo, tosí, lleve mi mano a mi boca notando que salía sangre, muy bien, voy a morir.
Deje eso de lado al escuchar pasos, fijé mi vista a un lado notando a una mujer, a su lado había otra silueta, solo que más pequeña y delgada.

— Son unas bestias. — Susurró al verme.

Le di una afirmación, baje mi vista a mis tobillos dándome cuenta que están atados al igual que mis muñecas con cadenas, esta es la vida de los humanos rebeldes.

— ¿Es tu hija? — Pregunté mirándolas.

Me dió una afirmación, solté un largo suspiro y solo me quedé en silencio un momento.

— ¿Porqué están aquí? — Murmuré neutra.

¿Qué mal podrían hacer una madre y su pequeña hija como para estar en el mismo lugar que yo?, He matado lobos sin piedad... ¿Qué pudieron hacer ellas?, ¿Tratar de comer algo?

— Golpe a un hombre lobo, él intentó hacerle daño a mi hija, no podía quedarme de brazos cruzados, eso los hizo enfadar, que una simple humana les haya retado. — Explicó bajado la mirada con tristeza.

Así es, les molesta, les golpea en el orgullo de macho la idea de que una humana a la cual consideran débil se levanté ante ellos.

— Voy a sacarte de aquí. — Dije con seguridad mirándolas.

Mostró sorpresa y llevó su mano a su boca negando un par de veces.

— Mírate niña, estás muy herida, ellos no tendrás piedad contra ti. — Susurró derramando un par de lágrimas.

— No necesito estar de pie para que eso suceda, tranquila... El mundo va a cambiar, habrá libertad, confió en los míos. — Dije sonriendo un poco.

Se agachó a mi altura junto con su hija sentándose en el suelo.

— No te ves como una mujer normal, podrías acercarte un poco. — Pidió con los ojos encerrados.

Me arrastré como pude hasta que la luz de la ventanilla de me dió en el rostro. Se quedó perpleja como si no creyera que soy yo o que solo soy producto de su imaginación.

— Creí que era solo una historia, llegue a llamar locos aquellos que decían que una hermosa mujer con ojos color cielo, cabello de fuego y con el alma más fuerte y pura que el cristal estaba limpiando al mundo. — Dijo sonriendo, dejándome ver la luz y la esperanza en sus ojos.

Sonreí, todo este tiempo estado ocultando mi cabello todo lo que puedo, aunque a la ahora de combatir olvidaba eso.

— Es una lastima que la mujer de las leyendas vaya a morir en este asqueroso lugar, sobretodo en manos de aquellos que tanto odia. — Dijo una voz masculina entrando.

Me quedé en silencio, la mujer se alejó abrazando su hija, apreté la mandíbula al ver que se acercaban a ellas. No supe cómo o que es lo que me movió tan rápido, me coloque de pie y estiré mi mano tomando su abrigo, eso lo hizo detenerse y mirarme sombrío.

— Quieta bestia, estás aquí para llevarme a interrogar, no para otra cosa, sigue órdenes como el perro que eres. — Dije con obviedad sonriendo de lado.

Soltó un gruñido y se salió de mi agarre, se giró a mi dirección y abrió la celda. Hice una mueca y caí con bastante fuerza al suelo, maldición fue un golpe bastante directo.
Mire a la mujer y a su hija quienes tenían intenciones de suplicar por mí, negué e intente levantarme pero me pateó en el costado, solté un jadeó y me quede en el suelo. Una vez más la mire, mantiene los ojos cerrados y se aferra su pequeña para que no mire lo miserable que es la mujer que creían que salvaría al mundo humano.
Me tomó de la parte de atrás de la camisa y me levantó de un solo jalón, hice una mueca por lo brusco que ha sido. Retiró las cadenas de la pared pero no de mí cuerpo, me hizo caminar a empujones, antes de salir de su campo de visión le di una débil sonrisa.
Mis pies están descalzos, no solo eso sino que sangran bastante, mis manos también, seguramente me veo horrible, aunque las marcas de guerra definen lo que uno es, el esfuerzo que ha hecho por los suyos.
Subimos escaleras, intenté trompezar un par de veces pero me sujetaba o empujaba para que eso no sucediera.
Paramos en una puerta de metal, introdujo la llave y la abrió, en toda la habitación solo hay una silla de madera.



Margarita Barraza

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Editado: 16.08.2019

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