El Rey Alfa

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 9

Dante.*

Me acerque a la celda de inmediato tomando los barrotes con intenciones de doblarlos y adentrarme para tomarla en mis brazos, solté un gruñido al no poder hacerlo.

— Guardias. — Grité desesperado golpeando con fuerza.

John pareció, se quedó rígido sin saber que sucede.

— No te quedes ahí como imbécil, abre la maldita celda. — Dije molesto.

— Pero señor ella...

— Que la abras si no quieres que te mate. — Dije acercándome a él.

Empezó a revisar sus bolsillos con rapidez, levantó la mirada con sorpresa y confusión.

— No las tengo. — Murmuró sin comprender.

Solté un gruñido y me acerque a la puerta intentando que los barrotes caigan.

— Busca a todos los guardias no te quedes ahí como imbécil. — Ordené.

Sus pasos se alejaron de inmediato, apreté la mandíbula y con el esfuerzo suficiente logré desprender los barrotes, quité los otros ya que estaban flojos, solté un largo suspiro y paté la cerradura haciendo que la puerta se abra. 
Entré tomándola en los brazos, me incliné a su pecho escuchando los lados de su corazón, lentos pero ahí están. 
Mi vista se fijó en su precioso cabello rojizo, impresionante, se ve muy hermosa, la saqué de la celda y me arrodille pegándola a mi pecho... Mi mujer, ahora que te tengo me mostraras como amar, me darás cachorros, me enseñarás a ser feliz.

Escuché un par de pisadas así que levanté la vista, miré a todos, solté un gruñido ocultandola de sus miradas curiosas.

— Es mía. — Gruñí fuerte haciendo que den un paso atrás.

Fijé mi vista en Ethan quien estaba bastante sorprendido, intento acercarse pero el hecho de mostrar mis ojos dorados lo hizo parar.

— Tranquilo Dante, sabemos que es tu mujer, la reina... Recuerda que yo tengo a Cristal, no la arrebatare de tu lado. — Dijo tranquilo intentando llegar a mi lado.

Fijé mi vista en ella quien soltó un jadeó y tosió con fuerza... Esta muriendo.

— Llamen a todos los doctores de la manada... De preferencia mujeres. — Dije con firmeza caminando con ella en brazos.

— Te recuerdo que negaste la idea de que hubiera mujeres doctoras en la manada. — Informó.

Hice una mueca por eso, demonios, no quiero que ningún tipo toque a mi mujer, pero si quiero que viva tendré que dejar que lo hagan.
Subimos entrando a una de las salas del castillo, camine hasta las escaleras en lo que Ethan me seguía junto a las mujeres del aseo, serán ellas las que se encarguen de darle una ducha y atender las heridas superficiales, aunque según como puedo notar la mayoría son peligrosas.
Ethan abrió la puerta de mi habitación dándome paso, me acerque a la cama y la recosté con cuidado.

— Date la vuelta. — Ordené sin mirarlo.

Lo observé de reojo, lo hizo. Me incliné a ella, lleve mis manos a su abrigo casi destrozado y lo abrí dejando ver una blusa blanca de manga larga, está se encuentra casi roja por la sangre.

— ¿Qué harás? — Murmuró Ethan.

Solté un gruñido dándole a entender que no se de la vuelta.

— Si alguien va a desnudarla seré yo y no esos doctores. — Dije con seriedad.

No dijo nada así que continúe haciéndolo, retiré también esa blusa desgarrandola sin hacerle daño, dejando ver que es una venda la que cubre sus senos, baje mi vista a sus manos llenas de cicatrices, su torso también tiene algunas, no pude evitar tocar un par de ellas.

— Marcas de guerra. — Susurré sin poder evitarlo.

Tocaron la puerta, tomé la sábana y cubrí su cuerpo.

— Pasen. — Dije fuerte.

Un grupo de cuatro doctores y una anciana se adentraron a la habitación, se inclinaron mostrando respeto a excepción por la mujer quien fue de inmediato a ver a mi luna.

— Es una mujer hermosa majestad... Una guerrera. — Dijo sonriendo.

Alcé una ceja por eso, cierto, aunque me cueste aceptarlo el líder de los humanos rebeldes es mi mujer, quien lo diría, debí haber ido atacar yo mismo, así podría vencerla, demostrarle que tendrá que rendirse ante mí como su hombre y rey.

— Dante. — Me llamó Ethan sacándome de mis pensamientos.

Le mire algo extrañado, los doctores esperaban órdenes, me crucé de brazos poniéndome firmé.

— Curen a mi mujer, hagan lo posible para que viva. Anciana encarguese de quitar las cicatrices. — Ordené señalando a mi hermosa luna.

— Los guerreros se sienten orgullosos de sus marcas, son trofeos que les recuerdan el combate, muchas veces las usan para fortalecerse. — Explicó tomando una de sus manos.

— Solo hagan lo que les he ordenado, si mi mujer muere ustedes y toda su familia será ejecutada. Háganlo rápido. — Dije sin más saliendo de la habitación.

Ethan lo hizo juntó conmigo, al estar fuera observé a los dos guardias.

— Manténgase aquí, si algo sucede no tarden en avisarme. — Pedí siguiendo mi camino.

Recorrimos los pasillos hasta llegar a mi oficina, Ethan cerró la puerta detrás de él, se sentó frente a mí.

— Quiero a los guardias que estuvieron en el interrogatorio. — Dije sombrío.

— No tienen culpa de nada Dante, de haber sabido que era tu mujer no hubiéramos hecho algo como eso, quiero que sepas que nosotros interrogamos al líder de los HL, no teníamos intenciones de dañar a la luna de la manada. — Dijo con obviedad.

— No me importa, los quiero muertos. — Dije golpeando el escritorio.

Se quedó rígido, desvío la mirada y apretó la mandíbula.

— Entonces yo también. — Dijo sin más.

— Eres distinto Ethan, tú solo seguías mis órdenes...

— Y los demás las mías, sus muertes estarán en mis manos. Sin mencionar que debes tener bien definida la idea que cuando ella despierte no estará agradecida, tampoco va a correr a tus brazos, odia a los hombres lobo. Bestias, así nos llama. — Dijo mirándome directamente a los ojos.

— Haré que cambie de opinión, no me interesa nada, tiene que amarme, soy su alma gemela. — Dije con seguridad.

Negó un par de veces, eso me hizo enfadar, hace poco hablaba de lo mucho que le admiraba y ahora solo piensa que es mala idea el hecho de que sea mi mujer.



Margarita Barraza

#3207 en Fantasía
#1512 en Personajes sobrenaturales
#4202 en Otros
#623 en Aventura

En el texto hay: romance amor , hombreslobo, aventura

Editado: 16.08.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar