El Rey Alfa

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Capítulo 13

Evania.*

Me quedo mirando al techo, no he dormido mucho, de hecho casi nada, las pesadillas invaden mi mente haciendo que la preocupación y el hecho de querer salir corriendo me llenen por completo.
Tengo inseguridad, no quiero ni pensar que todo lo que he soñado es verdad, Nick no es ese monstruo que ví, él deseaba libertad para todos también, fue esclavo por un par de años al igual que gran parte de los que estaban en el grupo, no puedo creer que haga algo como eso.
Solté un largo suspiro y fruncí el ceño escuchando mucho ruido afuera, ahora que demonios hacen esas bestias.

Me puse de pie y caminé a la ventana, fijando mi vista en todo lo que pasa. 
Vaya, parece que atacan la manada, lo más sorprendente es que son lobos, no sabía que incluso había bestias que se levantaban encontrá del rey.
Moví mi vista de un lado a otro dándome cuenta que hay bastantes lobos, sin mencionar que muchos se llevan a las mujeres y las niñas, a los niños los dejan solo ahí.
Baje mi vista a mis brazos, estoy bien, lo suficiente como para tomar ventaja de este mal entendido e irme lo antes posible. 
Caminé a la puerta, no pude evitar soltar un bufido, maldición, será un verdadero problema con este maldito vestido, pero si de verdad quiero volver a ver a todos y verificar que estén bien tengo que hacerlo. Antes de salir toque la puerta, normalmente hay un guardia ahí, cuidando, pero ahora no se encuentra nadie, sonreí.

Me giré tomando la lámpara que está en el buró y la sujete con fuerza para después estrellarla con la manija, no fue suficiente, apreté la mandíbula y con mucha más fuerza que antes la golpe. La lámpara se destruyó casi por completo pero la puerta se abrió dejando que la manija caiga al suelo.
Sonreí de lado y salí, antes de comenzar a correr por el pasillo y buscar unas escaleras o algo verifique que todo estuviera bien.

Al encontrarlas y ver que todo está solitario baje con rapidez, al llegar al primer piso sentí alivio al ver la puerta principal... ¿No que no podía irme?, Te has equivocado.
Fui a la puerta y justo iba a tocar el plomo cuando me detuvieron.

— Luna... ¿Qué hace?, Es peligroso que vaya allá afuera, el rey se molestará mucho si algo le sucede. — Dijo una voz femenina y suave.

Me giré, me molesta bastante la idea de que me digan: Luna, siento como si eso indicara que hay algo entre nosotros y no es así.
Caminé a ella con lentitud y tomé el cuchillo que traía en sus manos.

— Iré ayudar, soy fuerte. No hay problema. — Dije segura.

Sus ojos no se veían muy confiados.

— Pero señora...

— Basta, no me hables como si fuese superior, somos humanas y sé que no estás aquí por gusto, deja que salga, te prometo te volveré y cuando eso pase serás libre. — Dije con firmeza.

Ahora había esperanza en su mirada, iba a inclinarse pero la tomé del hombro enviando que lo haga.

— No te inclines ante nadie. — Pedí con seriedad.

Me dió una afirmación y me dejó salir sin decir nada más.
Al estar al aire libre no pude evitar hacer una mueca de fastidio la ver a tantos lobos. Empecé a correr camino al bosque golpeando, apuñalando e intentando que ninguno me atrape, al parecer son contrarios ya que me imagino que no dejarían que me vaya ni atacarían a matar.
Llegue a la orilla de la manada, estaba a un paso de entrar al bosque cuando un grito me obligó a quedarme rígida.

— Mamá. — Se escuchó una voz infantil.

Apreté la mandíbula e intente dar el siguiente paso, vamos Evania no tienen nada que ver contigo, son bestias también.

— Por favor, mamá. — Volvió a gritar.

Me quedé rígida al hacer que el pasado se presente ante mis ojos. Caí de rodillas y lleve mis manos a mi cabeza y negué una y otra vez, no ha sido mi culpa... Pero si hubiera sido fuerte habría podido pelear.
Apreté al cuchillo y tome el filo logrando que mi mente regrese. 
Me puse de pie y sin pensarlo dos veces corrí hacia ese lobo que carga a la pequeña en su lomo en lo que la madre está... Espero que solo este herida y no muerta.

Me dejé ir sobre él haciendo que los tres caigamos con bastante fuerza al suelo, rodé un poco buscando no dañarme tanto. La niña cayó encima de la bestia, me acerque y la tomé en mis brazos llevándola con su madre.

— ¿Puedes mantener en pie? — Pregunté.

Me dió una afirmación así que la deje en el suelo con cuidado y tomé a su madre del brazo, la levanté e hice que se recargara en mi hombro.

— ¿No hay refugio o algo? — Dije empezando a caminar.

Escuché pisadas detrás de nosotros, no está muerto, deje a la madre en el suelo, recargada en la pared de una casas destruida y a la pequeña detrás de mí.

— No te muevas. — Ordené sin separar mi mirada del lobo.

Atacó, pero no directamente a mí, sino a la niña, apreté los puños y levanté mi pierna, mala idea, el vestido solo me hizo caer al suelo.
Demonios está estúpida cosa, con el cuchillo lo corte hasta mis rodillas. 
Una vez más encare al lobo, lo tomé con fuerza el cuello haciendo que los dos caigamos al suelo, sus garras logran darme pero no le doy importancia.
Tomé el cuchillo y lo encaje en su cabeza, simplemente se dejó de mover. Solté un suspiro y me acerque a ellas una vez más.

— Tu brazo. — Susurró asustada.

Lo miré dándome cuenta que tengo bastante sangre saliendo de él.
Sujete a su madre repitiendo lo mismo que hace poco, ella va a mi lado en lo que intento llegar lo antes posible.
Al ver el refugio sonreí, solo es cuestión de tiempo, una vez que estén a salvó podré irme de una vez.
Llegamos, la dejé con unas mujeres quienes agradecieron, me di la vuelta dispuesta a irme, pero una vez más su voz me detuvo.

— ¿No te quedarás? — Susurró con tristeza.

Me giré y me acerque a ella poniéndome en cuclillas.

— Iré ayudar, no tendré problemas, haz visto que soy fuerte. — Dije con seriedad.

Negó y se pegó a mi abrazándome... Esto me recuerda a la vez que salvamos un pueblo humano, la separé de mi observandole, posiblemente no seamos muy diferentes.



Margarita Barraza

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Editado: 16.08.2019

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