El Rey Del Hielo (reedición)

Tamaño de fuente: - +

Reconciliación


Habían pasado ya varios días desde el incidente del estacionamiento. Bertha no había tenido ninguna clase de problema y todo continuaba tranquilo. Era raro, ya que según sus cálculos, a esas alturas ya debía tener un par de demandas en su contra por daño a propiedad ajena. Pero hasta el momento no había recibido ningún documento y continuó su vida con tranquilidad.
 


Delia estaba resintiendo ya la lejanía de su hija. Bertha apenas si le hablaba y si lo hacía, era para lo más necesario.

Ella atribuía esa lejanía a su relación con "el inválido", como ella llamaba a Iván con rencor y desprecio; aunque claro, nunca en presencia de su hija.

Temía que la estuviera influenciando para que la tratara de esa forma. Nunca se puso a pensar en que era su propia actitud y poca consideración con sus sentimientos, lo que la estaba alejando cada vez más.

Aunque no era su intención lastimarla, no se daba cuenta de que lo que decía y resultaba hiriente, sobre todo por tratarse de quien era.

Aún así, Bertha poco a poco iba aprendiendo a quererse y no se sentía cómoda con los comentarios mordaces de su madre. Por eso, para no estar peleando todo el tiempo, prefería mantener la sana distancia.

Pero Delia se sentía tan triste, que estaba dispuesta a conocer al tipo ese, el que le estaba arrebatando el cariño, el tiempo y seguramente el dinero de su hija —mismo que antes le pertenecía casi por completo—, a perderla más cada día.

Esa mañana se levantó más temprano y le preparó su desayuno favorito para que se llevara de lonche al trabajo.

Dos hot cakes, algunas lonchas de tocino frito y un huevo estrellado encima.

Bertha bajó para desayunar su manzana con café de cada día y prepararse su almuerzo para el trabajo.

—Buenos días, saludó su madre con una tímida sonrisa.

—Buenos días mamá.

—Te preparé algo para más tarde.

—Gracias.

—¿No vas a ver que es?

—Ya sé. Hot cakes con tocino. Huele hasta mi cuarto.

Si bien la idea del desayuno era tentador, era tarde y ya no quedaba tiempo para saborearlo como era deseado. Además, seguramente le recriminaría después el haber "tragado tanto", así hubiera sido ella misma quien se lo hubiera preparado. Prefirió guardarlo en un recipiente plástico y llevárselo de lonche para después.

—¿Y cómo te va con tu novio?

—Bien, gracias.

—Bertha, puedes traerlo cuando quieras. Pero ya ves que no hay mucho espacio para que pueda moverse aquí.

—No te preocupes, no creo que quiera venir, es muy tímido.

—Yo sé que lo traté mal y me quiero disculpar. Díle que venga a comer.

—¿Estás segura?

—Si. Solo díme cuando, para preparar algo especial.

—En la noche que lo vea le digo y luego te aviso. Tomó el recipiente con su comida y le dio un beso en la mejilla a su madre, antes de irse.


 


Una sensación en el pecho, la impulsó a pasar por la casa de Iván antes de ir al trabajo.

Bajó el recipiente con su desayuno por si acaso él no había merendado todavía, aunque don Fili tenía la buena costumbre de compartir su comida con él desde temprano.

Estacionó su carro y se dirigió a la entrada. Abrió con la llave de emergencia y colocó el recipiente sobre la mesa.

Iván aún dormía, aunque aparentemente, estaba en medio de un sueño muy agitado.

En su sueño, estaba tirado en el suelo de un almacén mal iluminado, mientras dos hombres le destrozaban las rodillas y los tobillos a batazos.

Ahí, indefenso, se preguntaba por que nadie escuchaba sus desgarradores gritos de dolor. Con la mano izquierda intentaba cubrirse la cara, aunque era obvio que el objetivo se encontraba debajo de la cintura. Aún así, para que dejara de gritar y quejarse, lo golpearon en la cabeza tan fuerte, que perdió la visión de ese lado.

Pero más que una pesadilla recurrente, era el horrible recuerdo de los momentos más traumáticos de su existencia.

Cuando creyó que la anterior pesadilla había terminado y se soñaba a sí mismo patinando, girando y saltando, como tanto le gustaba, una nueva lo empezó a atormentar.

En el último salto, se vio cayendo estrepitosamente sobre el hielo. Sus piernas habían desaparecido y en su lugar, solo había un par de muñones ensangrentados, que dejaban una estela carmesí sobre el hielo, mientras luchaba por salir de la pista arrastrándose sobre la resbaladiza superficie, sin poder lograrlo.

Angustiada ante sus gemidos y gritos repentinos, Bertha no soportó más y prefirió despertarlo.

—Iván...-Se inclinó y se acercó para abrazarlo- Iván, mi amor, despierta...

Se le partió el corazón cuando despertó y sus ojos estaban inundados en lágrimas. La miró, pero por un instante no la reconoció. Bertha se retiró un poco para darle espacio para moverse. Estaba como ido y se sentó retirando desesperado las sabanas con las manos, viéndose a sí mismo. Después, cuando la realidad lo envolvió de nuevo, rompió a llorar.

Nadie entendería nunca, como era despertar cada mañana con la esperanza rota de que todo fuera una pesadilla.

Ella se sintió superada por su dolor y esa escena tan triste de él, buscando bajo las sábanas, lo que le habían arrebatado hacía mucho.

Sus piernas, su vida, su carrera y todas sus ilusiones. Tantos años de esfuerzo y dedicación.

Solo se sentó junto a él en la cama y lo abrazó en silencio, dejando que se desahogara; maldiciendo en secreto a quienes tanto lo habían lastimado.

No era justo, no estaba bien que quedara impune todo lo que había pasado, todo su sufrimiento de entonces.

Era tarde, pasaba un poco de las ocho, pero prefirió no ir a trabajar y quedarse con él. No sabía cuantas veces se repetía su pesadilla, muchas supuso, pero al menos esa mañana, no lo dejaría solo.


 

 

Gustavo, al ver que Bertha no llegaba para ocupar su lugar, primero se preocupó pensando en si le habría sucedido algo, ya que rara vez faltaba. Después, empezó a imaginar que seguramente estaba con su pedazo de novio haciendo quien sabe qué porquerías y eso lo llenó de coraje.



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar