El Rey Del Hielo (reedición)

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Con lo orgulloso que Iván parecía ser siempre, a Bertha le extrañó que se quedara tanto tiempo abrazado a ella, después de esa crisis. Imaginó que se haría el fuerte y se alejaría, o la haría que se fuera. Pero no, ahí seguía, aferrado a ella, con la cabeza apoyada en su hombro. Y tampoco era que se quejara. Le gustaba su contacto, pero sobre todo, que sintiera la suficiente confianza para mostrarle un poco de debilidad.

Su corazonada había sido real, él no se sentía bien esa mañana.

—¿Quieres desayunar?

—No. Quédate conmigo. Cuéntame de ese tal Gustavo.

—Ay no, que flojera. Apenas que hoy me libré de él.

—Cuéntame...

—¿Qué más quieres que te cuente? Ya te he dicho todo lo que había que decir.

—Dijiste que le escribías cartas ¿Qué le decías?

—Pues...un montón de cursilerías que solo sirvieron para inflamárle el ego y hacer que se burlara de mi.

—¿Cómo cuales?

—No quiero hablar de eso.

—Pero yo si, díme.

—Es que no me acuerdo, fueron muchas cosas.

—¿Todavía tienes algo?

—No, lo borré todo. Entenderás que no quería saber nada que tuviera que ver con él.

Iván ahora tenía la cabeza apoyada sobre su pecho, mirándo al frente, pero aún así advirtió el cambio en su voz y el silencio que le siguió. Ella intentaba que su llanto fuera silencioso. Había removido con sus preguntas, algunos dolores que creyó superados.

—¿Hace cuanto de eso?

—Hace como un año.

—Díme que te dijo ese idiota...

—Ya te lo conté el otro día. Que dejara de mandarle mis "poemitas ridículos" y que no se fijaría en alguien como yo nunca, ni aunque le pagaran.

—Pendejo. Y luego empezaste a ir al circuito ¿verdad?

—Si.

—Pues cuando lo veas otra vez, díle a ese imbécil que le agradezco mucho que haya sido tan cruel contigo.

Eso le molestó a Bertha y se levantó de su lado de repente, haciéndolo caer de espalda sobre el colchón.

—¿Ah si? ¿Y por qué?

—Porque de no haber sido así, no estarías conmigo ahora.

—Sería como si yo agradeciera lo que te hicieron, por la misma razón. Y no es así. Tal vez tú estarías siendo feliz lejos de aquí, haciendo lo que te gusta. Y aunque eso significara no haberte conocido nunca, lo preferiría mil veces, a verte sufrir ahora.

—Todo pasa por algo, ya ves.

—Ay Iván, no vas a decirme 
que me prefieres a mi, a todo lo que tenías antes. No te creo. Como dijo mi mamá, ni siquiera habrías volteado a verme si te hubiera conocido entonces.

—Eso no puedes saberlo. Lo peor, es que al aseverar eso, me ofendes y te denigras a ti misma. Es como decir que tengo que conformarme contigo y viceversa. Y que eres solo una farsante que en el fondo, piensas igual que Loretta.

—¡No! Pero trato de ser realista.

—Nadie te está pidiendo que lo seas ¿Para qué? Bertha, mírame...

Ya se había pasado a la silla de ruedas. Se acercó a ella y tomó su mano.

—Tú puedes estar con quien tú quieras, no tienes que conformárte ni conmigo, ni con nadie. Me hiciste sentir deseado otra vez y creí que podía ser cierto. Pero si solo soy eso que pudiste conseguir porque no tenías de otra, entonces quiere decir que estabas fingiendo...y así no quiero nada.

—No, yo no dije eso. Y házme el favor de no volver a compararme con Loretta, jamás. Yo no dije eso.

—Si, si lo hiciste.

—No puedes pensar eso. Yo no estoy contigo porque no pueda estar con alguien mejor. O poniéndolo de otro modo, estoy contigo porque no existe nadie mejor con quien yo pueda y quiera estar.

—¿Por qué?

—Porque sé que tú me quieres. Y a mi nunca me había querido nadie. Pero tampoco es por eso. Es que...ni siquiera puedo explicarlo.

—Inténtalo.

—Es que, aunque no lo creas, es algo que está mucho más allá de ti y de mi.

—¿El destino?

—Tal vez.

Bertha no estaba segura de querer decirle que ya lo conocía; que su mayor placer de aquel invierno, era verlo hacer eso que tanto amaba, pues tampoco quería que se pusiera triste otra vez.

—Mi mamá quiere que vayas a comer a la casa —comentó para cambiar el tema.

—No —rehusó de inmediato.

—No importa, yo le dije que no ibas a querer.

—¿Tú quieres que vaya?

—Dijo que quería hacer las paces contigo.

—Para hacer "las paces", tendríamos que haber peleado antes.

—No me parece buena idea, sin embargo, creo que deberías aceptar. Tal vez cuando te conozca más, va a terminar queriéndote. Va a ver que no eres nada de lo que cree.

—Pienso que a tu mamá no le interesa conocerme. Solo quiere quedar bien contigo. O convencerte para que me dejes. Además, va a hacer muchas preguntas.

—Pues inventamos respuestas. Te prometo que si se pone pesada, nos vamos.

—Está bien.

—Me preguntó que te gustaba comer.

—¿Quiere saber con qué me va a envenenar mejor?

—¡Qué malo!

Ambos rieron.

—Lo que sea.

Dijo sin entusiasmo, pero se dio perfecta cuenta del cambio abrupto que hizo del tema. Todavía le dolía lo que ese imbécil le había hecho ¿Sería que aún le importaba ese fulano?


 


Bertha fue muy contenta a avisarle a su madre que "José", había aceptado su amable invitación. Aunque también a advertirle que no admitiría ninguna grosería, ni comentarios hirientes de su parte. Delia le prometió portarse bien. Lo que menos quería era contrariarla, por lo que tendría que hacer acopio de toda su diplomacia.

Para que el ambiente fuera menos denso, invitó a su hijo Efraín —hermano mayor de Bertha— y a su esposa, para compartir la mesa.


 


Era domingo, el día en que ya era tradición salir de compras con Filiberto.

—Así que ya comida con la suegra y todo. Mira este...¿Y qué te vas a poner?

—No es que tenga mucho de donde elegir. Lo mejor que encuentre.

—No, no te puedes llevar cualquier cosa. Tienes que causar buena impresión. Sobre todo con esa señora tan sangrona.



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

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