El Rey Del Hielo (reedición)

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La cena Parte 2

Iván no habló casi nada durante el trayecto a casa de Bertha.

Se le notaba nervioso, pensativo y hasta malhumorado. 
Aún no llegaba y ya tenía ganas de irse. Maldijo la hora en la que accedió. Esa mujer iba a tratar por todos los medios de dejarlo mal delante de Bertha.

Trataba de idear una estrategia para que eso no sucediera.

Bertha lo notó, pero era normal. Tampoco ella tenía ganas de asistir a esa cena, pero quería que su madre lo conociera mejor y dejara de juzgarlo sin fundamentos.


 


Gustavo descansaba desnudo sobre su cama. Su pareja en turno estaba dormida a su lado. Era temprano, pero después de una salvaje sesión de sexo, la había vencido el sueño.

Estaba cansado de tener que imaginar a Bertha en cada mujer con la que copulaba. Quería a la verdadera.

Se preguntaba si ella y el inválido ya se habían acostado, si había sido capaz de revolcarse con esa mitad de hombre. Hizo un gesto de asco solo de pensarlo. No creía que sus ganas de ponerlo celoso llegaran a tanto. Y con ese. Al menos hubiera escogido a uno mejor.

Se levantó, se bañó y se fue, dejando a la mujer dormida.


 


Loretta se preparaba para salir. Se veía espectacular y lo sabía. Le llovían los pretendientes pero ella se daba el lujo de despreciárlos uno tras otro sin compasión.

Sentía que ser físicamente agraciada, le daba ciertos derechos, como el de humillar a quienes le diera la gana.

Pero era tan soberbia, que nunca se le había ocurrido pensar que un día alguien pudiera tomar represalias en su contra.

Se dio unos últimos toques y salió luciendo como siempre, espectacular.


 


Bertha bajó la silla y se la acercó a Iván.

—¿Y eso? —Preguntó al ver la rampa.

—La puso mi hermano para ti.

—Qué amable.

—No todo es hostilidad hacia ti en esta casa.

—Al menos.

Con un poco de trabajo debido a la inclinación, Iván subió solo la rampa, alcanzando a su novia, quien se adelanto para no estorbarle.

Bertha sacó las llaves y se dispuso a abrir la puerta de la entrada, pero su madre se adelantó y lo hizo.

Con toda la diplomacia posible, se dirigió a Iván y lo saludó con una sonrisa más forzada, que la de la Mona Lisa.

Aunque debía admitir que él ya no lucía como un triste vagabundo, sino todo lo contrario. Se veía, "en la medida de sus posibilidades", realmente atractivo.


 

 

—Buena noche José. Bienvenido.

—Gracias señora.

Delia se apartó para que entraran. 
Avanzaron hasta la sala, donde estaba Efraín viendo un partido.

—Efra...-lo llamó su hermana.

Efra estaba solo viendo un partido. Su esposa no había podido asistir a la cena por cuestiones laborales, así que ahí estaba, en calidad de conciliador. Bajó el volumen a la televisión y se dirigió a Iván.

—Así que tu eres el famoso cuñado —se levantó y lo saludó de mano—. Efraín Gutierrez.

—José Acosta.

—¿Qué te pareció la rampa?

—Pues, un gran detalle, gracias.

—Ay pero que formalidad.

—Bertha, ayúdame con la mesa —ordenó su madre.

—Voy.
 

Mientras ellos platicaban, Delia y su madre hacían lo mismo en la cocina.

—Pero que bonita camisa trae puesta José, ¿tú se la compraste?

—No.

—Con eso de que le compraste la silla...¿O qué más le has comprado?

—Nada. Pero lo que yo le compre, no es asunto de nadie, porque lo hago con mi dinero.

—¡Ah, mira, nomás faltaba que lo hicieras con el mío!

—Si vas a estar así...

—¿No te das cuenta? ¡Te está usando! ¿O qué te ha regalado él?

—Él nunca me ha pedido nada. Y tampoco tiene que regalarme nada, con que me ame es suficiente.

—Repítelo hasta que lo creas.

Ambas salieron de la cocina con recipientes con comida y procedieron a servir.

—Si no es indiscreción, ¿qué te pasó? ¿Un accidente? —preguntó Efra.

—Si. Me estrellé con un camión que estaba parado sin señalamiento.

—¡A la madre! ¿Hace cuanto?

—Como ocho años.

—¿Y cómo conociste a la Bertha?

—Eh... Yo vendo cosas en el circuito universitario y ella iba a correr ahí.

—¿Sigues en eso?

—Si.

—Pueden pasar a la mesa -informó Delia.

Todos se sentaron a la mesa, pero Iván se quedó en su silla, el problema era que tanto la mesa como las sillas le quedaban muy altas y tendría que pasarse por fuerza a una de ellas.

—Qué problema... —murmuró Delia, disfrutando el momento.

—No hay problema, yo te ayudo —dijo Efra muy solícito y lo ayudó de inmediato a pasarse a una de las sillas antes de que pudiera negarse.

—Lamentablemente, no alcanzamos a cambiar de comedor para que estuvieras más cómodo.

—No era necesario tampoco.

—No, porque siempre habrá una persona caritativa que esté dispuesta a ayudarte —comentó Delia con muy mala intención.

Bertha estaba haciendo gala de paciencia, pero empezaba a enfurecérse y su hermano lo notó.

—Y yo lo hago con gusto. Si vamos a ser familia, no tiene por qué molestárme, ni él sentirse apenado por nada ¿verdad cuñado?

—Creo que te estás adelantando demasiado, Efraín —dijo su madre, conteniendo la rabia ante el comentario de su hijo mayor.

Cuando Delia terminó de servir, se sentó a comer.

—¿Y qué opinan tus padres de lo que haces?

—Mis padres están muertos desde hace mucho, señora.

—¿Tienes más familia?

—Si, un hermano.

—¿Y por qué no vives con él?

—Porque no es necesario.

—¿No es necesario?

—No señora. Vivo solo desde hace ocho años y afortunadamente, me puedo valer por mi mismo todavía.

—Déjalo comer, ya habrá tiempo para que lo hostigues con tus preguntas —intervino Bertha.

El timbre sonó y Efraín se levantó para abrir.

—Efra, buenas noches.

—Pasa Loretitta, ahorita te sirvo. Siéntate.

Bertha casi se convulsiona cuando vio entrar a Loretta, quien fue a sentarse justo frente a ellos.



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

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