El Rey Del Hielo (reedición)

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Un poco roto

Bertha se preparaba para salir a pedalear un rato. Era domingo y ese día el circuito estaba cerrado, por lo que el vendedor no iría.

Sin embargo, recordaba perfectamente que le había dicho que vivía cerca, y como no queriendo la cosa, recorrería varios kilómetros hasta la colonia donde estaba el lugar, para ver si podía saber donde era.

Aunque sabía que su idea era absurda. Podía dar setecientas vueltas, pero de nada serviría pues no sabía donde era.

Igual, continuó con su misión y de paso disfrutó de la que tal vez, era la única actividad física que disfrutaba de verdad.

Iván dedicaba los domingos a abastecerse de las cosas para vender en la semana, cosa que un señor, vecino suyo, lo ayudaba a hacer para entretenerse, pues como jubilado y viudo, se aburría mucho en su casa.

Don Filiberto tenía sesenta y nueve años, era viudo desde hacía una década, y rara vez era visitado por alguien. 
Vivía solo con su perro mestizo, el "Pecas".

Un can anciano, mediano de estatura y pelaje corto de color blanco con algunas manchas marrones, el perro tenía el equivalente en años caninos, que don Fili, por lo que se movía poco y más bien, se la pasaba echado a sus pies en la sala, mientras veía televisión o cuando visitaba a Iván algunas tardes, para saber si necesitaba algo.

A pesar de sus limitaciones, o para no agregar otras, Iván se mantenía esbelto, por lo que moverse le resultaba poco complicado, salvo algunas ocasiones.

Él solo podía subir o bajar del asiento del copiloto. Luego, don Fili guardaba su vieja silla en el asiento de atrás o se la acercaba, cuando regresaban con las cosas.

Pero ahora apenas iban en camino.

—¿Cómo te está yendo? ¿Todavía ninguna noticia de tu familia? —preguntó con algo de preocupación.

—No. Y no creo que la haya nunca más. Pero vieras que ya no me importa. Desde que Marcos me vino a tirar aquí como mueble viejo, dejó de interesarme —respondió amargo.

—¿Cómo puede haber gente así? Justo cuando más los necesitabas, te abandonan. Yo creí que solamente nos pasaba a los viejos, ¿verdad pecas? A él también lo abandonaron amarrado a un poste, sin sombra, ni agua, en pleno agosto.

—Pobrecito mi pecas...—le rasca tras la oreja— Pero ya me has contado esa historia como quince veces, Fili.

—Es que ya estamos viejos y se nos olvidan las cosas.

—Ya ni modo, que les vaya bien. Ojalá que nadie les haga lo mismo.

—¡Ojalá que si! Pa'que vean lo que se siente.

Poco antes

Bertha seguía dando vueltas, pero cuando estaba a punto de marcharse, totalmente desanimada por no poder verlo, lo divisó a la distancia subiendo a un carro, con un señor y un perro.

Ella no se dio cuenta cuando una gran sonrisa, se dibujó en su rostro al verlo. El corazón se le quería salir de la emoción, como si hubiera visto a alguien muy famoso o algo así.

—¡Ay, qué divino! —exclamó en voz alta, llevándose las manos a la cara con emoción, aunque nadie la escuchó pues estaban demasiado lejos par lejos para eso.

No entendía la reacción desproporcionada de Loretta, si ella lo veía tan lindo...

Es decir, para Bertha el hecho de que él no tuviera piernas y parte de la mano, era irrelevante, comparado con el resto.

Como por ejemplo, su sonrisa, su mirada tímida y coqueta a la vez; o su trato amable y refinado; o la graciosa expresión de molestia que ponía, levantando la ceja y parando la "trompita", —como ella decía—, cuando "Vulgarcito" la acosaba. O el hecho de que sabía algunos de sus gustos —como clienta al menos— y se esforzaba por complacerla.

Eso para ella, era más importante que un cuerpo un poco roto.



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

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