El Rey Del Hielo (reedición)

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Tostadita como el pan

Había llegado el momento.

Después de la última vuelta y de pensar mucho lo que diría, con qué entonación —porque tampoco se trataba de parecer ansiosa o ser obvia—, caminó lentamente hasta donde Iván hablaba con don Fili.

Como siempre, el aroma de su colonia llegaba a su nariz y ella se sintió insegura ante su propio aroma, a causa del sudor; a pesar de que antes de ir, había estado bañándose y perfumándose.

"¿Vas a correr o a una fiesta?"

Le comentó su madre, un par de noches atrás, cuando la olió desde la cocina.

Aún así, la noche era cálida y estaba sudando mucho más que otras veces. 
Avanzó despacio hasta donde estaban los tres. Él, el señor mayor y un perrito.

Era gracioso, porque a pesar de su ropa notoriamente desgastada y el estado deplorable de su silla de ruedas, ese vendedor le seguía pareciendo un hombre demasiado sofisticado para estar donde estaba y trabajar en ese lugar.

Sus facciones eran finas, todo él lo parecía y se veía tan fuera de lugar... Como si estuviera disfrazado o algo parecido.

—Buenas noches —saludó buscando su mirada y sonriendo.

—Buenas noches —respondió él.

—Buenas noches bonita ¿qué le damos? —saludó amable don Fili, mientras el pecas cambiaba de posición para acomodarse y enroscarse de nuevo.

—Agua, solo agua.

—¿Mucho ejercicio? —continuó, al ver que Iván seguía en silencio y sin mirarla todavía.

—Eso espero. Al menos así me siento, me duele todo.

Iván permaneció serio y muy callado. Se notaba que no estaba siendo una buena noche para él. Sacó una botella de la hielera y se la entregó, pero antes de que Bertha la tomara, otra mano fue la que lo hizo.

—Quédate con el cambio.

Lanzó un billete de veinte pesos, mismo que voló y cayó en el suelo. Bertha se apresuró a recogerlo para entregárselo a Iván en la mano.

—Estúpida...—masculló, mientras veía como el perfecto trasero de Loretta se alejaba. Iván estaba notablemente molesto. Era la botella que guardaba para ella, especialmente para ella y esa fulana se la había llevado.

—Dále otra José -sugirió Fili, remarcando la última parte.

—Están calientes.

—No importa, muero de sed.

Ella misma la sacó de la pequeña hielera que cargaba, adaptada a la silla.

—No está tan mal. Le arrancaría mi botella de sus muertas manos, pero no quiero ir a la cárcel por culpa de esa idiota.

Por fin una sonrisa iluminó el rostro de Iván. Le hizo gracia el comentario. De hecho, a ambos.

Don Fili también notó la intención de Loretta por tratar de humillar a Iván y eso lo molestó muchísimo.

—Ya terminé por hoy. Buenas noches —se despidió Bertha, mirando a Ivan, quien desvió la vista hacia abajo una vez más.

—¿Cómo? ¿Ya se va? -intervino Fili, intentando que se quedara un poco más. Iván era muy tímido para admitirlo, pero estaba seguro de que quería lo mismo.

—Si, es noche y debo trabajar mañana temprano.

Distraída, estaba a punto de salir sin pagarle, pero regresó y le dio a Iván los diez pesos que costaba la botella. Él estiró la mano incompleta para recibir el pago, pero al darse cuenta, la retiró de inmediato y el dinero se cayó.

_Disculpa, yo..._dijo muy apenado.

—No importa —Bertha le regaló una sonrisa, levantó la moneda, la limpió en su pantalón y se la entregó en la otra mano—. Hasta mañana José, señor...

—Hasta mañana —respondió Iván sin estar muy convencido, con la sonrisa forzada.

El hombre mayor observaba la escena atento y en silencio, despidiéndose de ella con un gesto.

Bertha salió de circuito y se encaminó a su carro. Don Fili se asomó para verla y luego regresó al lado de su amigo.

—¿Es ella?...¿La mujer de la que me hablaste?

—Si, es ella.

—Ancha de cadera, cintura pronunciada, tostadita como el pan del desayuno...

—¿Qué es eso, Fili?

—Como las mujeres de antes, con carnita en los huesos ¿Te gusta?

—No —mintió.

—Pues parece que tú le gustas.


 


—No se burles de mi, Fili. Es cruel.

—¡Es la verdad! ¿Qué no viste como te miraba? ¿Y como se enojó cuando la huesuda te aventó el dinero?

—¡Mírame! —Estalló en cólera— ¿En verdad crees que estoy para gustarle a alguien? ¿A quien sea? ¡Ella solo es amable! Acaso, sentirá compasión por mi.

_O admiración.

—¡No Filiberto! ¿Sabes por qué me compra siempre a mi? ¡Porque le doy lástima! ¡Solo por eso!

—Cálmate...—le puso las manos sobre los hombros y notó que temblaba.

A Iván le disgustaba mucho que Fili le dijera eso porque era verdad, y esa verdad lo lastimaba.

Bertha le gustaba, era verdad,  desde hacía un par de meses; desde que apareció por primera vez en el circuito y sabía que no tenía ninguna posibilidad. Ella era tan bonita, tan amable con él. Su mirada inocente y su sonrisa lo cautivaron.

—Mejor vámonos. Ya, no quiero estar aquí. Por favor —rogó, con la voz a punto de quebrársele.

—Pero si no has vendido casi nada...

Iván jugueteaba nerviosamente con sus dedos.

—Por favor.

Fili tomó las agarraderas de la silla y lo sacó de ahí. Hacía mucho que no lo veía así. Solía tener crisis nerviosas de vez en cuando y debió prever que sucedería cuando lo vio esa tarde sobre la mesa, encima de todas esas cosas que tanto significaban para él. Pero era muy triste verlo así y no tuvo el valor de dejarlo solo.

—Si, es noche —concordó—, será lo mejor. Arriba Pecas, hora de irnos.


 


Bertha estaba muy feliz, no solo lo había hecho sonreír, sino además, había averiguado su nombre. "José".

No le iba mucho, no le parecía que tuviera cara de José. Imaginaba que tendría un nombre más largo, o menos común.

Apagó su lámpara de noche y se dispuso a dormir, pero tardó un poco más de lo normal. Su cuerpo estaba agotado, pero su mente se negaba a dejarla dormir.

Fantaseaba con la siguiente vez que lo viera. Lo que le diría si se animara a conversar con él. Y así, entre esos pensamientos, el cansancio finalmente la venció.



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

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