El Rey Del Hielo (reedición)

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Díme que si

Iván afinaba los últimos detalles a su arreglo personal y al de su mercancía. Incluso, había invertido un par horas en limpiar su silla hasta dejarla casi como nueva, al igual que la hielera.

Hacía algo de frío cuando se ocultaba el sol, por lo que llevaba puesto un suéter de cuello de tortuga color ocre y unos pantalones negros. Aunque como siempre, lo suficientemente largo para cubrirle el regazo.

—¿Listo? —preguntó don Fili, al ver a Iván tan arreglado, listo como para ir a una fiesta, con la ropa y el perfume que le había comprado.

Iván sonrió ampliamente y sus ojos se escondieron un poco, dejando ver una blanca hilera de perfectos dientes. Había también, un brillo especial en su mirada, uno que él nunca había visto en todo el tiempo que llevaba de conocerlo.

—Listo, Fili.
 

Era la noche de dominó con los cuates de don Fili, y utilizó ese pretexto para dejarlo "solo" con su gordita y no hacer mal tercio. Aunque a decir verdad, moría de ganas por ver la reacción de ella al verlo.

Tal vez Iván se negaba a verlo, porque su inseguridad se había vuelto demasiado grande, pero Fili que era viejo y experimentado, además de observador, se había dado cuenta ya, de que a Bertha le gustaba Iván.

Por eso, lo ayudó a acomodarse rápido y habiéndolo dejado ya instalado, se marchó.

Bertha no tardó mucho en aparecer y quedó impactada al verlo. Es decir, siempre le había parecido muy guapo; sobre todo, por esa mirada triste y su  sonrisa tan tierna, que la derretía y la emocionaba.

Era curioso, pero desde la primera vez que lo observó, le pareció alguien demasiado fino y sofisticado para estar ahí y hacer lo que hacía. Tanto sus rasgos físicos, como su manera de conducirse, lo hacían lucir fuera de lugar. Tal vez por ese motivo le llamó la atención en un principio

Fuere como fuere, sonrió al verlo y se aproximó.

—Buenas noches —saludó ella como aspirando las palabras por el nerviosismo—. Voy a dar...una vuelta...ahorita vengo.

Él la miró y respondió con media sonrisa.

Arrancó, y dio la vuelta tan rápido, que Usaín Bolt se habría avergonzado de su lentitud.

¿Así o más obvia, Bertha Leticia? ¡Se va a dar cuenta, mensa! Y él así como de : "Vieras cuanto me importa".

Se reprendió a sí misma, mientras estaba a punto de llegar al lugar donde él estaba.

De pronto, se detuvo y se escondió detrás de un árbol como toda una acosadora, para poder verlo de lejos hasta saciarse y no hacer el ridículo cuando lo tuviera enfrente.

Ay dios, no puedo, es demasiado lindo...

Se armó de valor para acercarse, aunque era una situación injusta. Él estaba todo límpio y perfumado, mientras ella apestaba a sudor pues estaba empapada. En parte por el esfuerzo físico y en parte por los nervios y el calor que sentía. No se había visto, pero podía adivinar que sus mejillas estaban rojas como tomates. De cualquier forma, se acercó, aunque a una distancia prudente; decidida a entablar una conversación con ese bomboncito encantador.

Acercó un bote y lo volteó para sentarse cerca de él, aunque no demasiado como para hacerlo sentir incómodo con su cercanía y del lado donde el viento no delatara su aroma y en cambio, le llevará el de él.

Iván estaba nervioso también. Le costaba subir la vista cuando ella estaba tan cerca. Sacó de la hielera la botella de agua reservada y se la extendió sin atreverse a mirarla.

—¿La quieres ahora?

Te sorprendería saber lo que quiero ahora. Si —la tomó, no sin antes verificar que la arpía de Loretta no estuviera cerca para quitársela, aunque estaba dispuesta a darle una paliza, si le daba el más mínimo motivo.

—Así que te llamas José.

—Así es. ¿Y tú?

—No, yo no, yo me llamo Bertha.

Iván estaba tan nervioso, que no puso atención en el chiste bobo de Bertha.

—Ah, público difícil...

—¿Disculpa?

—Nada. Que me llamo Bertha. Bertha Leticia —seca las palmas de las manos en la playera y ofrece la derecha para saludar.

—Mucho gusto, Bertha —él la toma, devolviéndole el saludo.

—¿Y el señor?

—En el cielo —dijo muy serio, pero aún así, Bertha estalló en una carcajada.

—¿Y...a qué te dedicas? —preguntó él, haciendo un esfuerzo enorme por no salir huyendo.

—Soy "godínez", trabajo en Recaudación de Rentas del Estado. Pero como me la paso sentada todo el día...

—Si, yo también...—Bertha no rió esta vez, no sabía si debía hacerlo—. Ah, público difícil.

Bertha rió con ganas primero, luego con pena, pues sentía que estaba quedando como una loca a causa de los nervios. No pudo evitar el mirarlo de la cintura para abajo; luego se quedó seria y callada viendo a la gente que corría, pensando en lo que sería para él ver a toda esa gente trotando y caminando, mientras debía estar ahí todo el tiempo.

—¿Quien es el señor que estaba contigo el otro día? —preguntó luego de unos minutos para distraer su mente.

—Un vecino y un muy buen amigo. Se llama Filiberto ¿Ya no vas a correr?

—¿Quieres que me vaya?

—No, solo pregunto.

—Si te molesto, díme. A veces hablo mucho y me paso de  preguntona.

—No, no me molestas. No lo dije por eso.

—Ya terminé. No tengo muchas ganas hoy.

Se olfatea a sí misma, para verificar que no despidiera algún mal olor.

—Hueles bien todavía.

—Ay, me cachaste.

—¿Y qué más haces? Además de lo que ya sé.

—¿En mi tiempo libre? Pues lo que casi toda la gente, salir a comer, ir al cine, leer...ver series.

Sandra y Loretta arribaron al circuito juntas, como siempre. La primera vio que se avecinaban los problemas cuando la segunda se detuvo muy cerca de donde Bertha e Iván conversaban y dijo:

—¿Ya viste Sandy? "El dueto miseria" La obesa mórbida y el mocho —vociferó Loretta, para asegurarse de que la escucharan.

—Cállate Loretta, no seas ridícula —ordenó su amiga avergonzada por su proceder—, Bertha no es obesa mórbida. De hecho, hasta la noto más delgada.



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

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