El Rey Del Hielo (reedición)

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Algo mejor

Marcos revisaba sus mensajes en facebook en la página de su mueblería, cuando desplazando, vio una noticia procedente del lugar en el que había abandonado a su hermano Iván.

Ahí, se veían dos mujeres histéricas y alguien en una silla, a quien veían y señalaban de vez en cuando. La persona en la silla, estaba de espaldas a quienes tomaban el video, pero cuando una de las mujeres volcó la silla de ruedas y él cayó, alguien acercó la toma y pudo verlo claramente.

—¡No puede ser! —bufó— "Lady SixPack".

"Furiosa mujer agrede a un vendedor discapacitado en Circuito Deportivo" —leyó en voz baja desde el ordenador en su oficina— ¡Carajo Iván, si no llamas la atención no estás a gusto!

Una mujer rubia entró a la oficina muy apurada, con un teléfono en la mano.

—¡Marcos! ¿Ya viste?

—Si Mónica, acabo de verlo.

—¡Es Iván! ¡Y tú dijiste que estaba muerto!

—¡Porque para mi lo está! ¡Y debía estarlo para todos!

—Marcos, es tu hermano...

—¡Tú sabes por todo lo que hemos tenido que pasar por su culpa!
¡O ya se te olvidó la vergüenza que pasamos todos cuando se supo lo que hizo! ¡Merece lo que le pasa! Seguramente siguió en lo mismo y por eso la mujer esa reaccionó así.

—Yo nunca creí eso.

—Había un video.

—En el que nunca se le vio la cara a Iván...

—Ya sé, Mónica, tú lo adorábas. Pero ya ves, nunca llegamos a conocer bien a la gente.

—Yo sigo creyendo que es inocente. Y lo seguiré pensando mientras no vea pruebas contundentes de su culpabilidad. Y hasta hoy, no he visto ninguna. Más bien, deberías ayudarlo.

—No es mi obligación.

—Pero es tu deber, es tu familia, Marcos. Pónte en su lugar por un momento. Yo estoy cien por ciento segura de que él no hizo lo que dijo esa vieja ofrecida. Para empezar, no tenía tiempo, porque toda su vida era entrenar ;además, no podía ni quería hacer otra cosa. Tu mamá no lo dejaba ni respirar sin ella.

—¡Como chingas, Mónica! Si tanto lo quieres ¿por qué no lo ayudas tú?

—Díme donde está y lo hago.

—Hasta crees. Te prometo que iré a verlo y lo ayudaré en lo que pueda.

—Eso espero. 

 

Ocho años antes

Iván observaba desconfiado el lugar al que su hermano lo había llevado. Se trataba de una construcción de ladrillo en obra negra, sin ventanas todavía.

—Aquí vas a vivir a partir de ahora. Bueno, mejor dicho, cuando esté habitable.

—¿Es tuya?

—Si —mintió—, pero cuando la termine va a ser para ti. Qué calor hace...

—Pues, no está mal. Pero mientras ¿dónde me quedaré?

—Conmigo, en la casa.

—Pues gracias.

—Espera... —el teléfono de Marcos sonó y respondió.

Parecía estresado, nervioso. Iván pensó que su negocio de muebles debía tenerlo así. Al poco tiempo finalizó la llamada y su hermano volvió a entrar.

—Oye, tengo que salir urgente.

Iván rodó la silla, pero Marcos lo detuvo con una seña.

—No, no, no. Es urgente y de aquí a que suba todo y acomode la silla...
Mira, mejor espérame aquí y en cuanto solucione regreso. Mientras mira el resto de la casa y al rato vengo por ti ¿ok?

—Está bien, ve.

Marcos salió casi corriendo y abordó su auto, desde donde se despidió con la mano. Después se marchó.

Pasaron un par de horas, luego cinco, luego diez; después anocheció. Fue entonces cuando comprendió que su hermano no volvería por él.
 


 


 


 


 


 

Bertha no podía parar de reír, a pesar de lo preocupada que estaba por la situación de José.
 


 

—¿De qué te ríes, loca? —preguntó su madre.
 


 

—De la "Lady SixPack". Se pasaron. Eso le pasa por perra. 
 


 

—¿Quién es? —Bertha le muestra el video que estaba viendo— ¿Qué no es Loretta?
 


 

—Si.
 


 

—¿Por qué hizo eso?
 


 

—Porque seguramente los batidos que se traga, tienen mercurio y se está volviendo loca. Bueno, ya me voy. 
 


 

—¿Vas a ir a correr? 
 


 

—Pues si. 
 


 

—¿Y no te da vergüenza pararte ahí después de ese escándalo?
 


 

—¿Y a mi por qué? Que se avergüence ella, que fue la que actuó mal.
 


 

—Además, ya me dijo Sandra que estás hablando mucho con ese fulano.
 


 

Bertha conocía de sobra a Sandra y aunque era un poco mustia, nunca había sido chismosa. Lo que no sabía, era por qué su madre mentía culpándola a ella, de lo que sabía muy bien, había hecho Loretta. Esa malparida perra chismosa.
 


 

—¿Si? ¿Y qué más te dijo?
 


 

—Que te peleaste con ellas por su culpa.
 


 

—No señora, me peleé con Loretta, porque es una reverenda imbécil, una víbora ponzoñosa y una perra; por ende, con su siamesa. Y no es "un fulano", además. Se llama José y somos amigos. 
 


 

—Pero...¿qué clase de gente es? —hizo un mohín de asco que molestó mucho a Bertha.
 


 

—De la clase de gente que no se rinde, a pesar de lo difícil que es su vida. Ya me voy.
 


 

No sabía como lo hacía, pero hablar con su madre, la ponía irremediablemente de mal humor.
 


 

Parecía como si ese par de arpías huesudas fueran sus hijas y no ella. 
 


 

Para su madre no importaba nada, y nada de lo que hiciera era importante, si no tenía un cuerpo como el de Sandra o Loretta. 
 


 

"Nadie te va a querer estando tan gorda".
 


 

"Así nunca te vas a casar".
 



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

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