El Rey Del Hielo (reedición)

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Rendición

Terminando de correr, Bertha secó el sudor de su cara con la toalla que siempre llevaba para eso y se dispuso a marcharse.

Justo en la entrada, se topó frente a frente con sus examigas.

Loretta volteó la cara, pero Sandra la saludó con la mano. Por cortesía, Bertha devolvió el saludo de la misma forma y salió cuando Sandra se apartó para que pasara.

—¿Por qué la saludas? -reclamó Loretta.

—Porque yo no tengo nada en su contra. A mi Bertha me cae bien y si a veces me río contigo de ella, es porque es muy chistosa de manera involuntaria. Pero no porque me esté burlando.

—Ay, ahora resulta... ¡Te ríes de todos modos!

—Piensa lo que quieras.

—Al menos el maldito mocho no vino. No soporto verlo, me da asco.

—¡Pues no lo veas! Eres muy cruel.

—¿Y hasta ahora te das cuenta? Odio a la gente fea. Chueca, gorda, calva, prieta...

—¿Si? ¿Y por qué le compras al ñero de aquel puesto? —señaló a "Vulgarcito", quien las saludó con su flamante sonrisa sin dientes— ¿No será que tienes gustos exóticos? —se burló— ¿O te gustan sus "finos cumplidos"? Al menos el novio de Bertha es muy educado y respetuoso.

—¿Ya te cambiaste de bando o qué?

—Ay Loretta, a veces eres tan infantil. No hay ningún bando. Además, no entiendo tu odio por ese pobre muchacho.

—¡Me da asco, ya te lo dije! ¡Me repugna!

—Me caes tan gorda cuando haces esos comentarios. Yo un le veo nada de malo. Hasta guapo es. Ojalá nunca estés en unas circunstancias parecidas.

—¡Mejor muerta! ¿Me oyes? ¡Muerta!

—Desgraciadamente si.

—¿Sabes que en la Alemania nazi se deshacían de toda esa gente desagradable y defectuosa? ¿Y sabes por qué? ¡Porque se trata de mejorar la especie, no de joderla más!

—No dejas de sorprenderme. Pero para mal. Ahora hasta nazi saliste.

Sandra se colocó sus auriculares y prefirió empezar a correr ella sola, dejando a Loretta atrás.


 

 

Bertha estacionó su auto frente a la casa de don Fili, quien se asomó por la ventana y muy sonriente, la saludó. Ella devolvió el saludo y entró al patio frontal de la casa de Iván, para luego tocar la puerta.

Iván limpiaba la mesa del comedor mientras escuchaba la radio. Una radio vieja que había comprado en una segunda. Aún se escuchaba bien, pero lucía como si hubiera viajado a los ochenta para conseguirla.

Pensando que era su hermano de nuevo, bajó de la única silla del comedor y se acercó a la puerta para quitar el seguro.

—Pasa —indicó sin ver quien era y volvió a lo que hacía.

La puerta se abrió lentamente y los sorprendidos ojos celestes de Iván, se abrieron también ante la felicidad de ver a Bertha; misma que tuvo que ocultar de su rostro, pero que se le escapaba por la mirada.

Un penetrante olor a cloro se respiraba en el ambiente. Bertha tosió un poco y abrió la puerta completamente para que se ventilara. Pero él estaba tan habituado a ese olor, que no se daba cuenta de lo fuerte que éste era.

—¡Te vas a intoxicar! —exclamó alarmada— ¿Qué no te arden los ojos?

—¿Qué haces aquí?

De pronto recordó que se encontraba en el piso y lejos de su silla. Se sintió muy incómodo por esa situación.

—Vengo para hablar contigo.

—Yo no quiero hablar contigo ¿Por qué no me dejas en paz? —masculló intentando sonar molesto y distante, mientras continuaba limpiando innecesariamente, algo que ya estaba impecable.

—Porque no quiero y porque no puedo. José, díme algo ¿Has hablado con mi madre?

—Yo no conozco a tu madre, Bertha —mintió—. Y por favor, vete de aquí.

—¡No señorito! Usted y yo vamos a hablar, si o si. —se coloca en cuclilas y le quita la botella de cloro con atomizador que tenía en la mano izquierda y el trapito que tenía en la derecha, colocándolas sobre el escurridor de platos. Iván aprovechó esa distracción para rápidamente llegar a su silla y se subir. Bertha se quedó de espaldas un minuto más para darle tiempo de acomodarse.

—Por favor... —pidió.

—¿Por favor qué? —volteó a mirarlo.

—¡Vete de aquí! ¡¿Por qué irrumpes así en mi vida?! ¡¿Por qué insistes?!

—Porque quiero estar contigo.

—¡Pero yo contigo no!

Bertha sonrió. Su boca podía decirle una cosa, pero sus ojos le decían lo opuesto.

—¿Y qué te lo impide? —continuó— ¿Eres casado? ¿Tienes familia, hijos?

—No, nada de eso.

—¿Estás enfermo?

—¡¿No me ves acaso?! —estalló—¡¿Qué tienes tú en la maldita cabeza,que no te funciona bien?!

—¡No tengo nada, José! ¡No tengo miedo, no tengo prejuicios, no tengo barreras!

Iván intentó alejarse, retrocediendo en su silla, pero antes de que lo hiciera, ella lo detuvo sujetándola de los descansa brazos e inclinándose un poco hasta quedar frente a frente.

—No tengo la basura que todos parecen tener en la mente.

—Se llama sentido común; y si, no lo tienes.

—Sigues siendo una persona, José. Y eres la persona que quiero, necesito seguir conociendo.

—¿Y has pensado en lo que yo quiero? Tal vez el que no quiere tenerte cerca soy yo. Tal vez, al que no le interesas, es a mi. Respeta eso.

—Lo haría con todo gusto...si no me estuvieras mirando como lo haces. Tus ojos no mienten ¿por qué tu boca si? ¿Has pasado tanto tiempo siendo infeliz, que un poco de felicidad te da tanto miedo? Yo sé lo que es eso.

—No lo creo.


 


Afuera, cómodamente sentado en un sofá viejo frente a una de las ventanas, don Fili escuchaba emocionado todo lo que Bertha le decía a Iván.

Iván, quien en el fondo estaba muy emocionado por su forma de hablar, nada le hubiera gustado más que ceder ante sus argumentos, pero sería injusto y egoísta hacerlo. Por eso, se vio en la obligación de ser muy duro con ella.

—¡Déjame en paz!

—Oblígame —lo retó y se plantó frente a él, cruzada de brazos, impidiéndole moverse.

—¡¿Perdón?!

Él forcejeaba con la silla, pero tampoco quería lastimarla.



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

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