El Rey Del Hielo (reedición)

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La cruel verdad

Bertha miraba atenta a su alrededor.

El cloro le picaba la garganta y decidió salir un momento. Iván salió tras ella pensando que había algún problema y vieron a Filiberto sentado en el sofá de afuera, con el Pecas en su regazo.

—Buenas noches —saludó— hace calorcito ¿no?

—¿Hace cuanto que estás ahí?—preguntó Iván.

—Como media hora.

—¿Y a que venías?

—Ya se me olvidó.

Bertha rió.

—Ya me voy —anunció Bertha.

—No, ustedes sigan, por mi no se preocupen.

—¿Seguir con qué, Fili?

—Pues con lo que estaban..."besho, besho abrasho".

—Me encantaría, pero vengo de correr y apesto. No quiero que alguien —mira a Iván—, empiece a rociárme cloro ¿Nos vemos mañana? —le preguntó al joven.

Bertha se agacha para darle un apasionado beso en la boca a Iván, sosteniendo su nuca con las manos.

Cuando el beso terminó, ambos se vieron por unos instantes, en una estampa digna de un póster de una película romántica. O al menos, eso le pareció a Filiberto, que los observaba emocionado desde su lugar.

—Nos vemos don Fili —se despidió.

Iván no la perdió de vista, hasta que el carro arrancó.

Tenía miedo, pero no se sentía tan feliz desde hacía mucho tiempo. Ella le correspondía y apenas podía creerlo.


 

 

Eran las diez y media cuando regresó a su casa. Su madre la esperaba en la sala, con la luz apagada.

—¿Dónde estabas? —preguntó Delia, desde la oscuridad de la sala.

Bertha casi salta hasta el techo por la sorpresa.

—¡Ay! Por ahí —respondió seca.

—¿Estabas con él, verdad?

—Si te refieres a José, si. Estaba con él y con su vecino, platicando.

—¿Y de qué hablas con ese vagabundo? —encendió la lámpara.

—José no es ningún vagabundo, mamá. Es un muchacho sano, que trabaja para vivir.

—Es casi un limosnero.

—Me voy a dormir. Y no vuelvas a molestarlo.

—¿Qué te dijo? ¿Qué trato de proteger a mi hija de un oportunista? ¡Abre los ojos Bertha! Ya vio la forma de mejorar su miserable vida. Dentro de poco va a empezar a pedirte dinero para, sabrá dios, que clase vicios tenga.

—Me voy a dormir, ve a hacer lo mismo.

—Loretta me dijo...

—¡Que Loretta se vaya por el jodido drenaje, mamá! ¡Si tanto la quieres, adóptala y ya! ¡"Tan bonita ella"! ¡"Tan delgadita y pinche perfecta ella! ¡Me vale lo que esa pendeja diga o deje de decir!

Se va a su cuarto y cierra la puerta violentamente.

—¡Bertha! ¡Bertha, te estoy hablando!

—¡Vete a dormir! —gritó desde adentro, pero olvidó ponerle seguro a la puerta y su madre entró.

—¡Mira como te pones por ese desgraciado!

Bertha abrió la puerta.

—No, no es por él, es por ti. Si no quieres que me ponga "así", nunca vuelvas a mencionárme a tu puta idolita de mierda, porque estoy bien segura de que fue ella, la que te dijo un montón de mentiras acerca de José.

—¡Ella no me dijo nada!

—Entonces fue Sandra...No, no creo.

—¡Yo lo vi! ¡Es una inválido,Bertha! ¡Por favor, reacciona!

—¡No, no lo es! ¡Es una persona que tiene una discapacidad, nada más!

—Hablé con él.

—Ya lo sé. El problema, es que tú no sabias que existía hasta hace poco ¿no? Hasta que tu rubiecita cagona adorada, te lo dijo. Pero yo ya estoy grande y sé lo que hago.

—¿Por qué hablas así de Loretta? ¿Qué no eran amigas?

—¡Pues ya no! Aprecio tu repentino interés, pero no te metas en mi vida.

—Yo sé que tú crees que no puedes conseguir alguien mejor, pero si te esforzáras y dejaras de tragar como una puerca, a lo mejor algún hombre normal se fijaría en ti.

—A él le gusto como soy ahora.

—Eso es lo que tú crees. Pero lo que ese ve en ti, es solo a una idiota a la cual poder manipular para que le de lo que necesita. Porque si ese estuviera bueno, completo, hasta crees que se iba a fijar en ti. Eres su "peor es nada".

—Sal de aquí ya ¿quieres? Tengo sueño y mañana tengo mucho trabajo. Vete por favor.

Delia salió del cuarto de su hija. Sabía que a veces podía ser muy dura, pero estaba convencida que así debía ser, por su bien.


 

 

Desde su cuarto, Delia escuchaba el llanto de su hija. Pero consideraba que era lo mejor. No se veía invitando a comer a ese tipo. El solo pensar en que tocara a su hija con ese horrible pedazo de mano que tenía, le repugnaba. Además, su casa era tan pequeña, que nunca podría entrar con ese armatoste destartalado en el que se movía. Y la posibilidad de verlo moverse por el suelo con los brazos, la molestaba en exceso.

¿Estaría Bertha consciente de como se ven esas personas?

Porque una cosa era verlo de lejos, pero convivir con él... 
¡Ah, y que ni se le ocurriera llevarlo a la casa!

Estaba realmente devastada. Cuando imaginaba a Bertha con un novio, no la imaginaba así, empujando una silla de ruedas.

Por eso la presionaba tanto. Era linda ya de por sí, —aunque nunca como Loretta— y si estuviera delgada, podía hasta pescar un marido guapo, sano, pudiente. No esa cosa, ese despojo, ese...pedazo de hombre.

Tuvo que tomar un par de aspirinas, porque el solo hecho de imaginarlos juntos haciéndose caricias, le desataba la migraña.


 


Después de platicar un rato con Fili y ya que éste se había ido, Iván se disponía a dormir.

Sabía que era una locura, es decir, ni siquiera se conocían. Pero cuando ella lo miraba como lo hacía, casi olvidaba como se veía, lo hacía sentirse seguro. Como si a pesar de todo, fuera capaz de despertar deseo en otra persona.

Pensando en ella, en su risa, en su mirada y su voz, se quedó plácidamente dormido.


 


Aún molesta y dolida, Bertha se negó a hablar con su madre. Ni siquiera la miró. Preparó su merienda y se marchó.

Pero el daño estaba hecho y la duda sembrada. Ahora solo podía pensar en si lo que dijo su madre, podría ser verdad.

Si estaba siendo muy inocente y José solo la veía como una oportunidad para usarla, como muchos otros lo habían hecho antes, aprovechándose de su cariño.



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

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