El Rey Del Hielo (reedición)

Tamaño de fuente: - +

Las cosas van a cambiar

Iván recargaba la cabeza en el respaldo de su asiento, mientras pensaba en si le había pasado algo a Bertha, porque no la veía desde el jueves que se fue de su casa y el viernes no había ido a correr.

—¿Qué te pasa? —preguntó Fili—, vienes suspiro y suspiro, con la mirada perdida.

—Nada —respondió desanimado—. Creo que Bertha ya lo pensó mejor y no va a volver. Y es mejor así.

—Tal vez tuvo algún contratiempo y como tú no tienes a donde te llame, pues no te pudo avisar. Deberías comprarte un teléfono, aunque sea de esos chafitas, nomas para que tenga como hablarte.

—Tal vez luego.

—No seas pesimista.

—Es que Fili, era demasiado bueno para ser verdad.

—Nada de eso. Va a ver que mañana ahí va estar ¿Sabes dónde vive?

—No. Y aunque lo supiera.

—Si, ya sé, no te quieren en su casa.

—Ni en su vida.

—Si ella te quiere, los demás, son lo de menos.


 


En su cuarto, tendida en su cama, Bertha pensaba en si estaba haciendo bien, alejándose de José. No le gustaba y siendo sincera, se sentía miserable tan solo con intentarlo.

Había tenido muy malas experiencias románticas toda su vida. Siempre, o era rechazada, o era usada aprovechándose de sus sentimientos.

Ella no quería, ni podía creer lo que le decía su madre, porque cuando lo miró a los ojos, no vio falsedad. Por primera vez en la vida, notaba en su mirada algo que nunca antes notó en nadie más.

Pero tenía muchas dudas. No de él, no de lo que sentía, sino de terminar lastimándolo con sus dudas. A pesar de su fortaleza, José era una persona muy frágil que se notaba, había sufrido mucho y eso lo volvía muy inseguro.

No, tenía que verlo. 
Se levantó y salió rumbo a su casa.


 


Marcos estaba un poco desesperado, Iván estaba tardando mucho en llegar, pero no podía irse sin entregarle personalmente las llaves de la puerta nueva que instaló en la casa y que contrastaba bastante, con el resto de la construcción. Ya habría oportunidad de realizar otras mejoras al lugar, después.

Bertha llegó hasta la puerta. Eran las siete de la tarde, por lo que era seguro que estuviera ahí.

Tocó a la puerta y notó que tenía una chapa nueva. Marcos abrió y se topó de frente con Bertha.

—Hola —saludó Marcos.

—Hola ¿Está José?

—¿Cuál José?

—El muchacho que vive aquí. El de la silla.

—¿Iván?

Marcos lo pensó un momento y se dio cuenta de que tal vez, por la cara que ella puso, que la había regado.

—Ah, si, perdón. No, no está y tengo horas esperándolo.

—Entonces vuelvo después.

—¿Y...quien le digo que vino?

—Bertha.

—Bertha ¿así nada más?

—Él sabe quien soy. Aunque yo ya no estoy segura de quien es él. "Iván", ese nombre otra vez.

—¿Y quien eres? Yo no sé... —dijo con clara intención de coquetear.

—Su novia —respondió ella muy seria.

Por lo que vio, le provocó un poco de sorpresa lo que dijo. Después, apenado, le extendió la mano para presentarse.

—Pues mucho gusto, yo soy Marcos Ferreira, su hermano...de él. Sí ¿no?

Bertha sonrió ante su nerviosismo.

—Bueno, mejor regreso después. Con permiso, Marcos.

Ella dio la media vuelta y se fue mientras él veía el hipnótico contoneo de su cadera al caminar, pensando en si había escuchado bien.

¿En serio su hermano tenía novia? Y además, una novia como esa, tan bien abastecida por enfrente y por detrás.


 


Poco después de haberse ido, llegaron Iván y Filiberto.

—Ya dejaste la luz prendida otra vez, no te digo... —lo reprendió su vecino medio en broma y medio en serio.

—No, no fui yo.

Fili bajó la silla y se la acercó, mientras él abría la puerta.

—Voy a quitar el candado.

Ambos rieron por la broma, ya que se refería a retorcer los alambres con los que aseguraba la puerta de malla.

—¡Ah chingao...! ¿Cuando pusiste la chapa? ¡Y la puerta!

—¿Cuál chapa?

Se acercó, la vio y frenético, empezó a tocar la puerta.

Marcos abrió amodorrado, se había quedado dormido en la espera.

—Hasta que llegas, tengo aquí todo el día esperándote.

—¿Tú arregláste la puerta?

—Más o menos. Filiberto, ¿Qué tal? —Saludó de mano al hombre, quien por educación, se vio obligado a ser cortés, aunque no le simpatizaba el tipo para nada.

—Voy a bajar las cosas —dijo el vecino y se encaminó al maletero del auto.

—Ah, yo lo ayudo.

Marcos parecía sospechosamente amable. No estaba acostumbrado a verlo tan dócil. Incluso, notó que su hermano ya no lo veía del mismo modo.
¿Sería un alienígena usurpador de cuerpos?

Cuando entró a la casa, supo por qué.

—¿Dónde lo pongo? -preguntó Marcos, mirándolo curioso.

—Allá —señaló un rincón detrás de la puerta.

Marcos acomodó la caja con botellas donde le indicó.

—No te voy a mentir, son saldos de la mueblería. Pero no porque tengan algún defecto ni nada, sino porque la gente va cambiando de estilo y ya no busca ciertos diseños.

—¿Y mis cosas?

—Se las llevaron a tirar, eran basura, Iván.

—¡No! ¡No todo, Marcos! ¡Había una caja, una caja de madera que era de mamá! ¡¿Dónde está?!

Marcos sacó la caja de la que hablaba de un cajón en su nuevo buró.

—Aquí está —se la puso en el regazo e Iván la abrazó inmediatamente, como un niño a su osito de peluche. Era una imagen muy tierna que hizo sonreír a Marcos, quien sabía lo que había en esa caja y por qué era tan importante para él.

Aunque en un arranque de envidia le cruzó por la cabeza deshacerse de ella, cuando vio su contenido, estuvo seguro de que sería una bajeza muy grande y la apartó mientras los hombres sacaban las cosas y trabajaban instalando los muebles y los enseres que le regaló.

Era lo menos que podía hacer por él, después de lo que hizo.

—¿Te gusta?

Iván contempló un momento, todo lo que su hermano en medio de un ataque de generosidad, le llevó.



VampireDramaQueenRld

Editado: 14.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar