El robo de las llaves mágicas

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CAPÍTULO XXVIII

Las huestes oscuras y dragones, no saben si seguir con el ataque o tomar otra estrategia. Al final de unos breves momentos (y con mucho nerviosismo), los enemigos negros continúan con el combate por los tres flancos: izquierdo, derecho y por arriba.

Rápidamente, Kéilan le ordena a “Fragua” que derribe a todo enemigo en el cielo. La mascota alza vuelo inmediatamente, derribando a los primeros parientes cercanos; tarea simple para él, dado que la hechicera le ha provisto de la habilidad de exhalar fuego blanco. Todavía puede lanzar llamaradas de fuego rojo; es él, quien decide cuál utilizar.

En medio de la formación, los arqueros inician con el ataque de los agresores, disparando dos rondas de flechas. Acto seguido, Sir Terrence y Declan dan la orden del ataque frontal.

Los guerreros empiezan con la confrontación, esparciéndose por el campo de batalla.

Las batallas son intensas por todos lados, incluyendo el aire.

Sir Terrence se encuentra luchando contra un dragón que ha aterrizado. En medio del combate, un ser negro decide meterse en la pelea. Justo cuando planeaba dar un golpe mortal con su espada oscura, una misteriosa creatura sale de la nada, atacando y venciendo al enemigo.

Sir Terrence no tarda en acabar con su adversario, deseoso de ver quien le ha salvado.

Se sorprende en sobremanera por lo que ve.

―¡¿Jhod?!, ¡¿eres tú?!

El lobo del bosque, ahora mide casi dos metros de alto. Se ha convertido en un ser antropomórfico.

Sus patas y cabeza siguen siendo de lobo, mas sus brazos y pecho son de humano. Todos los músculos se han fortalecido en gran manera. Sus manos terminan en filosas garras, al igual que los pies. Porta una armadura de cuero tachonado, cubierta de remaches y placas de bronce, que le protege el pecho y la espalda. Una falda de tela y otra de múltiples tiras de cuero, cubren sus partes bajas. Brazales y grebas del mismo material, protegen los antebrazos y sus piernas. Su cabeza es protegida por un yelmo liso ovalado de bronce.

Esgrime un Khopesh de doble filo en una mano, protegiéndose con un escudo redondo con la otra; ambos elementos son de acero.

―Así es ―responde Jhod―. Kéilan me hizo el favor de hacerme esta transformación. Dijo que ahora soy un lobo-hombre.

―Es una buena noticia ―comenta Sir Terrence―, ahora dejemos de hablar y sigamos aniquilando a los monstruos malignos.

No pasa mucho para que termine la batalla. Los cuerpos de los dragones se encuentran esparcidos por el valle; mientras que los seres negros, se han desvanecido completamente.

Cathal se dirige a todos

―¡Sigamos avanzando, ya casi…

―¡Cuidado! ―gritan algunos soldados.

Antes de que el líder gitano termine la orden, dos grandes rocas caen del cielo.

Afortunadamente, Kéilan y “Fragua” las desvían lejos de los guerreros y arqueros.

El peligro aún no ha pasado.

Una lluvia de rocas de todos tamaños empieza a caer.

La hechicera, le ordena al dragón que detenga o desvié la mayor cantidad posible de piedras, mientras que ella hace lo mismo con la otra parte. Algunos proyectiles caen entre los soldados; por fortuna, ellos logran esquivarlas todas, evitando cualquier baja.

El bombardeo cesa después de muchos segundos, llegando al medio minuto completo.

Cathal sigue relativamente cerca del grupo de guerreros y arqueros, a cinco metros de distancia. Ya casi llegan al final del valle.

Todos esperan por un nuevo ataque; en cambio, una creatura llega tan rápido como un relámpago, aterrizando pesadamente justo al frente de los hombres, y a un par de metros del gitano mayor.

La tierra se estremece salvajemente, provocando que los hombres se tambaleen por unos momentos; varios caen al suelo, incluyendo Cathal, quien mira con detenimiento al ave gigante.

―¡Un roc! ―exclama él.

El animal que acaba de llegar, es un halcón de veintiún metros de largo. Un casco simple de metal protege su cabeza. Accesorios para su pico y garras, hechos de hierro común y corriente, incrementan su poder de ataque. La creatura baja su cabeza; acercándola al patriarca zíngaro.

Kéilan corre con Cathal, observando cuidadosamente al roc. Al llegar al lado del jefe gitano, por fin logra reconocer a una amiga.

―¿Xylona? ―pregunta ella en voz alta.

Cathal voltea con Kéilan, quien sigue avanzando hacia el ave, con el brazo izquierdo extendido hacia el frente.

»¿Qué te pasó? —pregunta ella angustiada.

El jefe gitano regresa su vista con el roc, reconociendo al halcón Xylona… o lo que solía ser ella. Además de su crecimiento descomunal, sus ojos también han cambiado; ahora son completamente negros.

La joven hechicera ya estaba apunto de tocar la cara del gran ave, cuando Cathal la toma del brazo derecho, jalándola hacia atrás; salvándola por centímetros, de ser aplastada por el pico del roc.

―Ya no es Xylona. ―Le dice Cathal a Kéilan, ayudándole a ponerse de pie.

Segundos después, una risa malvada se escucha.

El roc avanza un par de pasos, dejando a la vista su costado y a una extraña figura femenina montando en su espalda. Ella controla a la bestia alada, con ayuda de unas largas riendas.

Al parecer, los aventureros han encontrado a la líder del ejército malvado.

La nueva enemiga es una mujer de hermoso rostro, de cuerpo escultural y curvas voluptuosas. Aparentemente tiene treinta años, de ojos color verde olivo. Su gran belleza es opacada un tanto, por un par de alas de murciélago que le salen de la espalda; sumando el hecho, que su largo cabello, está compuesto por miles y miles de serpientes vivas: moviéndose y siseando todo el tiempo.



ElGitanoBlanco

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En el texto hay: avetura, barcos, batallas epicas

Editado: 22.05.2019

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