El robo de las llaves mágicas

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CAPÍTULO XXXII

Dejando que su ejército se encargue del trabajo pesado, Kéilan le ordena a “Fragua” ayudar a acabar con los dragones en el aire. Él obedece de inmediato.

Volviendo su atención a la ‘furia’, ella se le acerca a un metro de distancia.

―Te lo preguntaré una vez más. ―Le dice seriamente.

Su voz todavía provoca el eco de antes.

»¿Tu sola has liberado al mago Ymn?

Justo antes de que la cautiva conteste, tres dragones llegan a enfrentarse a Kéilan. Los tres miden más de dos metros.

El primero arremete verticalmente, usando su espada corta. La hechicera se mueve apenas unos centímetros, para esquivar el golpe de la hoja.

De un segundo al otro, sus manos empiezan a irradiar una luz blanca brillante.

Elevándose en el aire, ella invoca su arpón en su mano izquierda, clavándolo en la garganta del enemigo, atravesando el primer corazón; al mismo tiempo, utiliza su mano derecha, desnuda y con los dedos extendidos para atravesar la piel del pecho, perforando el segundo órgano. Retira el arpón y la mano al mismo tiempo, salpicando su cara y ropa de sangre roja oscura.

Todo esto ocurre en un segundo.

El cuerpo sin vida del dragón cae de frente.

Kéilan regresa a tierra firme.

Pretendiendo sorprender a la muchacha, el segundo soldado alado ataca por la espalda. Con un rápido movimiento horizontal de su hacha, trata de cortarle la cabeza; mas ella se agacha hábilmente. En esta ocasión, toma la muñeca de su adversario con su mano izquierda, aplastando y desmembrando la garra con un movimiento rápido.

Tan intenso es el dolor, que el soldado da un fuerte grito mientras se hinca.

Tomando la espada que le pertenecía al primer agresor y envolviéndola en fuego blanco, ella la entierra en la quijada del dragón, sobresaliendo la punta por la cabeza. Deja la espada en su lugar.

La segunda lagartija cae muerta.

Dudando si atacar o no, el tercer reptil se detiene en su lugar.

Ella voltea a verlo seriamente.

El dragón opta por atacarla frontalmente con su gran hacha de dos filos, dando un fuerte golpe sesgado con su arma.

Kéilan simplemente alza el brazo, protegiéndose con el antebrazo.

El hacha golpea contra la carne… mas, el metal se rompe; dejando una marca de “U” en la hoja.

Sin saber qué hacer, el dragón se queda parado, inmóvil en frente de la joven.

Instantáneamente, Kéilan se eleva y mete su mano izquierda en el pecho del enemigo, arrancándole el corazón.

Con solo un órgano vital funcionando, el dragón cae en cuatro patas. Kéilan le levanta un poco la garganta, para poder extirpar el corazón restante con la mano derecha.

El cuerpo del enemigo cae sin vida al suelo, con los ojos abiertos. La hechicera deja ambos corazones al lado del cadáver.

Ya sin insectos que la molesten, sus manos dejan de brillar.

Conmocionada, la ‘furia’ no da crédito a lo que ve, empezando a aterrarse rápidamente.

Kéilan no pierde más tiempo.

Se acerca con la erinia, gritándole.

—¡Habla! ¡¿Quién te ayudó a liberar al mago?!

―Te dije la verdad hace unos momentos ―responde la erinia, temerosa por su vida―; yo no liberé a nadie. Yo vivía al Oeste de…

―¡No me importa tu vida pasada! ―La interrumpe Kéilan bruscamente―. ¡¿Cómo es que sabes usar la magia negra?!

―¿Cuál magia negra? ―pregunta la mujer desconcertada―. No sé de lo que me hablas. Te estoy diciendo la verdad.

Kéilan deja pasar un par de segundos de silencio.

Formula una nueva pregunta, calmándose un tanto.

―¿Cómo obtuviste esas llaves?

―Un mago, con extraños símbolos color rojo carmesí, me las regaló; después, me pidió que lo trajera a esta isla. Él ya había reunido a todo el ejército, incluyendo a los troles; ya estaban armados con las armas negras y protegidos con las armaduras oscuras. Los barcos también ya estaban construidos y anclados en la costa.

Por tercera ocasión, Kéilan invoca su jabalina, colocándola en la barbilla de la erinia; dirigiendo una de las puntas a la garganta de la prisionera.

»¡Lo juro! ¡Lo juro! ―dice la ‘furia’, cerrando los ojos fuertemente―. ¡Juro que es verdad!

Kéilan baja el arpón, haciendo una nueva interrogante.

―¿Él te otorgó los poderes mágicos?

Abriendo los ojos, la ‘furia’ contesta.

―Así es. Realizó un hechizo especial sobre mí. Me explicó detalladamente los conjuros que podía realizar. De esa forma le di tamaño sobrenatural al halcón, convirtiéndola en mi esclava.

Con ayuda de su magia, Kéilan le quita las llaves a la ‘furia’, colocándoselas ella misma.

Un nuevo grupo de cuatro dragones baja del cielo, intentando asesinar a la muchacha; oportunamente, cinco cadáveres ambulantes alados llegan al rescate.

Mientras que sus esclavos la protegen, Kéilan dirige su mano hacia atrás; exactamente donde la erinia la tenía sometida en el suelo.

Los fragmentos de la espada bastarda se vuelven a unir y forjar. El arma cobra vida y se dirige a la mano de ella.



ElGitanoBlanco

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En el texto hay: avetura, barcos, batallas epicas

Editado: 22.05.2019

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