El robo de las llaves mágicas

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CAPÍTULO XL

Avanzando a una velocidad constante y un clima tranquilo, los soldados descansan un buen tiempo. En la noche, “Fragua” remolca ambas embarcaciones, mientras nada en el agua.

Cuando llega la media noche, el dragón decide que quiere irse a descansar. El único lugar donde puede hacerlo, es en el fondo del mar.

Jhod se sube a un barco, y los soldados desamarran las sogas de las rodas.

Para evitar que los barcos se alejen, colocan las anclas en las cubiertas contrarias.

Una hora después, las armas llameantes se apagan, dando lugar a la oscuridad; por fortuna, los faroles siguen guardados. Encienden algunos para calmar a la tripulación.

A la mañana siguiente, “Fragua” sale a la superficie para continuar con el viaje.

Jhod vuelve a montar a su amigo y se amarran las cuerdas por segunda ocasión. Deciden dejar las anclas donde están.

En la primera hora de la tarde, Jhod logra ver tierra a la distancia. No tarda en darles la noticia a los demás.

Rylan le ordena que vaya a investigar.

Unos momentos después, Jhod regresa con buenas noticias, abordando el barco de Sir Philippe.

—Ya estamos cerca ―explica Jhod alegremente―. Adelante se encuentran los islotes de las montañas Cúdrerianas. He revisado más a la derecha ―dice él señalando el lugar―, y he encontrado la playa de donde partimos; de hecho, creo que he visto a todos, esperándonos.

―Sí... es una buena noticia ―responde Sir Philippe con aire triste.

Jhod se acuerda del porqué del sentimiento de su amigo.

—Que “Fragua” nos remolque nadando el resto del camino. —Le ordena Sir Bufón—. Que camine un trecho por tierra, para que el tercio de los barcos encallen en la playa. Si hay gitanos en la playa o pradera, diles que tienen que retroceder unos metros, mientras desamarramos al dragón. Si encuentras guerreros, pídeles que te ayuden a desamarrar las sogas de sus patas.

El lobo afirma con la cabeza, comenzando el regreso con su amigo alado.

—¡Guerreros! ―Los llama Sir Philippe―. ¡Cuando encallemos, desamarren las cuerdas de la roda! ¡Esa es la última orden que obedecerán por mi parte! ¡Después de haber desembarcado, Sir Ahren vuelve a ser su capitán!

En el otro barco, Rylan hace algo parecido.

―¡Camaradas! ―Se dirige él a los arqueros―. ¡Llegando a tierra, desamarren las cuerdas de los barcos!

Se acerca con Cathal, quien se encuentra sentado en un cofre; el último de la popa.

Su semblante ha cambiado completamente. Ahora muestra una gran preocupación, acompañado de una tristeza notable.

—Cathal. ―Le llama el viejo gitano.

El gitano mayor alza la vista hacia él.

»Cuando los barcos lleguen a la costa, vuelves a tener el liderazgo de la comunidad.

Se quita las llaves mágicas de su cuello, entregándoselas a Cathal en la mano derecha.

»Vas a necesitar esto.

Él no dice nada; solamente se levanta y se dirige a la proa del barco.

En la playa donde partieron los Schniggens y en la pradera amarilla, la mayoría de los habitantes del bosque, de la comunidad gitana y los guerreros del Este, se encuentran esperando a sus compañeros y familiares.

Un grupo de hadas, entre ellas la misma reina, vuelan sobre la costa; no tardan en divisar ambas naves vikingas. Rápidamente van a dar la noticia a los demás.

―¡Ya llegaron! ¡Están de vuelta! ―dicen ellas felizmente.

Todos los presentes se contagian con el mismo sentimiento, esperando pacientemente por los aventureros y los soldados.

Ven llegar a un lobo-hombre montado en la cabeza de una creatura marina.

Al llegar a la costa y sacar medio cuerpo del agua, todos se dan cuenta de que es el dragón “Braza ardiente”.

Jhod se percata que los gitanos se encuentran cerca de la playa, así que le ordena a su amigo que se detenga.

Baja del dragón, y se dirige a la comunidad romaní.

―¡Necesito que se hagan a un lado por unos momentos! ¡Varios metros lejos del dragón! ¡Así evitaremos contratiempos!

El gran grupo de zíngaros se mueve los metros necesarios, para que “Braza ardiente” pueda salir completamente del agua.

Jhod se queda en tierra, guiando a su amigo todo el tiempo desde el lado derecho.

Todos los presentes aplauden y silban de alegría.

Cuando los barcos encallan lo suficiente, varios marineros en las proas hacen señas con los brazos.

Con el dragón quieto, los hombres empiezan a desamarrar las cuerdas de los barcos.

Una preocupación creciente se empieza a sentir en el aire.

Los barcos silenciosos, no pueden ser buena señal.

La reina Zelinda se acerca con Jhod. Lo ha reconocido desde que bajó de “Fragua”.

―¿Encontraron las llaves? ―Le pregunta ella.

―Sí... las encontramos ―responde Jhod tristemente―; pero a un precio muy alto.

Terminan de desamarrar las cuerdas de los barcos.

Por un segundo, Jhod piensa en cumplir la orden de Sir Philippe, de quitarle las sogas de las patas de su amigo; sin embargo, decide no hacerlo. Le ordena a “Braza ardiente” que se reúna con su dueño.

Él obedece, moviéndose despacio.

Sir Ahren lo saluda felizmente, cuando llega al lado suyo; inclusive le acaricia el rostro. Su mascota sigue caminando por unos cuantos metros, sentándose en la pradera.



ElGitanoBlanco

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En el texto hay: avetura, barcos, batallas epicas

Editado: 22.05.2019

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