El sátiro en su engaño

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Ligero

En una de las montañas que rodeaban a Anej Nereb, una de esas montañas que eran bastante cercanas al poblado principal. Ocurrió un evento común y milagroso; había nacido un niño. Este pequeño niño era a simple vista igual a cualquier otro, pero había algo que no estuvo bien con el.

 

Este niño lloraba por las noches, eso era algo normal, aunque desgraciadamente después su familia se daría cuenta de que en este caso no lo era.

 

Sus padres se habían percatado de que el pobre niño incluso desde su nacimiento se despertaba con excesiva facilidad. Es por esto que decidieron colocarle el nombre de Ligero.

 

Ligero si que tenia el sueño ligero. Casi no dormía y las pocas veces que lograba conciliar el sueño se despertaba llorando con desesperación. Algunas personas dijeron que eso era algo común, que no se preocuparan "Todos los bebes suelen llorar" decían.

 

Con el paso del tiempo está situación no cambio. Ligero ya más grande seguía despertándose igual de agitado. Sus momentos de sueño eran intranquilos y escasos. Esto continuo incluso cuando cumplió tres años. Nada mejora su permanente estado de sufrimiento.

 

Con el tiempo sus padres se dieron cuenta de que la razón de que se despertara siempre alterado era por que tenía constantes y temibles pesadillas que lo atormentaban. Trataron de todas la formas posibles el remediarlo. Consultaron a médicos, sacerdotes, brujos, adivinos, nadie le encontró solución al problema que convertía la vida del niño en un martirio.

 

Al crecer Ligero desarrollo una razonable fobia a dormir, por eso siempre se quedaba despierto el mayor tiempo que le fuera posible. Sus ojos siempre tenían ojeras que al combinarse con su esbeltez y su piel pálida le daba un aspecto fantasmal inconfundible.

 

El mayor deseo de Ligero era poder librarse de aquella condena con la que nació, aunque todos esos años de pesadillas le habían conferido un carácter lleno de estoicismo, no por eso no deseaba con cada fibra de su ser librarse de aquella pesada carga.

 

No por ser resistente contra los infortunios que se le presentaban dejaba de ser Ligero una persona amable y de buen corazón, aunque claro que no era perfecto.

 

Por fortuna o desgracia, Ligero encontró un día la oportunidad de librarse de este océano de pesadillas que bañaba las costas de su vida. Todas las anteriores le habían fallado pero quizá con está tuviera algo de suerte, ningún precio era demasiado alto como para librarse de este tormento que le aquejaba.

 

El príncipe del castillo se entero de la historia de Ligero. Uno de sus pactados fue el que le dijo sobre la inesperada y rara condición a la que se encontraba sometido Ligero.

 

Entonces aquel demonio vio una oportunidad. Si hacía un trato con Ligero y por pura casualidad aquel iluso llegaba a tener aunque fuera un solo sueño que no fuera una pesadilla, el trato se cumpliría sin que el tuviera que mover un dedo. Y si se diera el caso de que nunca consiguiera otra cosa que más pesadillas, no ganaría nada, pero tampoco perdería nada, y el trato quedaría latente.

 

El príncipe le ofreció a Ligero que tendría "un sueño sin pesadillas". Astutamente le hizo creer a Ligero que al decir "un sueño" se estaba refiriendo al dormir de Ligero en general, cuando en realidad se refería a un único, puntual y singular sueño. No se refería a dos ni tres, sino a uno y solamente a uno.

 

Está vez tenia todo claro y pidió sin mas tardanza el alma de Ligero como recompensa. El alma, oh aquella cosa que no se puede ver ni tocar ¿Qué importancia puede tener para un moribundo y un desesperado?.

 

El demonio escupió en su mano y le indico a su nuevo asociado que hiciera lo mismo. Estrechando su manos en una forma un tanto asquerosa para quien no esta acostumbrado a tales rituales, el pacto quedo sellado.

 

Después de esto el demonio se fue por donde había venido para no volver a ser visto más por allí, al menos no de la misma manera. El demonio tenia un andar tranquilo y una sonrisa de complacencia por un trabajo bien ejecutado.

 

Mientras tanto Ligero estaba emocionado por el futuro que le aguardaba. Un mundo sin pesadillas, ese era su ideal. No deseaba sueños, no eran necesarios, eso seria pedir demasiado. Con que al dormirse se despertará automáticamente al día siguiente renovado y lleno de vida sin tener que transitar las calderas del abismo hubiera sido más que suficiente.



Ramsés Cornieles

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En el texto hay: demonios, mentiras, reinos

Editado: 28.09.2019

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