El secreto de Amelie Morrison

Tamaño de fuente: - +

Capitulo 2

Sebastian

Ya llegaba 30 minutos sentado en la taberna Red Lion y el Señor Wilson aún no llegada ya me estaba inquietando, no me gustaba esperar, en otra situación ya me habría marchado, pero necesitaba averiguar todo lo que pudiera, tal vez así podría entender y aceptar la muerte de William.

El anciano entró por la puerta se quitó el abrigo y recorrió con la vista la taberna buscándome. Le alce una mano para que me identificara y camino hacia mí, se quedó de pie frente a mí mesa y le indique que tomata asiento.

—¿Quieres algo de beber? — Le pregunté y rechazo mi oferta con un gesto de su cabeza. —Yo sí voy a pedir algo, lo necesito. —Le hago una seña con la mano a la moza y le pido un brandy. El me mira y me dice.

—Lo siento mucho su perdida señor, sé que apreciaba mucho Lord. Clifford. — asiento moviendo la cabeza, se me había hecho un nudo en la garganta.

—Usted también lo quería mucho, lo conocía desde niño. — Mueve la cabeza afirmativamente con los ojos llenos de lágrimas.

—Creo que yo también voy a necesitar un trago.

Le sonrío con simpatía y le hago una seña a la camarera.

— Que sean dos. — Le digo con gesticulando con la mano.

— Ahora cuéntame, cómo es que tu patrón llego al extremo de quitarse la vida. Hace seis meses recibí sus cartas, y en ellas me decía que tenía planes de boda. ¿Sus deudas aumentaron?, ¿debía dinero?, ¿tuvo que empeñar sus propiedades? Habla porque necesito entender este sinsentido.

Sr. Wilson negó con la cabeza.

—El Sr. Clifford tenía deudas de juego, pero siempre las pagada a tiempo.

—Entonces, qué le pudo haber ocurrido que lo llevo hasta ese punto, tiene algo que ver con esa joven de la que me hablaba en las cartas.

—No lo sé con certeza señor, solo sé que cuando mi señor termino su relación con la joven aquella tarde regreso a la casa completamente cambiado. Volvió a sus andadas y empezó a beber y a frecuentar casas de citas otra vez. Comenzó a apostar compulsivamente y tuvo que vender algunas propiedades. Pero su actitud cambio una mañana cuando después de llevarle su té y el periódico, leyó algo que lo perturbó mucho la expresión de su rostro cambió, e incluso derramó el té al levantarse bruscamente de la silla.

—No le dijo de que se trataba. — Le pregunté, intrigado.

—No, pero imaginé que había perdidol dinero en algunas de sus inversiones. Solo sé que, se vistió, pidió de le tuvieran listo el coche y se marchó muy de prisa. Esa noche regresó pálido como un fantasma, como si se le hubiera ido el alma del cuerpo. Y entonces su situación empeoró, se mantenía recluido sus aposentos y se negaba a salir, no comía y solo bebía su wiski favorito, temía que se enfermara, así paso los últimos meses hasta el día que sucedió la tragedia.

—Tú estabas presente cuando sucedió.

—No señor. — me dijo negando cabizbajo. —Era mi día libre y fui a visitar a mi familia, cuando llegué en la noche, me dirigí a su despacho para ver si me necesitaba, y fue cuando lo encontré. El olor a wiski estaba impregnado en el aire, todo parecía indicar que estaba ebrio cuando sucedió.

—¿No había nota de suicidio? — Le pregunto a Wilson

— ¿Nota de suicidio? — Me dice confundido

—Si, un mensaje que dejan la mayoría de las personas que se quitan la vida como despedida. —Le explico

—Ah, sí señor. Yo la recogí y la oculté, señor, no quería manchar la reputación de mi señor. La llevo conmigo, pensé que le interesaría.

—Estas en lo cierto, me interesa. ¿Dónde está?

—Aquí esta, señor. Tome el papel que me ofrecía rápidamente.

— ¿La leíste? —Le pregunte y asintió avergonzado. Comencé a leer la nota.

Mi pequeña.

Me despido de usted convencido, que esta es la mejor manera posible. Estoy enormemente cansado, decepcionado y triste. Ya no soporto la vergüenza de ponerla en ridículo ante la sociedad, de decepcionarla con mi cobardía. Le ruego que, con mi ausencia, no se sienta usted culpable de nada, simplemente, no estoy hecho para vivir más tiempo. La carta que me envío ha sido tremendamente reveladora, me doy cuenta que he sido un egoísta, por eso prefiero morir de una vez. Le ruego no me guarde rencor por mis acciones y me recuerde con cariño. Me despido, cumpliendo con el deber proporcionarle la libertad que necesita; porque la quiero. Nunca olvides los momentos que pasamos juntos.



D. Orza

Editado: 16.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar