El secreto de Duncan

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Capítulo 1.

La música sonaba tan fuerte que creaba una vibración que podía sentir por todas las paredes y el piso a medida que recorría la casa en busca de mi amiga y compañera de piso que dicho sea de paso era la única razón por la que estaba en esta aburrida fiesta en primer lugar, aunque si debía juzgar por las personas que se encontraban bailando y riendo en la más que abarrotada sala mientras bebían alcohol, yo era la única que parecía no estar pasando un buen momento. Murmurando obscenidades termine de recorrer la sala sin encontrar rastro alguno de la inconfundible cabellera negra de Ava.

Rodeando un sofá donde se estaba llevando a cabo una escena de besuqueo bastante intensa alcance las escaleras y las subí rápidamente hasta llegar al piso superior donde comencé a abrir las puertas suavemente mientras rogaba no encontrar a Ava dentro de uno de esos cuartos haciendo quien sabe que locura. Después de recorrer todo el piso y encontrarme con diversas personas haciendo cosas que de verdad preferiría borrar de mi memoria para siempre: como a aquella chica que seguramente es gimnasta pues la posición en la que estaba no es nada natural, decidí darle un último recorrido al patio antes de rendirme e irme sin siquiera despedirme.

Al salir al patio fui recibida por el humo y el olor característico de los cigarros, lo que causo que comenzara a toser ligeramente por lo que me apresure a mirar alrededor con la esperanza de encontrar a Ava rápidamente. Finalmente la divise a un lado de la piscina, bailando en una especie de sándwich lujurioso con dos chicos que claramente estaban más allá de borrachos. Soltando un suspiro de alivio, prácticamente corrí hacia ella y tomándola del brazo comencé a apartarla de los chicos ebrios que comenzaron a protestar hasta que ella les susurro algo y se alejó contoneando sus caderas. Acercándome a ella le susurre-grite para oírme por encima de la música:

—Ya me voy.

—No seas aguafiestas Kirstyn, la fiesta esta increíble porfi quédate un ratito más —respondió haciendo un puchero.

—Estoy muy cansada, además recuerda que mañana comenzamos de nuevo clases.

—Por esa misma razón deberías quedarte, es la última fiesta a la que vamos a poder asistir antes de que nos absorba por completo la universidad.

—Eso no te lo crees ni tú, siempre consigues tiempo para ir a fiestas y aun así sacar notas altas —digo sacudiendo la cabeza con una sonrisa.

—Es que soy increíblemente talentosa —responde batiendo su cabello haciendo una pose de diva—, deberías quedarte ¿quieres que te presente un chico? Porque puedo buscarte uno bueno ya mismo si eso es lo que hace falta para que te quedes.

—No es necesario, además no creo que aquí haya alguno que sea mi tipo —digo dándole un abrazo—. Diviértete y no te vayas muy tarde.

—Como digas pequeña aburrida voy a regresar con los chicos, están peleando por ver quién me invita a salir, como si fuera a escoger a alguno de los dos ¡Que ilusos! —responde acercándose de nuevo a los chicos con los que estaba bailando, que la reciben gustosos.

Alejándome cada vez más de Ava y la música, comienzo a salir del patio y posteriormente de la casa mientras me sumo en mis pensamientos. A medida que voy caminando noto que las calles están cada vez más oscuras y con un mal presentimiento comienzo a camina cada vez más rápido tratando de llegar lo más pronto posible al departamento. Al pasar por un callejón particularmente oscuro, escucho unos quejidos seguidos de gruñidos y ruidos sordos, y a pesar de que todo mi entrenamiento en películas de terror me dice que es una muy mala idea acercarme, no puedo evitar que la parte curiosa de mi quiera saber que está pasando así que en contra de mi mejor juico me acerco al lugar de donde proceden los ruidos y lo que encuentro me deja petrificada.

Recostado contra la pared del callejón se encuentra un chico muy pálido y a punto de desmayarse siendo sostenido por una figura encapuchada vestida completamente de negro que parece empujar algo en su cuerpo con mucho ímpetu mientras susurra furiosamente, acercándome sigilosamente, me oculto detrás de un bote de basura desde donde puedo distinguir mejor la escena frente a mí y al darme cuenta de que lo que el encapuchado empuja en el cuerpo del chico es un cuchillo bastante ensangrentado la bilis no tarda en subir por mi garganta.

La persona encapuchada continua acuchillando al chico cada vez con más fuerza, causando que la sangre salga a borbotones del cuerpo casi sin vida. Sin poder aguantar un segundo más lo que ocurre delante de mí, comienzo a retroceder lo más lentamente que puedo con la mala suerte de que resbalo con un charco de agua que se encuentra a mi espalda, derribando otro bote de basura y causando un estrepito que delata mi presencia y hace que las figuras que se encuentran frente a mi volteen a verme haciendo que la capucha del presunto asesino se resbale revelando el rostro de un hombre que incluso con la poca luz puedo ver que francamente pertenece más a la de un modelo que a la de un criminal, éste posee los ojos cafés y el cabello castaño un poco largo, además de una ligera barba que en conjunto hace se vea arrebatador.

Los ojos del modelo-asesino me miran al principio con incredulidad antes de que su boca haga una mueca y comience a mirarme de una manera tan siniestra que hace que todos los vellos de mi cuerpo se ericen. Vuelve a mirar al chico ensangrentado, y luego de asegurarse que está muerto se aparta de él lo que causa que el cuerpo ahora sin vida del chico se arrastre por la pared y caiga al suelo con un ruido sordo, luego voltea a verme nuevamente con una sonrisa maliciosa mientras se acerca elevando el cuchillo.



Liz Tovar

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En el texto hay: misterio, asesinato

Editado: 11.07.2018

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